Suplementos | La presidenta del Frente Nacional es la política ultraderechista más popular de Europa El rosto de la ultraderecha Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional, es la política ultraderechista más popular de Europa Por: EL INFORMADOR 30 de marzo de 2014 - 03:57 hs Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional. / GUADALAJARA, JALISCO (30/MAR/2014).- No se califica de euroescéptica, sino de “euro-realista”. No le acomoda el calificativo de xenófoba, prefiere el de “patriota francesa”. Tampoco se dice enemiga de los inmigrantes, simplemente es “una defensora de los derechos de los franceses” que no encuentran trabajo. Menos el de ultraderechista, “porque la ultraderecha es la derecha de la derecha, es decir más mercado y globalización, y yo no creo en eso” dijo hace unos días en una entrevista. Marine Le Pen se ha convertido en el rostro más visible no sólo de la ultraderecha francesa, aglutinada en torno al partido que fundó su padre Jean Marie el Frente Nacional (FN), sino también una de las voces más representativas de la corriente de políticos nacionalistas de derechas que sueñan con reventar el proyecto de integración europea que nació después de la Segunda Guerra Mundial. Marine no es particularmente carismática. Su rostro serio e inexpresivo no embona con sus incendiarias y políticamente incorrectas palabras. Reta y no duda en atreverse a llevar las entrevistas al límite. Sus discursos van hilando una serie de frases que buscan prender el orgullo y el nacionalismo de los franceses blancos, de abajo, de provincia y que repugnan al establishment liberal parisino. “¿Usted acogería un inmigrante en su casa?” le revira a Ana Pastor, una periodista española, ante la pregunta de si está en contra de los inmigrantes. Marine es hábil para poner en discusión lo que quiere debatir y para culpar de todos los problemas de Francia a los inmigrantes, a la Unión Europea y a la élite política que no responde a los intereses del francés común. Así, Marine Le Pen embona sin problemas en el estereotipo más perfecto del populista de derecha. Una mujer que entiende el mundo desde una óptica binaria y ella como defensora del francés trabajador que no tiene trabajo por las políticas de inmigración que favorecen a marroquíes, senegaleses o argelinos antes que a los galos. Las soluciones son simples y los políticos no las quieren tomar porque se hincan ante Angela Merkel o porque están controlados por empresas trasnacionales que atentan contra los intereses de Francia. El típico discurso nacionalista de derecha. Marine es de una pequeña ciudad de poco más de 60 mil habitantes llamada Neuilly-sur-Seine, donde paradójicamente gobernó Nicolás Sarkozy durante dos décadas ininterrumpidas. Marine creció en círculos nacionalistas y desde sus estudios se vinculó con asociaciones cercanas al Frente Nacional. Ha estado casada en dos ocasiones y actualmente tiene una relación con el vicepresidente del FN, el nacionalista Louis Aliot. A sus 45 años de edad, Marine acompañó durante un par de décadas a su padre como el dúo de la ultraderecha francesa. Su padre, Jean Marie, murió hace poco más de dos años y ha sido el único candidato de la ultraderecha que logró colarse a la segunda vuelta presidencial frente a Jacques Chirac en 2002. En aquella ocasión, Jean Marie logró 16.86% de los votos, lo cual le valió enfrentar al centro-derechista Chirac en una elección donde los Socialistas Franceses no pudieron ni llegar a la segunda vuelta. El resultado histórico para el FN en 2002, fue superado en la elección presidencial de 2012, cuando Marine obtuvo 17.9% de los votos totales, quedando en tercer lugar detrás de Nicolás Sarkozy, que buscaba reelegirse un periodo más al frente del Eliseo, y de François Hollande que se convirtió en el primer presidente socialista después de los dos periodos de Mitterrand. La confirmación del ascenso de Marine Los buenos resultados electorales de la ultraderecha en las elecciones presidenciales fueron sólo el presagio de que el partido de Marine Le Pen seguiría en competencia en los siguientes años. Menos de dos años después de aquella cita electoral, las elecciones municipales del domingo pasado significaron un golpe para la administración de Hollande. A espera de la segunda vuelta, pero el FN adelanta en ciudades tan importantes como Avignon o Perpignan. Y el partido de Le Pen ha logrado alcanzar los 23 puntos en Marsella. Y aunque el FN es un fenómeno político atado más a las regiones y a las comunidades rurales que a las grandes ciudades, el ideario de Marine y Jean Marie comienza a permear en ciudades importantes, en la clase media e incluso entre votantes de la izquierda. El pensamiento de Marine Le Pen y el programa del FN no son muy complejos. Son cinco los temas en que fincan su proyecto político: cerrar las fronteras a la migración, sacar a Francia del Euro, derogar los avances en materia de matrimonios homosexuales, tener una política exterior más agresiva y moderar la