Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Hoy comienza la Semana Santa

Entrada triunfal, pasión y muerte

Estamos acompañando a Jesús en su entrada a Jerusalén. Primero lo vemos aclamado por el pueblo como el Mesías enviado por Dios...

Por: EL INFORMADOR

Domingo 5 de Abril 2009
Domingo de Ramos, ciclo B

La Palabra del Domingo

     Hoy comienza la Semana Santa. Estamos acompañando a Jesús en su entrada a Jerusalén. Primero lo vemos aclamado por el pueblo como el Mesías enviado por Dios. Jesús va montado en un burrito y las multitudes agitan ramos de palmas y acompañan con cantos de alabanza y gritos de alegría: “¡Hossana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
     Así fue. El Señor entra triunfante a Jerusalén, pero poco después será clavado en la cruz. Es el misterio profundo de la libertad humana. La entrada triunfal fue pasajera. Muchos transformaron las alabanzas en gritos enfurecidos condenando a Jesús y exigiendo a Pilato: “¡Crucifícalo!”.
     Cristo entregó su vida por amor a nosotros. Cristo en la cruz es como un “pan partido” para ser compartido por todos. Su sangre fue derramada para remisión de nuestros pecados, para comprarnos la vida eterna. Por eso el juicio de la cruz no es un juicio para condenarnos, sino una luz para que el hombre rectifique sus actitudes y se convierta y viva. “Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar, sino para salvar”.
     Las últimas palabras de Jesucristo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, expresan que la pasión y muerte para Jesús no fueron un sacrificio fácil, sino una misión en extremo dolorosa y mortal. Jesús, en medio de sus angustias y desamparos, permanece fiel en todo momento a la misión salvífica encomendada por el Padre. Cristo, colgado del madero, es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, y le devuelve al hombre la filiación, la comunión con Dios.
     El relato de la pasión y muerte de Jesús deberíamos meditarlo en silencio, para poder columbrar y aceptar nuestra deuda de amor y las exigencias de la Cruz. En todos nosotros hay un hombre oculto, violento, egoísta, que pretende vivir solamente para sí. De estas ambiciones brotan todos los desastres que rompen la fraternidad humana.
     Debemos amar a nuestro prójimo como Cristo nos amó. Enfrentar con valor y con alegría nuestras penas, y ayudar a resolver el sufrimiento de tantos inocentes que tienen hambre, que son perseguidos, marginados, víctimas de la ambición y la injusticia. Nuestra gratitud y nuestro amor hacia la pasión del Señor, deben volverse también hacia nuestros hermanos que, con sus penas, comparten la pasión de Cristo.
     Amiga, amigo: Las celebraciones de Semana Santa no serán solamente recuerdos sentimentales de una historia antigua, sino motivos actuales de reflexión y acción. La fidelidad al Evangelio nos dará fuerza ante situaciones difíciles y dolorosas, y nos llenará de alegría al experimentar que Dios Padre nos ama sin límite y quiere que, bajo el impulso del Espíritu Santo, participemos con Cristo en el plan misericordioso de salvación. La vida es breve, la tarea es corta, la recompensa es eterna.    

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