Suplementos | Ha crecido la tendencia a desvirtuar tanto la fe en Jesucristo El cristianismo, ¿una paradoja? Ha crecido la tendencia a desvirtuar tanto la fe en Jesucristo Por: EL INFORMADOR 29 de enero de 2011 - 11:54 hs Es una realidad que a últimas fechas ha crecido la tendencia entre muchos bautizados, que dicen profesar la fe en Jesucristo, a desvirtuar tanto esa fe como la misma imagen de Él, como producto ello de una errónea interpretación de las Sagradas Escrituras, más específicamente del Nuevo Testamento. Nos referimos a la “desbalanceada” --por así decirlo-- manera de visualizar a Jesús y a su obra , dado que lo exaltan de manera preponderante y por demás espectacular, viéndolo y presentándolo como un Dios triunfalista, y minimizando de manera simplista la humanidad de nuestro Salvador, quien, como lo creemos, es verdadero Dios, pero también verdadero y perfecto hombre. La mayoría de los predicadores de diferentes denominaciones cristianas, e incluso algunos católicos --los menos, pero los hay--, al proclamar la Palabra de Dios resaltan en demasía --en relación a la verdad plena sobre Él-- su vida y sus actos, sus milagros, las sanaciones de enfermos, las liberaciones de oprimidos y poseídos por espíritus malignos, la resurrección de personas fallecidas y, desde luego, la propia Resurrección de Jesús. Ello, obviamente, lleva a sus escuchas, seguidores y miembros de grupo a creer de manera distorsionada, por parcial e incompleta, en el ser y quehacer de Jesús de Nazaret. Ya que, por lo demás, suelen soslayar la real y plena humanidad de nuestro Redentor, subestimando todo lo que como hombre tuvo que enfrentar, como fue el rechazo: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11); las tentaciones: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio”; las persecuciones: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”; el sufrimiento: “Y (Jesucristo) por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, Él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba” (Heb 2, 18); el abandono: “Jesús exclamó en alta voz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”; la muerte: Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu (Mt 27, 50). Con esto no queremos decir que sus milagros y maravillas realizados, y su misma Resurrección, no sean importantes, valiosos y definitivos en su obra salvadora; por el contrario, precisamente la Resurrección de Jesús es la culminación de esa obra, la manifestación más grande del amor y el poder del Padre; lo importante es no “fragmentar” la realidad de su persona humana, su vida y su obra, y asumir que el ser cristiano, seguidor de Cristo, implica estar dispuesto a aceptar y vivir todo lo que Él vivió y experimentó y se presente en nuestra propia vida. Él mismo lo sentenció: “El servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a Mí, también los perseguirán a ustedes...” (Jn 15, 20). Así pues, podríamos concluir que “sin cruz no hay Cristianismo”, y que “sin muerte no hay Resurrección”. Todo esto, para el mundo y tristemente para muchos que afirman ser cristianos y por ello viven una fe “light” --o sea ligera, superficial, sin un compromiso serio--, es una paradoja; es decir, de acuerdo al diccionario, “una especie extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de los hombres”. Pero lo es precisamente para aquellos cuya fe no es profunda y bien arraigada, dado que si ahondamos en la Palabra de Dios y en la doctrina de Jesús, así como en la doctrina de la Iglesia, nos daremos cuenta de que, como afirma el Señor mismo a través del profeta Isaías: “los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos” (Is 55, 8). Y justamente la verdadera fe consiste no nada más en creer en Dios, sino también en creerle a Él, a lo que nos dice a través de Su Palabra y del Magisterio de la Iglesia, así como, sobre la base de ese creer, confiar en Él, obedecerle y depender de Él. Con esta breve reflexión podremos comprender y aceptar más las sentencias de Jesús conocidas como Bienaventurnzas, que el pasaje del Evangelio de este día nos recuerda, y en especial con las que culmina: “Felices ustedes cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo” (Mt 5, 11-12). Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones