Miércoles, 19 de Febrero 2020
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El Tiburón Ballena es un 'Señor Pez'

La alegría y los buenos recuerdos de aquellas aventuras se prestaron para los albures y chascarrillos

Por: EL INFORMADOR

La sola nariz que asoma del agua, nos da idea del tamaño de su boca. EL INFORMADOR / P. Fernández

La sola nariz que asoma del agua, nos da idea del tamaño de su boca. EL INFORMADOR / P. Fernández

GUADALAJARA, JALISCO (19/FEB/2017).- Caminábamos por una calurosa calle de La Paz, bajo un solazo infernal, pensando que si nos dirigíamos al embarcadero encontraríamos algo interesante, cuando se cruzó frente a nosotros, impidiéndonos el paso, una destartalada camioneta que en sus buenos tiempos había sido de marca elegante y que aún conservaba vestigios de sus colores originales.

¡Claro! No podía ser otro que mi amigo Tim Means: un gringo mechudo, bigotón, desaliñado y con apariencia de artista de película de aventuras, con quien en años pasados había incursionado en algunas aventuras marítimas en Baja California. ¡Yo sabía que algo tenía que suceder por esos rumbos!

Sospeché que los sonoros gruñidos que emitía, eran efusivos saludos de alegría y de bienvenida. La camioneta, en medio de ruidosos estertores detuvo su marcha y el silencio volvió a llegar a las instalaciones de “Baja Expeditions”, la compañía de excursiones de que es propietario y director a donde, tratando de entrar se nos había cruzado.

Sin mediar más plática y averiguaciones, me dijo en su gruñón y trabado spanglish: “mihra ca-mión, ahorha, aunque seas un hombre malo mexicanou… te voy a llevar a bucear con el tiburón ballena, pa’ ver si te haces guerhito y bonitou como todous nosotros en Amerhica...”  

La alegría y los buenos recuerdos de aquellas aventuras, se prestaron para los albures y chascarrillos, tanto de los guías, como de su hijo Carlos Timoteo y su compañera, la audaz y tierna Liz. Ciertamente fueron célebres momentos entre gente ligera y desenfadada.

Estábamos gozando el momento, cuando llegó el fortachón y buena onda de... perdón, pero ahorita se me fue su nombre, que sería quien nos llevaría a buscar tiburones.

Apurándonos para que no se nos pasara la hora en que suben a la superficie a comer, nos probamos las aletas, snorkel, salvavidas, sombreros y valor y nos lanzamos a abordar la panga que ya nos esperaba (desesperaba) en el pequeño muelle.

La marcha era estable y modorra; y la navegación, curiosamente no muy lejos de la orilla de la barra arenosa del Mogote, dentro de la bahía de La Paz, nos tenía con los ojos en alerta al menor asomo de cualquier movimiento de agua que delatara la presencia del enorme monstruo. Calma, soponcio, solazo, ruido monótono del motor, ojos ardorosos y… ¡Ahí está! gritó mi cuate el fortachón.

Prisa, nervios, temor, las aletas no me entran, me duele la mordida del snorkel, la careta no me queda, me duele si le jalas, apúrenle que se va, échense por este lado que es más fácil, órale que ay viene, y cosas de esas sucedían mientras el monstruo se acercaba. Su boca medía más de un metro y medio. Catorce metros de músculo y aletas venían hacia nosotros. La orden de: échate delante de él,  no sonaba nada tranquilizante. Calculé que el valiente de Jonás cabría perfectamente en esa enorme boca.  

Fiiiuuu, ¡pos voy! dije, y tuve la suerte de vivir una de las experiencias más padres de mi vida.

Plácidamente y nada tímido, se acercó lentamente a nosotros aquel, que digo animal sino verdadero submarino viviente. Hermoso, cautivador, era aquel prodigio de la naturaleza que pasaba una y otra vez a escasos centímetros de nuestras pequeñas humanidades. Su piel lisa y áspera a la vez, estaba dibujada con una delicada cuadrícula de líneas blancas con un punto del mismo color al centro. La cola medía un poco más del tamaño de mi cuerpo. Una vez superado el temor, disfruté a más no poder esa enorme belleza submarina, dando gracias a la vida por tan enorme dicha.

Debo aclarar que, aunque se le llame Tiburón Ballena, no tiene nada que ver con ella. El es un pez. El más grande de los peces existentes. Respira agua por sus agallas. Es ovíparo. Su estructura es de cartílago, y su cola es vertical. En cambio, la ballena tiene vértebras y huesos. Es mamífera y vivípara. Tiene que salir a respirar aire puro con sus pulmones. No puede beber el agua en donde vive, y su aleta caudal es horizontal. Es decir: son dos animales completamente diferentes; y el hecho de llamarlo “tiburón ballena” es tan solo un apodo por lo enorme de su tamaño.

En fin, fue una gozada haber nadado al lado de ese pez (Rhincodón typus) tan enorme y bonachón, que siendo un tiburón hecho y derecho, es más pacífico y tranquilo que una hermana de la caridad.
Inténtenlo ¡les va a gustar!

pfs@telmexmail.com

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