Suplementos | Por: Vanesa Robles El oficio más caliente del mundo Los perros les muestran los colmillos, los niños les temen o los acosan, los vagos los hacen tropezar, las bellas les sacan la vuelta. Ser botarguero no es fácil Por: EL INFORMADOR 12 de enero de 2013 - 21:45 hs El oficio de ser botarguero. / GUADALAJARA, JALISCO (13/ENE/2013).- Los perros les muestran los colmillos, los niños les temen o los acosan, los vagos los hacen tropezar, las bellas les sacan la vuelta. Pero ellos no desisten. Ya se los ve animando una fiesta infantil, ya aguantan la rechifla a la mitad de la cancha durante el medio tiempo, ya se las encuentra uno bailando afuera de la farmacia, bajo el sol de mayo. Son dueños de un oficio reciente y creciente. Botargueros se llama a los que pasan la jornada laboral adentro de una botarga. El del botarguero es un oficio masculino, caliente, silencioso, exhaustivo, temporal y anónimo sobre todas las cosas. Los débiles y los viejos no pueden ser botargueros porque, para empezar, nadie los invita. “Las mujeres tampoco aguantan”, dice César V, con tono de doctor en el tema y una experiencia de dos años dentro de varios disfraces. A sus 18 de vida, César V, la ha hecho de Doki, el perro, del duende verde de la compañía de teléfonos celulares y del reno que la compañía que compite contra el duende. Lo de la competencia entre reno y duende es lo de menos para César. Es cierto que prefiere al duende, pero nomás porque tiene un sistema de aire acondicionado en un oficio donde el calor es un tema importante. Pero podría afirmarse que la ética de un botarguero no tiene relación con las marcas. ¿Cuáles son las reglas de oro del oficio, entonces? “Lo primero es quitarse la vergüenza, eso me costó un rato, hasta que me di cuenta de que de todos modos nadie iba a saber que yo estaba adentro. No hay que pasarse de lanza con las morras. Uno se puede divertir con la gente, pero nunca abusar. Hay que saber mover la botarga. Hay que aguantar vara y calor”, añade César V, pequeño, moreno, perforado de ida y vuelta de la nariz a las orejas. Acá el aspecto no importa. Lo que importa es el empeño. “Farmacias S te invita a formar parte de su equipo de trabajo como botarguero. Sexo: masculino, de 18 a 30 años; secundaria concluida; con experiencia; proactivo, dinámico, gusto por el baile, por el trato con los clientes, la animación…”, solicita un aviso de ocasión. “Conocimientos generales: bailar animoso”, dice otro. “Que la mueva bien”, simplifica un tercer anuncio. Pero esta noche José Luis R ni baila animoso ni la mueve bien después de ocho horas de trabajo. “Es porque es nuevo”, dice César V, –otra vez está usando su tono de doctor--, quien acaba de salir, tal cual, de su chamba, como si acabara de llegar de vacaciones. Con aspecto de un reno que debe medir medio metro más que él, José Luis R, en cambio, le pregunta cada cinco minutos a su jefa qué hora es, y conmueve porque cada vez que pregunta se parece más a un niño pequeño que espera la salida al recreo. Igual que su sentido de la vista, la voz apagada de José Luis sale desde el cuello del reno. Su botarga pesa doce kilogramos, explica Olga, la jefa, capataza, confidente y consuelo. Cada que José Luis R pregunta cuándo falta para que se termine el suplicio, Olga le contesta, comprensiva que faltan 30 minutos, que faltan 25 minutos, que faltan 20, que ya nada más quince. Y solidario, César V le detiene a su colega la cabeza —“ahí está casi todo el peso”, dice—, y le manda palabras de consuelo por el cuello. Otros ratos, casi arrastrando las pezuñas de hule espuma, José Luis R avanza hacia los niños, que lo aman y le piden que los cargue. Cansado y todo, José Luis R los carga, mientras los padres se deshacen en fotografías. Lo malo es que no todos son niños amorosos. Sobran los que agarran al reno de su puerquito, le pican las nalgas, golpean y corren, los desgraciados. Y ayer, un pastor de Brie, un perro peludo gigantesco, se ensañó contra César, que ya no hallaba entre salvar la dignidad o la botarga. “Otras veces los chavos y hasta los señores nos avientan para vernos caer”, relata César, que a estas alturas conoce la cara de los maldosos con la misma maestría con la que baila reguetón. Y es curioso, porque aunque el reno de César V y José Luis R son idénticos (ojos y sonrisa de tontos, cuernos beige, suéter azul rey, copetito color crema), se nota luego luego el ánimo del que está adentro de esa masa de hule espuma, nylon y fibra de vidrio, forrada de felpa, que en Mexico se hizo popular desde hace unos 20 años, tras la llegada de Barney a la televisión (El Universal, 29 de junio de 2007). Adentro de la masa, que apesta a sudor, están los sueños de los muchachos. El de César es juntar dinero, porque acaba de embarazar a una muchacha. “Aguanta, carnal, ya acostumbrándose no se siente”, le Susurra César a su compañero, a través del cuello de reno. Quizá esa costumbre es la que exigen los solicitantes de botargueros, en los avisos de ocasión. Todos, sin excepción, piden experiencia. Y todos los botargueros que promueven en las páginas amarillas ofrecen lo mismo: “Kieres un profesional con tu botarga? dinamico, puntual, responsable, llamame no buskes mas”, presume uno de ellos. Obvio: la ortografía tampoco es requisito. “Aguanta, carnal”, vas a ver que en cuanto te quites esta madre te vas a poner contento, insiste César. Tiene razón la cara mojada en sudor y amarilla de José Luis R, que luego de ocho horas adentro de una botarga se revela pequeño y flaco, esa verdadera cara de la botarga sólo pone expresión de optimismo cuando al final de la jornada recibe dos billetes de 200 y uno de 50 pesos. ¡Nos vemos mañana”, dice animoso mientras va poniéndose la ropa sobre su pequeñísimo short y su camiseta de tirantes. “Mañana voy a tratar de mover más la panza”, añade. “Mañana voy a aguantar más”, insiste. “¿Viste? Nadie dijo que el de la botarga sea un oficio fácil. Lo que sí es que es el oficio más caliente del mundo”, concluye Olga, ama y capataza de los renos de Guadalajara. Adentro de la masa, que apesta a sudor, están los sueños de los muchachos. El de César es juntar dinero, porque acaba de embarazar a una muchacha. Temas Empleo Pasaporte Lee También La creación de empleo va en caída este año Genera Jalisco 9 mil 345 empleos formales en septiembre SEP: ¿La Constancia de Situación Profesional facilita encontrar empleo? Adiós a il Piacere Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones