Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | De la descendencia de Jesús saldría el Mesías de Israel

El Reino de Dios en México

El Evangelio narra el llamado de Jesús a la conversión ante la inminencia de la llegada del Reino de Dios

Por: EL INFORMADOR

     El pasaje evangélico que la Iglesia nos propone para este domingo, narra el llamado de Jesús a la conversión ante la inminencia de la llegada del Reino de Dios. Dicho pasaje culmina con una frase que bien podría resumir la labor de Jesús: “Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a gente de toda enfermedad y dolencia”.

     Hoy queremos centrar nuestra atención en ese Reino, precisamente ante el desconocimiento, el menosprecio y el rechazo del mismo, por parte de muchos en la actualidad.

     El Reino de Dios es mencionado frecuentemente en el Antiguo Testamento. Los judíos creían que Dios habría de intervenir directamente para reivindicar al pueblo de Israel y luego regir sobre él.

     El Reino de Dios fue expresamente prometido al Rey David, haciendo pacto entre él y el Reino de Dios, prometiéndole que reinaría siempre alguien en el trono de su “casa” (o lo que es lo mismo: la familia y descendencia de David).

     Esto fue luego interpretado como que de la descendencia de Jesús saldría el Mesías de Israel, que se sentaría en el trono de David y gobernaría por la eternidad.

     Para Cristo, descendiente precisamente del Rey David (muchos se referían a Él como “hijo de David”), el anuncio del Reino es básico en su predicación y en su vida, y a ello dedica su misma vida. El Reino que Él anuncia no es una amenaza, sino luz, salvación, paz, reconciliación. Es un Reino que no tenemos que esperar, menos para después de la muerte, porque el Reino comienza hoy, y no está sólo entre los hombres, sino dentro de ellos.

     En sus parábolas, pronunciadas en diversos lugares y en distintos momentos, Cristo va mostrando las características del Reino al que todos nosotros hemos sido invitados desde nuestro bautismo. Como ejemplo, vemos la parábola de la cizaña, la cual es una enseñanza sobre el Reino, que es vida, amor, luz, verdad, gracia, acogida, en el cual, no obstante, se siente la presencia del Maligno, del Enemigo. La palabra de Cristo era luz, y sin embargo suscitaba aversión y hostilidad entre alguna gente. En el mismo grupo de los discípulos se metió la cizaña, y uno de los suyos traicionó al Maestro. Los hombres, que queremos las cosas al instante, quisiéramos arrasar por completo a los malos, a los que provocan guerras, dolor y muerte. Pero Dios sabe que en este mundo a veces están tan entremezclados el trigo y la cizaña, que no quiere correr el riesgo de que se pierda uno solo de los que Él le encomendó a Cristo. Y por eso espera y espera, le da tiempo al pecador, contamos con Él hasta el último momento. Y Dios concede milagros, gracias a los cuales muchos que vivían en el pecado y la perdición, por Su paciencia se convirtieron: como esperó a Pablo, que de ser perseguidor se convirtió a Jesús y fue su gran apóstol. Dios aguarda la salvación de todos.

     Ante la realidad que estamos viviendo en nuestro país en el cual se han multiplicado la delincuencia, la violencia, el odio, la corrupción, la impunidad, la injusticia, la explotación, el abuso de poder, etc. --todos ellos antivalores que contradicen los atributos y características del Reino de Dios--, parecería que en México se está aniquilando ese Reino; y precisamente ahí se forma el círculo vicioso, pues muchos, al creer eso, viven en el reino de las tinieblas, el reino del Enemigo, del pecado, y al hacerlo contribuyen a esa equivocada percepción.

     Es preciso, pues, estar convencidos ante todo por la fe, de que Cristo y María santísima viven en muchos corazones, y por las muchísimas manifestaciones de la presencia de ese Reino de Dios; ello por parte de cristianos, verdaderos testigos del amor de Dios, a través de su vida personal, familiar, personal o laboral, social  y también política, así como de sus buenas obras a favor de los demás, especialmente de los desamparados.

     Por otro lado, el llamado de Jesús: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”, como lo consigna también el mencionado pasaje evangélico, está vigente para todos, pero principalmente para aquellos que practica toda clase de crímenes que suscitan la situación de referencia.

     Concluyo con una exhortación del Señor a través del profeta Isaías: “¡Busquen al Señor mientras lo puedan encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él tendrá compasión; a nuestro Dios, que es generoso en perdonar” (Is. 55 6-7)

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx 

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