Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | 'Es más fácil para un santo ver demonios que ángeles'

El papel de la religión en el mundo actual

La verdadera experiencia religiosa es la que somos capaces de vivir y compartir en nuestras relaciones y situaciones cotidianas

Por: EL INFORMADOR

Tercera parte
 
     Hemos llegado a uno de los puntos fundamentales de la religiosidad en su máxima expresión: la experiencia religiosa del Todopoderoso. Es de hacerse notar que esta experiencia supera el ámbito de lo racional, pero sin llegar a negarlo. La experiencia religiosa se parece a lo siguiente. Por más que nos explicaran cómo es el aroma de un determinado perfume, nos sería imposible vivirlo y sentirlo. No es sino hasta que destapamos un frasco de ese perfume y experimentamos el aroma, que comprendemos todas las explicaciones. Así, la experiencia religiosa no puede comprenderse sino hasta que se vive en carne propia.

     Y aquí es todavía más importante señalar que visiones privadas como la de la vecina que ve que la Virgen María se le aparece en el horno de su cocina, o señales como la de que la imagen de la Virgen se plasmó bajo un puente de la carretera a Chapala, no forman parte de lo que se entiende como una verdadera experiencia religiosa. Es más fácil para un santo ver demonios que ángeles, pues una persona en estado de gracia es lo que busca el diablo para apartarla del Señor. Alguien que ya se ha decidido por Satanás ya está con él, y no es necesario ponerlo a prueba con visiones tentadoras.

      La verdadera experiencia religiosa sólo puede darse a través de la vivencia del amor. Sólo quien ama despojado de egoísmos, puede sentir la inefable experiencia que lo marcará de por vida y lo llevará a la verdadera conversión. Un experiencia religiosa es lo que Maslow, padre de la psicología humanista, ha denominado una experiencia cumbre; una vivencia que no se puede olvidar y que conlleva un cambio radical de conducta y de forma de pensar. El hombre o la mujer de fe, a partir de la experiencia religiosa, se convierte en una persona sabia, alguien que ha visto y sentido el poder del Padre.

     Lo anterior significa que una cosa es tener una experiencia religiosa, y otra es vivir la vida cotidiana de acuerdo con lo obtenido de esa experiencia. La mejor forma de la experiencia religiosa es aquella que se manifiesta en la vida diaria de la persona, ya que de poco vale alcanzar una visión superior, si después no se sabe cómo vivir de acuerdo con ella. Esa es la diferencia entre la verdadera experiencia, silenciosa y sin alardes, y la que busca la admiración y el asombro de terceros.

     La verdadera experiencia religiosa en nuestro estado laico no es aquella que podemos encontrar en la cima de una montaña o en la soledad y el silencio de un retiro, sino la que somos capaces de vivir y compartir en nuestras relaciones y situaciones cotidianas. Aquí, la persona sabia vuelve a ser un humano común al integrar las visiones superiores con la cotidianeidad.

     Finalmente podemos contestar la pregunta fundamental: ¿cuál es el papel de la religión en el siglo XXI? Dado que el sentimiento religioso es inherente al ser humano, en el siglo XXI no podemos dar la espalda a esta necesidad en nombre de una supuesta modernidad, postmodernidad o cualquier clase de relativismo racionalista.

     La búsqueda de trascendencia será satisfecha con una vida interior, una espiritualidad enmarcada en la fe llevada a la vida diaria y manifestada en las cosas simples. Consiste, simplemente, en lograr, a través de una evolución intelectual y emocional, la práctica de lo que se ha denominado religiosidad vertical; es decir, la puesta en práctica de los valores fundamentales preconizados por N. S. Jesucristo en Su palabra. Asimismo, debe recordarse que la vida cristiana auténtica no tiene qué ver con enfrentamientos políticos, conflictos sociales o luchas interreligiosas (Cfr. Mt 6, 24). Se fundamenta solamente en la vivencia del amor a sí mismo y al prójimo.

     Así pues, ¿es tan difícil amar?, ¿es tan arduo el camino de la lucha por ser cada vez mejor?, ¿es tan vergonzoso ser feliz y estar en paz con uno mismo y con los demás? La vida plena obtenida por medio de la religión y la espiritualidad es tan simple como seguir la regla de oro de N. S. Jesucristo: “hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes” (Mt 7, 12). O como decimos comunmente, no hagas a otros lo que no quieras que te hagan. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.


Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx

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