Sábado, 11 de Octubre 2025
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El Hijo de Dios y el Espíritu Santo

¿Podría Jesús haber llevado a cabo su ministerio y obra de salvación sin la presencia del Espíritu Santo?

Por: EL INFORMADOR

     ¿Podría Jesús haber llevado a cabo su ministerio y obra de salvación sin la presencia del Espíritu Santo? Es una pregunta extraordinariamente difícil, porque por un lado tenemos que considerar a Jesús como Dios mismo, aunque despojado voluntariamente de atributos divinos mientras estaba voluntariamente en la tierra, y por otro lado considerar que dentro del propósito de Dios, el Espíritu Santo debería estar presente y activo en el ministerio de Jesús.

     Aunque la pregunta entra en el campo de la especulación, nos inclinamos por la evidencia de lo que nos relata el evangelista Juan en 1, 29-34, donde describe que en el momento del bautismo de Jesús, el Espíritu Santo se hizo visible y, en forma de paloma, descendió sobre Jesús hasta posarse en él. Entonces, es indudable que durante todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Espíritu Santo le acompañó, haciendo su obra a través del Salvador.

     Pudiera ser que Jesús hubiera llevado a cabo su labor ministerial dependiendo de su propia sabiduría y su propio poder; después de todo, se trataba del Hijo de Dios, y en todo momento le vemos amando a su Padre celestial, y obteniendo su aprobación por su manera de vivir. No sería descabellado suponer que Jesús lo hubiera hecho solo, y lo hubiera hecho Él; sin embargo, si así hubiera sucedido, entonces nos perderíamos de una parte muy importante de las enseñanzas que Él nos dejó.

     Jesús no sólo se presentó como nuestro Salvador, es decir, aquel que nos rescata del infierno y nos abre el camino del cielo a través de su muerte en la cruz, sino que también se presentó como nuestro Señor, como el que debe gobernar nuestra vida y que nos ordena vivir de tal manera que cada día nos parezcamos más a Él.

     Aunque Jesús fue totalmente Dios, también fue totalmente hombre, y espera que nosotros, totalmente hombres, sigamos sus pasos para vivir de la misma manera que Él vivió mientras estuvo entre nosotros. En otras palabras, El vivió como hombre la clase de vida que Dios espera que vivamos cada uno de los que nos llamamos discípulos de su Hijo.

     Por supuesto que muchos de nosotros nos sentimos totalmente descalificados e incompetentes para tratar de vivir como Jesús lo hizo, pero esto no anula el llamamiento que Dios nos hace. San Pablo lo escribió así: “sean imitadores de mí, de la misma manera que yo soy imitador de Cristo”. Un imitador es un seguidor, alguien que aprende todos los días cosas nuevas que le hacen cada vez más parecido a su maestro.

     Por ejemplo, un aprendiz de un artesano puede llegar a hacer las mismas obras que su maestro, si pasa el tiempo suficiente con él, con una actitud de humildad y un deseo verdadero de aprender, viviendo con constancia y dedicación su tiempo como discípulo. Es lo mismo que Jesús espera de nosotros. De hecho, antes de partir al cielo, encargó a los apóstoles la tarea de que fueran por todo el mundo, para encontrar personas que quisieran seguir sus pasos, con el fin de llegar a ser lo más semejantes a Jesús que fuera posible.

     ¿Y en dónde entra la tarea del Espíritu Santo en este proyecto? El Espíritu Santo, al igual que lo hizo con Jesús, desea descender sobre nosotros para guiarnos en la voluntad de Dios y para darnos la capacidad o el poder de hacer la voluntad de Dios, incluso a pesar de nuestras numerosas debilidades. De hecho, la Biblia dice que podemos vivir una vida que agrade a Dios, si vivimos constantemente rendidos al señorío del Espíritu Santo dentro de nosotros.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com 

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