Suplementos | Lejos de la algarabía, un grupo de hombres se reúne a ver el futbol El escaparate de los hinchas derrotados Lejos de la algarabía, un grupo de hombres se reúne a ver el futbol Por: EL INFORMADOR 15 de junio de 2014 - 00:28 hs Frente a un aparador empañado, 18 hombres silenciosos ven el partido de México-Camerún. / GUADALAJARA, JALISCO (15/JUN/2014).- Nunca fueron más de 18. Y los que estaban jamás gritaron por las amenazas en el travesaño ni abuchearon al árbitro Wilmar Roldán ni se regodearon con el único gol de México. Incluso hubo quien no abrió la boca en las casi dos horas que duró el partido contra Camerún (receso incluido). Los 18 hinchas más silenciosos de la ciudad se reunieron en el portal de la mueblería Santuario, Morelos con Paseo Degollado, plaza Tapatía. Se reunieron para a eso; para no hacer ruido y también para ver el partido en tres pantallas LCD, a través de un escaparate. Fue el viernes 13. Nunca hubo ahí más de 18 y casi no habló nadie, pero por ésta que parecían 200. La mayor parte de los hinchas silenciosos de la mueblería Santuario se parecían mucho a los hombres más tristes de la ciudad. Esos que han recibido goles desde antes de nacer, hasta que —para ya no sentirlos— hicieron joroba. No una de las grandes, sino la pequeñísima joroba de los derrotados que han acumulado puntos en el marcador de la vida. Carencia por acceso a los servicios de salud, carencia por acceso a la seguridad social, carencia por acceso a calidad y espacios de la vivienda, carencia por acceso a los servicios básicos, carencia por acceso a la alimentación… Si acaso les quedó el acceso al portal de la mueblería Santuario y el futbol mudo. Si acaso les quedó un empleo que da lo mismo que un desempleo. “¡Estoy enfermo, carbón! ¿Que de qué? ¡Ya saben todos! ¡Si me dio un infarto! Ando en el hospital!”, se dolió un hincha de cincuentaytantos, en la bocina de un celular de cincuentaytantos. “¡Ah chinche ojete! Ira, dile al hulero que le pago el día ¡Chinche hulero!, ya ni un infarto le perdonanauno”. Todos lo escuchamos, nadie se inmutó. El del infarto prendió un Delicados y volvió la calma absoluta frente a las tres pantallas planas en venta. Una de 32 pulgadas, por sólo “$82 semanal”, una de 42 pulgadas por sólo “$225 semanal” y la más grande, de 50 pulgadotas, por sólo “$231 semanal”, se anunciaba en unas estrellas fluorescentes, pegadas a un costado de cada televisor. El tema es que la mayoría de los aficionados silenciosos del Paseo Degollado no puede pagar ni los sólo 82 semanales. Entre ellos, además del infartado había un bolero. Además del bolero, un pepenador de basura del Centro Histórico. Además del pepenador, dos indigentes y un albañil y un campesino y un par de vendedores de borrachitos y golosinas. También estaban Manuelito y Pedro, el primero guatemalteco, el segundo hondureño, bajados del tren hace cinco días, con rumbo a Mexicali. “¿Cómo van? Andan cansados y está lloviendo ¿No?”, preguntó Manuelito como para romper el hielo del grupo, pero el hielo se quedó igual. Además de Manuelito y Pedro, otros venían y se iban. Nunca fueron más de 18. De la Plaza de la Liberación, sólo dos cuadras al poniente, llegaba el sonido de las porras, las quejas, los gritos nacionalistas, las trompetillas de los aficionados que veían el partido en la pantalla grande que patrocinó una cervecería. En la Plaza de la Liberación había camisetas verdes, abrazos, aspavientos. Había mucho, mucho ruido. Acá, en el portal de la mueblería Santuario, un grupo de vencidos miraba en silencio tres televisores ajenos, a través de un escaparate. Una vitrina engañosa que al mismo tiempo era ventana al Mundial y proyectaba, como un espejo, la vida modorra de la Plaza Fundadores. A través del cristal, por ejemplo, en vez del cuerpo entero de Samuel Eto’o, el portero de Camerún, los silenciosos vieron el cuerpo de Eto’o con la cabeza de Cristóbal de Oñate, cuya escultura se reflejaba a medias, desde atrás. Acá había no más de 18 hombres con jorobita y ropa gastada; separados de la emoción mundialista por una línea de meta de seis estufas de cuatro o seis quemadores a “precio especial”; desterrados de la emoción y del sonido por un aparador de vidrio empañado. El recién infartado encendía un cigarro con la colilla ardiente del anterior. Se parece a Carlos López Moctezuma, el villano de cine mexicano. Y el infartado es actorazo también. Su ansiedad estaba ahí, en los pulmones; no en el ataque inventado, no en el empleo que largó, no en el partido contra Camerún. Igual que él los hinchas silenciosos fumaban casi todos. El viernes a mediodía el portal de la mueblería Santuario fue una mezcla de olores de tabaco, camino largo, menesterosidad y cuerpo llovido. Sin hacer caso de los efluvios el bolero sacó de su cajón una bolsa que parecía de chicharrón seco y comenzó a botanear; eran migajas de pan con piloncillo, confesó él mismo cuando notó que el resto salivaba. “Es que no tengo a dónde ir, oiga. No me cai gente. Otros días para esta hora ya junté 100, 120 pesos. Ora no: puro Mundial y puro Mundial”, explicó y todos supimos que al bolero le quedan sólo dos dientes superiores. Tal vez el bolero hubiera roto el silencio, pero apenas acabando de decir “Ora no” Oribe Peralta metió el gol. “Gol”, dijeron los hombres tristes. Así, nada más: “Gol”. Un indigente que se había acostado a sus anchas en el suelo hizo un gesto que pareció de felicidad. No era para menos. México le ganaba a Camerún, un país de 18 millones y medio de habitantes pobres, que tienen una esperanza de vida de 53 años. Tal vez allá, en las ciudades Douala, Yaoundé, Garoua había también grupos de silenciosos mirando un televisor ajeno. Sólo que aquellos hombres tristes, los de Camerún, estaba ahora de verdad derrotados. Temas Tapatío Lee También Conquistando la cima más alta de Jalisco Resistencia cultural en el tianguis de la Leña La danza contemporánea abre paso al legado en el arranque del FID 2025 Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones