Suplementos | Una parábola que trata de un comerciante que anda buscando perlas finas Encontrando la perla Una parábola que trata de un comerciante que anda buscando perlas finas Por: EL INFORMADOR 7 de agosto de 2011 - 10:32 hs Dice N.S. Jesucristo que “el Reino de Dios es también como un comerciante que anda buscando perlas finas; cuando encuentra una de mucho valor, va y vende todo lo que tiene, y compra esa perla.” (Mt. 13, 45-46) Muchas personas han de verse representadas en la figura del comerciante cuando buscan la verdad en las --muchas veces-- equivocadas fuentes de alguna literatura de autoayuda y/o autosuperación. El simple hecho de la búsqueda podría interpretarse, en muchos casos, como que la persona reconoce sus limitaciones y necesidades junto con la necesidad de superar unas y satisfacer las otras. Vuelvo a insistir: no se trata de minimizar el mensaje de tal literatura; si a una persona determinada le beneficia, qué mejor. De lo que se trata es de comprender que, al final, todo vuelve a su principio, todos invocan a Dios, y que tampoco se trata de que la vida se convierta en un ejercicio continuo de razonamiento y autoexámen; la vida es para vivirla con la mirada fija en la meta que todos ser racional se ha trazado, ya sea consciente o inconscientemente: ser feliz. Pero, ¿cómo vislumbrar siquiera esa meta cuando que hoy se tiembla ante fuerzas oscuras que dominan el mercado de valores, o ante los espantosos actos de sicarios, secuestradores y ladrones? ¿cómo avanzar con un compromiso evagélico en una sociedad dominada por criterios humanos, en los que la apariencia, el consumismo, la superficialidad y el relativismo actúan como la cizaña que ahoga el fruto bueno? Pues ante las mafias de todo signo que parecen obrar con impunidad y crecer como pulpos infernales, el Evangelio de Cristo sigue siendo el anuncio de la victoria de Dios sobre todo aquello que se opone a su designio que es el bien y la vida abundante para el hombre. Vivir el Evangelio es negarse a permitir que los temores que sobrecogen a los hombres de hoy nos impidan ser felices y también nos intimiden a nosotros. N.S. Jesucristo, san Pablo, san Pedro y tantos otros santos y mártires nos han enseñado que esta manera de vivir el Evangelio no es la arrogancia insultante frente al verdugo, ni la búsqueda casi masoquista del sufrimiento. En nuestro tiempo implica la desmitificación de las utopías y poderes terrenos, y el entendimiento de estas fuerzas dentro de su limitada dimensión humana, aún en su exageración demoniaca.Y también implica el propósito de seguir haciendo aquello que entendemos que es el bien, aunque nos atraiga la persecución o la amenaza: “Dichosos ustedes cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras” (Mt 5, 11). Porque aunque así fuese, en eso consiste el martirio moderno, por el que poseemos ya, aquí y ahora, el Reino de Dios (Mt 5, 10). En la parábola que relata Mateo, la perla representa a Cristo mismo. Es Cristo y Su mensaje (el evangelio) aquello de tan grande valor, que el afortunado que lo encuentra deje todo por poseerlo. Sin embargo, también es cierto que no todo el mundo tiene la dicha de encontrarse con un tesoro o una perla preciosa. Es muy posible que algunos con el tesoro frente a sus ojos no puedan apreciar su valor y otros aún con la perla preciosa en sus manos no puedan apreciar su belleza. Fueron muchos los que estuvieron cara a cara con Cristo y le rechazaron y hoy, también muchos hacen lo mismo. Pero para quienes buscamos la perla más preciosa, el encuentro personal con Cristo lo tenemos en el Evangelio, lugar en el que, guiados por el espíritu desde la fe, comprendemos que Jesús nos revela que Él es el “camino” que orienta nuestro comportamiento, que es la “verdad” que ilumina nuestra concepción y nuestra visión de las cosas, y que es la “vida” porque ha venido para que tengamos vida en abundancia (Cfr. Jn 14, 6: Jn 10, 10). La vida plena y feliz se logra al comprender que el Evangelio irradia su inefable luz sobre situaciones concretas de la vida, y los resultados han de motivar un mayor conocimiento y vivencia del Evangelio. La Palabra de Dios, como Cristo ha de encarnarse en nuestra vida para que, a su vez, la vida, con sus valores y contravalores, nos lleve al compromiso evangélico, a la felicidad verdadera y a la vida eterna. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones