Lunes, 17 de Febrero 2020
Suplementos | Gabriela Aguilar

El hombre del traje gris

Serie: Antes de que nos olviden

Por: EL INFORMADOR

En Guadalajara existen profesiones que ya no son tan solicitadas como en los viejos tiempos, luchan por la permanencia, se aferran y su día a día transcurre tratando de mantenerse como los tapatíos quieran. Son precisamente los habitantes de la Perla Tapatía, responsables de que oficios tradicionales continúen a pesar de las circunstancias.

Entre esos trabajos está el del “hombre del traje gris” como el disco de Joaquín Sabina, cantautor favorito de Samuel Pérez, el joven sastre que hace de su profesión todo un arte.

Tiene 32 años, es originario de Campeche y heredó el oficio por su papá cuando sólo tenía 15 años de edad, “incluso estaba en la licenciatura de historia, cursaba el tercer semestre y me salí, entré a trabajar en Fábricas de Francia y luego puse mi negocio”.

El padre de Samuel tiene 30 años como sastre, 61 de vida y su técnica y entrega por la sastrería la transmitió a su hijo como se hacía antes. “Es muy interesante porque las modas cambian y me gusta que los clientes queden satisfechos, sobre si puede desaparecer este oficio, sí lo creo, porque la gente ya no compra telas, prefieren comprar las piezas hechas”.

Samuel tiene muestrario de telas, algunos diseños clásicos de trajes y tiene clientes, pocos, que acuden a su negocio para que les haga un traje a la medida. “Esos clientes tienen como 50 o 60 años y vienen por sus trajes completos, a veces me confunden con las costureras, aquí hay una diferencia, ellas normalmente están en su casa, no como negocio, y a veces nos conocen cómo hacer un traje completo o traje”.

Y a pesar de que los trajes se dirigen a los hombres, irónicamente, la mayoría de su clientela son mujeres, Samuel no se limita a la sastrería porque su capacidad y conocimientos lo llevan a hacerla de “modisto” con el público femenino. “Vienen y piden arreglos a vestidos, de hecho yo hago, sencillos, pero los elaboro, mi hermano, que se dedica de lleno a la alta costura es mejor, pero yo atiendo también estos pedidos”.

Su negocio está en la colonia Residencial Victoria en un pequeño local, ahí se encuentra desde hace cuatro años y su independencia laboral lo tiene tranquilo. Sabe que no todas las épocas del año son buenas, “pero nunca falta”.

La temporada previa al regreso a clases es la mejor, “también la de diciembre y enero por aquello de los regalos que no le atinan a la talla”.
Su momento para recordar: “tengo un amigo que también es sastre y un cliente le reclamó un trabajo y le dijo, oiga, ese trabajo está hecho con las patas, y el le contesta, ¡claro! ¿Con qué cree que piso el pedal de la máquina?”.

Samuel regresa a tomarle medidas a un cliente, cojín con alfileres en mano, cinta métrica alrededor del cuello y  en espera del descanso, el domingo, para pasar la tarde en un café del centro…al estilo bohemio, como le gusta.

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