política fiscal. Es un matrimonio entre nacionalismo y conservadurismo, un discurso binario que ve en lo externo, en la globalización y en la integración, males que destruyen el “alma francesa”. Nada distinto a los líderes de ultraderecha que han avanzado electoralmente desde mediados de la década pasada. Ahí tenemos a la cabeza de la Liga del Norte en Italia, Umberto Bossi; al xenófobo y extremista, Geert Wilders en Holanda; o el partido Amanecer Dorado, una organización política pro-Nazi en Grecia que agrede a inmigrantes en la calle y que propone medidas radicales contra ellos. “Los Tea Party de Europa” los calificó el semanario inglés The Economist hace unas semanas. Europa vive una peligrosa etapa de ascenso del nacionalismo de derecha. Las razones son muchas. El proyecto de integración europeo sigue sin mover a los ciudadanos europeos, que ven a Bruselas más como una instancia burocrática que derrocha millones en sueldos y privilegios, que como una “caja de resonancia” de sus necesidades. La Europa de los ciudadanos se ha disuelto como proyecto y la falta de legitimidad democrática agobia a Bruselas. Ya no existe el consenso de antes sobre la necesidad de la Unión Europea, la aceptación de las instituciones continentales está en su mínimo histórico. En el mismo tenor, la crisis económica, viva desde 2009, se ha sentido con especial fiereza en el empleo y la remuneración de los europeos. La política de austeridad ha recortado los servicios públicos de los más necesitados y las tasas de desempleo superan 10% a nivel europeo, y en algunos países como España supera la línea de los 20 puntos. Más que una crisis económica, Europa vive una crisis política que ha borrado el consenso bipartidista socialdemócratas-democratacristianos que se mantuvo después de la Segunda Guerra Mundial. En Francia, el Frente Nacional y el Partido Comunista han ganado espacios nada despreciables. En Inglaterra, el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) se coloca entre los tres más votados y amenaza con ser segundo en las europeas de mayo. En España, los partidos Izquierda Unida y UPyD, han roto la aparente hegemonía incontestable de Socialistas y Populares (y los partidos nacionalistas en Euskadi y Catalunya gozan de popularidad histórica). Y así, si revisamos todos los países europeos, los partidos tradicionales pierden votos a raudales y las opciones anti-europeas y anti-liberales ganan terreno día a día. No es exagerado decir que el crecimiento de la ultraderecha es una de las principales amenazas políticas en el horizonte europeo. ¿Qué pasa en Francia? En este contexto, Marine Le Pen nada como “pez en el agua”. “El tiempo nos está dando la razón” dijo la líder nacionalista hace unas semanas a un diario parisino. Sin embargo, en Francia también hay factores específicos que explican el ascenso vertiginoso de Le Pen. En primer lugar, la popularidad tan raquítica del presidente Hollande. Sus medidas han sido muy criticadas y su aceptación apenas rasguña el 20% (el más bajo de la historia). El crecimiento económico en Francia es muy lento y sus medidas fiscales no han logrado estabilizar el empleo. Al mismo tiempo, en un panorama de debilidad económica e impopularidad creciente, Hollande decidió meterse en temas tan polémicos como el de los matrimonios homosexuales que dividió de un plumazo a la sociedad francesa. Y si le metemos el “affaire” del presidente y sus escándalos personales, Marine ha sido muy hábil para explotar las falencias gubernamentales y la impopularidad del proyecto de Hollande. Marine Le Pen ha logrado despertar a toda esa franja de euroescépticos y nacionalistas que siempre ha estado viva en Francia. Recordemos el rechazo a la Constitución Europea en 2005. Basada en una narrativa donde todos los males surgen de una clase política codiciosa y corrupta que favorece a los intereses de los extranjeros, Le Pen ha logrado posicionar su discurso en el imaginario de amplios segmentos en Francia. Sus soluciones son casi mágicas: desaparezcamos el euro y cerremos las fronteras, y problema arreglado. Las previsiones son que Marine logre colarse en primera o segunda posición en las elecciones europeas, lo que significaría un verdadero golpe a socialistas y a populares. El desempleo es su gasolina, la crisis su oxígeno y la inmigración su sostén. Mientras la economía no levante, y el horizonte de recuperación sea inalcanzable, el rostro duro y firme de la ultraderecha francesa seguirá presente con un discurso atractivo y soluciones que avientan a Europa a los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. FRASE "La ultraderecha es la derecha de la derecha, es decir más mercado y globalización, y yo no creo en eso”. Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional Temas Francia Tapatío Política internacional Lee También Los verdaderos enemigos de Sheinbaum Historia de otro divorcio Futbol hoy 9 de octubre de 2025: ¿Dónde ver los partidos en vivo? 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