Suplementos | Crónica por Vanesa Robles El más buscado Los carteles con su foto invadieron decenas de postes sobre la Los carteles con su foto invadieron decenas de postes sobre la Avenida La Paz, el “Lazca” se fugó Por: EL INFORMADOR 8 de diciembre de 2012 - 21:15 hs RECOMPENSA. ''Traía una pechera rosa cuando se perdió por la Avenida Chapultepec'', escribió suplicante la dueña en los carteles. / GUADALAJARA, JALISCO (09/DIC/2012).- El “Lazca” anda en las calles de Guadalajara como si nada. Hace unas semanas se escapó, en los alrededores de la zona rosa, allá del lado de la Avenida Chapultepec. Se le hizo fácil escabullirse entre el gentío, el tráfico, las ruedas de las patinetas, las tiendas, las cervecerías, los cafés. Varios se lo toparon de frente y se hicieron de la vista gorda. Quizá otros sintieron compasión por él, que seguía en la huída a toda prisa… Hasta que ofrecieron recompensa a quien lo entregara vivo. Y el “Lazca” apareció, tal cual, vivo y coleando. El dinero mueve al mundo. Es toda la información que suelta por teléfono la patrona del “Lazca”, una misteriosa mujer llamada Érika G, de voz joven y acento muy desconfiado: —Perdone. ¿Usted es Érika G, la que anda buscando al “Lazca”? —Yo soy. Ya lo encontré. Ya pagué la recompensa. Adiós. —¿Me podría platicar más sobre la fuga, la recompensa, el hallazgo? —Mañana. Déjeme registrar su teléfono (Llámame a la hora en la que nunca le voy a contestar). Luego la misteriosa Érika G no vuelve a contestar los celulares que aparecen en el aviso donde ofrecía la recompensa por entregar al “Lazca”. Incluso, uno de los números telefónicos dejó de existir, advierte la señorita de Telcel que amablemente informa esas cosas, a través de su voz grabada. Mientras, los carteles con la foto del susodicho, la información de los móviles y la promesa de una recompensa continúan, ya amarillentos y quebradizos, aferrados con cinta de empapelar a decenas de postes sobre la Avenida La Paz, en la colonia Americana de Guadalajara. Los “Lazca” —ha de ser el nombre— tienen la costumbre de andar prófugos y tejer leyendas en torno a ellos. Siempre hay alguien que ofrece una recompensa por encontrarlos. Siempre están rodeados por un halo de misterio. Su nombre siempre inspira desconfianza. Pero existen diferencias importantes entre ellos, aunque se llamen igual y se hayan ofrecido recompensas por ambos. Por el que nació en el estado de Hidalgo, se enlistó en el ejército a los 17 años de edad y más tarde desertó para enlistarse en el narcotráfico la Drug Enforcement Administration, la DEA, ofrecía hasta cinco millones de dólares y la Procuraduría General de la República 30 millones de pesos, hace apenas unos meses. Es muy probable que nadie los quisiera, pues, que se sepa, nadie lo denunció. Por el de la Avenida Chapultepec, la desconfiada Érika G, pagó a lo sumo diez mil pesos, que seguro le vinieron muy bien a un tapatío. Se dice que el “Lazca” hidalguense, el que dirigió a los Zetas, era capaz de sobrevivir a las situaciones más adversas, incluyendo el hambre, el clima y los peligros de la montaña agreste. Al contrario, la preocupación por el “Lazca” de la colonia Americana era que no librara ni el cruce de una calle. En las pocas y borrosas fotos que se conocen del comandante Zeta siempre aparece encorbatado y muy serio, pero apacible y hasta seductor, aunque uno más bien se lo imaginaba vestido con uniformes militares viejos y con un rostro de piedra liza, impávida ante la tristeza y el dolor ajenos. La única foto pública del “Lazca” de la colonia Americana le inspira ternura a los cursis y ambición a los pobres. “Traía una pechera rosa cuando se perdió por la Avenida Chapultepec”, escribió suplicante la misteriosa Érika G. En cada uno de los postes donde se replica su imagen, este buscadísimo mira a la cámara con sus grandes ojos azabache, su carita de perro remojado y orejas puntiagudas a fuerza de bisturí. Qué coincidencia: el 12 de octubre pasado, el procurador de Justicia de Coahuila, Homero Ramos, dijo que el “Lazca” de la recompensa de los cinco millones de dólares también tenía una cirugía en las orejas. Tenía: la Marina de México asegura que lo abatió el 7 de octubre de 2012 ahora sí, porque antes también lo había abatido, en 2007 y en 2011. La última vez que lo mataron, ya se sabe, el cuerpo se huyó de la funeraria y junto con el cadáver se escaparon las certezas. Con el “Lazca” de la colonia Americana la historia es distinta. Incluso con el halo de misterio que Érika G le imprime al asunto, uno le cree cuando ella asegura que lo encontró, pagó la recompensa y no quiere decir más. Eso sí, queda una duda que la misteriosa mujer nunca dio chance de aclarar. ¿A quién se le ocurre ponerle “Lazca” a un pobre terrier escocés propenso a la fuga? Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones