Domingo, 12 de Octubre 2025
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El Quelite

Aguas que fueron defendidas en 1615, de invasores holandeses e irlandeses, por el general Sebastián Vizcaíno

Por: EL INFORMADOR

Entre La Noria y Cerro Indio, se localiza el precioso poblado agrícola llamado, “El Quelite”.
El sol fue dando color a la sierra y luego a la playa, era nuestro último día en el bello Mazatlán. Mis hijos y yo optamos por navegar en un catamarán rumbo a playa Bruja, la vela dio impulso a la rígida estructura y los dos cascos empezaron a surcar por el mar, bordeando la playa, percibiendo el movimiento, el viento y el oleaje. Aguas que fueron defendidas en 1615, de invasores holandeses e irlandeses, por el celebre general y encomendero de la Provincia de Ávalos, Sebastián Vizcaíno, en su ejercito se encontraba su hijo mayor, Juan. Por orden del rey se le pidió defender los puertos de Zalahua y La Navidad, hasta el de Mazatlán.     

Posteriormente alistamos nuestro equipaje y toda la familia partimos con dirección a Coyotitlán. En el camino miramos un estanque con capomos, luciendo sus hermosas hojas y flores. A corta distancia pasamos el crucero de La Noria, y poco antes del río Quelite nos desviamos a la derecha por el sendero de El Quelite. Después de unos potreros de limones, de papayos y de mangos, salpicados por quelites, llegamos al admirable pueblo El Quelite. Todas las casas fueron desplantadas sobre zócalos de 60 cm. a 80 y hasta 1 m. de altura. Unos zócalos se levantaron sobre peñas, algunos fueron enjarrados y otros muestran piedras o ladrillos. El zócalo les brinda a las fincas una distinción atractiva, y claro, las protege en el temporal de aguas.

Miramos una casa azul pastel con una increíble esquina circular, simulando la basa, con remate dentado y a cada lado un arco arabesco, su portal comprende siete columnas redondas, donde giran puertas y ventanas. A unos pasos apreciamos otro portal sobre peñas, con un zócalo beige, detrás de su tejado destacaba el campanario blanco de la capilla, de un solo cuerpo y de planta cuadrada, con un vano gótico por cara, fue rematado en cúpula con tambor octagonal. Vimos otro portal, de gruesas columnas cuadradas y de una docena de pequeños órganos sobre su tejado.

A un corto tramo, otro portal nos cautivó con sus columnas octagonales y sus macetones con helechos. Nuestro andar nos llevó a un bello portal azul, con capiteles dóricos y vanos con elegantes remates. Vimos unos remates arqueados en la finca de “Grupo AA Quelite”. Un quelite daba sombra a un portal amarillo y a un tractor a la vez. Por último contemplamos un portal rosa con zócalo y piso de ladrillo, el portal vecino tenía enfrente un tractor. Nos deleitamos de observar sensacionales viviendas rusticas y por ende sencillas, que reflejaban la alta calidad de vida de sus moradores. Ni número requerían, son identificadas por el nombre de quien las habita.

Nos sentamos al filo de un portal, y la pasividad absoluta se rompió en un santiamén con la canción que una sinfonola trasmitió y decía:

Que bonito es el quelite
bien haya quien lo formó
que por sus orillas tiene
de quien acordarme yo.

Camino de San Ignacio,
camino de San Gabriel,
no dejes amor pendiente
como el que dejaste ayer

Mañana me voy mañana,
mañana me voy de aquí,
y el consuelo que me queda
que se han de acordar de mi

Al pie de un encino verde
me dio sueño y me dormí,
y me despertó un gallito
cantando quiquiriquí

Cuando pases por el puente
no bebas agua del río,
ni dejes amor pendiente
como dejaste el mío.  
     

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