Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Hoy, 4 de Octubre celebramos la memoria de San Francisco de Asís

El santo que no muere

Cuenta la historia que el 3 de Octubre comenzó lo que se conoce como el Tránsito del santo; esto es, su paso de la vida terrena a la vida eterna

Por: EL INFORMADOR

 Segunda parte


     Hoy, 4 de Octubre celebramos la memoria de San Francisco de Asís. Cuenta la historia que el 3 de Octubre comenzó lo que se conoce como el Tránsito del santo; esto es, su paso de la vida terrena a la vida eterna. San Francisco no muere, sólo transita de una vida a otra. La vida heroica del Pobrecillo de Asís ha creado un paradigma para innumerables generaciones de hombres y mujeres cuyo propósito ha sido y sigue siendo acercarse a Dios y vivir en plenitud. Su ejemplo consiste en una notabilísima vida de fe, reflejo perfecto de la forma en que Santiago lo expresa: “¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran?...  Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.” (Stg 2, 14-17)
     Tener fe es aceptar la palabra de otro confiando en que es honesto y que, por tanto, su palabra es veraz. La razón por la que se confía –se tiene fe– es la autoridad (el derecho a ser creído) de aquel a quien se cree. Se trata de fe humana cuando se cree a un ser humano, y de fe divina cuando es Dios a quien se cree. Esta última nos capacita para reconocer que es Dios quien habla y enseña a través de la Escritura y del magisterio de la Iglesia. Quien la posee sabe que por encima de toda duda y preocupaciones de este mundo, las enseñanzas que involucran fe son las enseñanza de Dios y, por consiguiente, son ciertas y buenas.
     De la fe divina el Papa Benedicto XVI ha dicho: “Esta virtud (la fe) implica que yo renuncie a la arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar por mí mismo, sin confiarme a otros. Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual, es necesario.” Su idea de fe se conforma a la que se encuentra en boca de N. S. Jesucristo: “Porque la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en Él, tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día último.” (Jn, 6, 40). Por otro lado, Juan Pablo II se refirió a la fe como “adhesión a Dios en el claroscuro del misterio; sin embargo, es también búsqueda con el deseo de conocer más y mejor la verdad revelada”.
     Conocer la verdad revelada tiene como consecuencia entender mejor, que fe sin obras de nada sirve; se ha dicho que el camino del infierno esta empedrado con buenas intenciones, mientras que el del cielo lo está con buenas obras. Esto se deriva de lo que dice también Jesús cuando expresa que “no todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de Dios, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial” (Mt, 7, 21), de modo que cada uno será conocido y reconocido por sus obras (Cfr. Mt 7, 20). Como lo afirma san Pablo, “no quedan libres de culpa los que solamente oyen la ley, sino los que la obedecen” (Rom 2, 13), y “Dios se manifestará para dictar su justa sentencia y pagar a cada uno conforme a lo que haya hecho”. (Rom 2, 5-6). La parábola de los talentos (Mt 25, 14-30) es más que elocuente sobre esta realidad.
     El legado de San Francisco de Asís, es una vivencia de fe. Por él sabemos que es posible dar el “sí” definitivo a Dios y pronunciarnos como lo dice el salmo: “Enséñame a hacer Tu voluntad” (Sal 143 (142) 10). Francisco siempre quiso vivir su vida de acuerdo con la voluntad de Dios, lo que se confirma en su testamento donde dice que el Señor mismo le reveló que había de “vivir según la forma del santo Evangelio”, sin glosa y sin quitarle ni ponerle. Su ejemplar vida de oración y alabanza al Padre invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas y nuestra relación con Dios; Francisco siempre predicó con el ejemplo, y exigía a sus hermanos de Religión que trabajaran “en algún oficio compatible con la decencia”, pues él trabajaba con sus manos para ganar su sustento. Una de sus biografías, la Leyenda de Perusa, consigna una frase por él pronunciada conmovedoramente arrebatadora: “Tanto sabe el hombre cuanto obra”. ¿Qué tan sabios somos? Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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