Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Domingo 28 del tiempo ordinario

El hombre que se alejó de Dios

“La propuesta de Jesús es liberarnos de toda esclavitud, aun de aquello que no hemos sabido reconocer”.

Por: EL INFORMADOR

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EL HOMBRE QUE SE ALEJÓ DE DIOS

Es común escuchar en ciertos sectores de la sociedad, o en determinadas circunstancias de nuestra vida, la frase: Dios nos ha abandonado, Dios no existe, Dios esta lejos, ya no se acuerda de nosotros, y ante esta manera de pensar, la contundencia de las lecturas de este domingo nos dan una respuesta.

UN JOVEN INTRÉPIDO

Andando Jesús por un camino, se le acercó un joven, que le reconoce como maestro y pregunta: “¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Nos encontramos ante un joven intrépido, no se conforma con protocolos y va a lo fundamental, a lo verdaderamente esencial, la vida eterna. Por lo mismo Jesús no puede salir con una respuesta elaborada y distante, también él va a lo esencial, los mandamientos, camino seguro de salvación.

El joven aseguró que su vida había sido una expresión clara del cumplimiento de la ley mosaica, ¿ahora qué  sigue?, ¿hay algo más en el camino ascendente a la eternidad? A lo que Jesús contestó: “Sólo una cosa te falta. Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos”. Y la intrepidez del joven, desapareció, llevando en sus mente y su espalda, la mirada amorosa de Jesús, retirándose del recién descubierto Maestro, apesadumbrado y triste porque tenía muchos bienes.

LA MIRADA DE JESÚS


Jesús miró con amor al joven intrépido, y a su desaparición en el horizonte, alza la vista y miró a su alrededor, deteniéndose en todos y cada uno de sus interlocutores, incluidos nosotros hombres de este siglo y dijo: “Hijitos, ¡qué  difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios!

A la distancia de varios años de esta mirada hemos venido deformando su significado, convirtiéndonos en ocasiones en verdugos de unos y en complacientes jueces de otros, calificando su posibilidad de salvación en la cantidad de sus bienes, nada más ajeno a la mirada amoroso de Jesús.

Entendámonos, el Maestro no enseña el desprecio de los bienes terrenos. Simplemente nos advierte de su peligro, que consiste en dejarse aprisionar en su horizonte sofocante.

La riqueza se convierte en un mal cuando cierra nuestro corazón en una prisión y cuando encierra también al cerebro en una prisión, no permitiéndonos pensar de una manera nueva, que irónicamente ya no debería ser tan nueva (dos mil años de cristianismo no es poco).

El tener es un mal cuando se transforma en estorbo, peso, y niega al hombre ese paso ligero, libre, indispensable para seguir un camino distinto, en pocas palabras, cuando dejamos de largo o a nuestras espaldas la mirada amorosa de Jesús.

EL DIOS QUE NO SE ALEJÓ DEL HOMBRE

Si algo nos queda claro del joven del evangelio, es que entendió las palabras de Jesús y su exigencia, por lo que constatamos que en la relación del hombre con Dios y Dios con el hombre, no basta con creer, se debe seguir, nos hemos de hacer discípulos.

El joven se convirtió en el discípulo fallido. Se ha ido pesaroso, desanimado, porque ha medido hasta el fondo lo que Jesús pretende de él. No ha sido Dios, el Maestro, quien le ha abandonado, no fue Jesús quien se alejó, sino el joven, se marchó porque ha comprendido que con Jesús no hay medias tintas, o se le sigue con totalidad o no se le puede seguir.

Hoy Dios no nos ha abandonado, somos nosotros quienes le hemos querido olvidar y nos alejamos cada vez más, porque no hemos sido capaces de dejar lo que verdaderamente hemos de dejar. El itinerario de seguimiento a Jesús no es complicado, pero debe ser un camino de desprendimiento, para recordarnos que este seguimiento es algo serio.

Lo sorprendente en todo esto, es que aun a pesar de nuestro alejamiento, la mirada de Jesús no nos abandona, como decía un predicador italiano: “Esa mirada provocadora de Jesús es una solicitación obstinada, colocada en la profundidad de nuestro corazón, para que finalmente seamos libres y veamos la luz y vayamos tras de ellas”.

REFLEXIONANDO LA FE…

AÑO DE LA FE


Hemos dado inicio, el pasado 11 de octubre, al año de la fe convocado por el Papa Benedicto XVI, en la conmemoración de los cincuenta años de la promulgación del Concilio Vaticano II, una serie de documentos que como dijo el Pontífice, en uno de sus mensajes inaugurales de este año: “Son una brújula que permite a la barca de la Iglesia navegar en mar abierto, en medio de las tempestades o de la calma, para llegar a la meta.

“Debemos aprender las lecciones más simples y fundamentales del Concilio, a saber: que el cristianismo en su esencia consiste en la fe en Dios y en el encuentro con Cristo, que orienta y guía la vida. Lo más importante hoy, como era el deseo de los Padres conciliares, es que se vea, de nuevo, con claridad, que Dios está presente, nos mira, nos responde; y que, por el contrario, cuando falta la fe en Él, cae lo que es esencial, porque el hombre pierde su dignidad. El Concilio recuerda que la Iglesia tiene el mandato de transmitir la palabra del amor de Dios que salva, para que sea escuchada y acogida aquella llamada divina que contiene en sí las bienaventuranzas eternas. El Concilio es una fuerte invitación a redescubrir cada día la belleza de la fe y a conocerla de modo profundo, para una más intensa relación con el Señor y a vivir auténticamente la vocación cristiana”.

Este año de la fe, se ve engalanado con la celebración del XIII sínodo de los obispos que se está realizando en Roma, centrado en el tema de la nueva evangelización para la transmisión de la fe.

Que este año de la fe que hemos iniciado no sea un simple título calificativo que le demos a estas fechas de aquí  a su conclusión, sino un compromiso en la reflexión profunda de nuestra fe que nos lleve a un coherente  estilo de vida.

DESDE LAS LETRAS…

El 15 de octubre la Iglesia celebra la memoria de la doctora Santa Teresa de Jesús, reformadora de la Iglesia y gran poeta, a quien le dejamos esta sección en la víspera de su fiesta.

 
ALMA, BUSCARTE HAS EN MÍ

Santa Teresa de Jesús

Alma, buscarte has en Mí,

y a Mí buscarme has en ti.

De tal suerte pudo amor,

alma, en mí te retratar,

que ningún sabio pintor

supiera con tal primor

tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada

hermosa, bella, y así

en mis entrañas pintada,

si te perdieres, mi amada,

Alma, buscarte has en Mí.

Que yo sé que te hallarás

en mi pecho retratada,

y tan al vivo sacada,

que si te ves te holgarás,

viéndote tan bien pintada.

Y si acaso no supieres

dónde me hallarás a Mí,

No andes de aquí para allí,

sino, si hallarme quisieres,

a Mí buscarme has en ti.

Porque tú eres mi aposento,

eres mi casa y morada,

y así llamo en cualquier tiempo,

si hallo en tu pensamiento

estar la puerta cerrada.

Fuera de ti no hay buscarme,

porque para hallarme a Mí,

bastará sólo llamarme,

que a ti iré sin tardarme

y a Mí buscarme has en ti.

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