Viernes, 10 de Octubre 2025
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El verdadero amor cristiano es humilde servicio

En el evangelio según San Mateo, el Señor Jesús desenmascara a los fariseos

Por: EL INFORMADOR

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Las tres lecturas de la Santa Misa de este trigésimo primer domingo ordinario del año, enjuician a quienes tomen de la religión actitudes huecas con apariencia de hipocresía.

En el evangelio según San Mateo, el Señor Jesús desenmascara a los fariseos. Eran ellos los coetáneos del Señor Jesús, descendientes de los judíos que volvieron del cautiverio de Babilonia.

El nombre fariseo significa separado, distinguido. Habían por fin logrado el control del judaísmo oficial, con la Tora o la ley, y la ocupación del templo de Jerusalén.

Mas en el fondo su vida no era sana: eran moralistas rigurosos de la vida de los demás, pero inclinados a impresionar con apariencia de virtuosos, y deseosos de recibir alabanzas y reconocimientos; aplicaban un legalismo rigorista, religioso y sociopolítico; exigían autonomía absoluta, con la presunción habitual.

“Pero no imiten sus obras”

Al denunciar el Maestro esa actitud falsa, engañadora, enseñó a los que entonces lo escucharon y dejó esa advertencia --arriba mencionada-- para todos los cristianos de todos los siglos, a no caer en un cristianismo farisaico.

Porque el deseo de ser reconocido, el anhelo de lisonjas y alabanzas, llega a todos los mortales desde que entran en uso de razón. Por eso se vive en el mundo halagados por la mentira, la vanagloria y la apariencia.    

Así por delante de los siete pecados capitales, viene o procede de la palabra latina caput, o sea cabeza, porque son cabeza de las grandes desgracias de la humanidad.

Por codicia, los hombres matan, roban, engañan, envenenan con drogas. Pero son aún mayores los estragos causados en el individuo, en la familia y en la sociedad, cuando la soberbia sopla en la mente del ser humano y lo impulsa a querer ser lo que no es.

La soberbia es una mentira: el hombre se mira y se contempla en un espejo convexo, y ve su imagen irreal, agrandada, gigantesca.

Es el soberbio la estatua con cabeza de bronce, pero con pies de barro.

Cristo humilde predica la humildad

El Verbo de Dios, infinito, no cabe en la obra hechura de sus manos; omnipotente, con el solo impulso de su voluntad ha creado el mundo visible e invisible; eterno, vive desde siempre y para siempre. Mas el Verbo de Dios tomó la naturaleza humana y se empequeñeció, se anonadó en el seno de María su madre; pequeño, prefirió nacer entre animales y ser recostado entre pajas.

Montado en un borrico entró a su ciudad, Jerusalén, porque como Mesías debería ser reconocido, mas no por los poderes de la tierra, sino por los niños los pequeños, los sencillos.

Y consumó su paso por el tiempo, desnudo, clavado entre dos maderos --instrumento horroroso, signo de muerte cruel-- y entre dos ladrones.

Para ser santo, dos virtudes: la caridad y la humildad

En veinte siglos de cristianismo, una multitud que nadie podrá contar, como se lee en el libro del Apocalipsis, ha llegado de la vida terrena a la bienaventuranza eterna.

Mas la Iglesia les da culto de veneración y llama santos a los que se han distinguido por una vida de auténtico seguimiento e imitación de Cristo.

Cada quien en su ambiente, sus características personales, sus circunstancias, o pruebas, aceptados por amor a Dios y al próximo.

Como el cristianismo es amor, no habrá formas en que no haya vivido el amor en todos los instantes de su paso por la vida.

Mas junto al amor --éste es la luz, como la del sol que a todo le da vida--, el verdadero cristiano vivirá la verdad de su propia condición; se reconocerá, como es la realidad, hechura de la mano de Dios, menesteroso para esperar todo de la bondad divina y de la misericordia, del perdón y de las continuas gracias recibidas.”No yo, sino la gracia de Dios conmigo”, exclamó San Pablo.

Muchos temen ser humildes

El temor proviene de la ignorancia, porque confunde humildad con humillación.

Humildad viene del latín “humus”, tierra, y “consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento”; o también se conoce así: “virtud moral por la que el hombre reconoce que de sí mismo sólo tiene la nada y el pecado. Todo es don de Dios, de quien todos dependemos”.

Pero en bien de la brevedad, la definición de humildad en labios de Santa Teresa de Avila es esta: “La humildad es la verdad”.

Ser humilde es despojarse de todo lo falso, de los plumajes y los abalorios, que son meros adornos.

Humillación es un acto para “abajar” a alguien, y ordinariamente es un pecado ofender al prójimo. Muy santo es quien por ser humilde, cuando además de recibir la humillación, la considera una gracia para crecer en humildad.

Quien ha aprendido el camino de la humildad --con sus tres grados, como enseña San Ignacio de Loyola--, ha logrado una gran libertad interior, porque al que se despoja de todo Dios lo colme de dones.

La Palabra de Dios de este domingo es un llamado a la autenticidad, a la sinceridad, a la verdad.

José R. Ramírez Mercado

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