Jueves, 09 de Octubre 2025
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El Año de Darwin, Evolución y Fe

En un primer intento Darwin apelaba, como se mencionó en el artículo anterior, a un acto creador para la aparición de especies animales y vegetales en nuestro planeta

Por: EL INFORMADOR

Segunda Parte

      En un primer intento Darwin apelaba, como se mencionó en el artículo anterior, a un acto creador para la aparición de especies animales y vegetales en nuestro planeta. Sin embargo, todavía hay más cosas al respecto.
     Antes de Darwin, Jean Baptiste de Monet (1744-1829), caballero de Lamarck, conocido simplemente como Lamarck, propuso la primera hipótesis evolutiva en un documento publicado en 1809. Para Lamarck, las especies provienen unas de otras, de las más simples a las más complejas, de manera que los órganos de cada especie se desarrollarían como consecuencia de la adaptación al ambiente y los cambios serían paulatinos, produciéndose a lo largo de grandes periodos de tiempo.
     Lamarck pensaba que el fijismo era absurdo, porque los animales no hubieran podido sobrevivir, sin evolucionar, a las condiciones climáticas cambiantes, que en algunos períodos de tiempo fueron muy acentuadas. La originalidad de la propuesta de Lamarck consiste en afirmar que los cambios se producen por la adaptación al ambiente
      Algunos órganos se refuerzan con el uso que el animal hace de ellos, condicionado por el ambiente, y otros se atrofian y acaban eliminándose por el desuso. Así, tales modificaciones en los diversos órganos son trasmitidas por herencia a los descendientes. Los seguidores de Darwin apoyaban más la idea de una selección natural que la de Lamarck, por lo que los debates se hicieron intensos.
      Los recelos y problemas con el Darwinismo se centraron en la continuidad entre los animales y el hombre. Después de la publicación de “El origen de las especies”, Darwin publicó otra obra en la que defendía dicha continuidad. El problema, que subsiste hasta hoy, es el del desarrollo de facultades superiores del hombre, como la inteligencia y la capacidad lingüística. Darwin trató de resolverlo utilizando una explicación al estilo de Lamarck en el uso-herencia, hipótesis insostenible a la luz de las evidencias conocidas entonces, tanto como ahora.
     A pesar de ello, era también evidente que la evolución era la única forma de explicar la situación biológica conocida en ese entonces, aunque todavía quedaban más interrogantes que respuestas. Para el siglo XX, el debate se sitúa en un contexto más acorde a la realidad con el advenimiento de la genética, cuyos inicios se remontan a la década de los cincuentas. Watson y Crick, ambos laureados con el Premio Nobel, sentaron las bases modernas al descubrir la estructura del ADN. Más adelante, el Proyecto Genoma Humano, que duró trece años y culminó en 2003, nos dio la posibilidad de entender mejor los mecanismos por los que se heredan algunas características y los cambios (mutaciones) que también se llevan a cabo en nuestro material genético.
    Actualmente existe un consenso en la comunidad científica internacional, que podríamos resumir diciendo que la evolución se produce mediante la actuación de mecanismos como la selección natural, sobre pequeñas variaciones que ocurren en el material genético. Sin embargo, todavía existen cuestiones que generan vivos debates, pero ahora vistas desde la nueva perspectiva de las ciencias genómicas y, por consiguiente, desde una mejor perspectiva.
     Desde su inicio, la teoría de la evolución desarrollada a partir de las ideas de Darwin no ha tenido una aceptación pacífica, y ha dado lugar a una intensa reflexión filosófica. Ésta se aboca esencialmente a las causas primeras y a la finalidad, asuntos que han mostrado los caminos que conducen a la existencia de Dios. Desde el principio, el problema con algunas concepciones evolutivas es que dejan fuera la finalidad, esto es, el porqué existe o se da la evolución.     
     Santo Tomás de Aquino, pilar fundamental de la filosofía cristiana, escribe que “La naturaleza es, precisamente, el plan de un cierto arte (concretamente, el arte divino), impreso en las cosas, por el cual las cosas mismas se mueven hacia un fin determinado: como si el artífice que fabrica una nave, pudiera otorgar a los leños que se moviesen por sí mismos para formar la estructura de la nave”.
      Santo Tomás nos pone las bases para entender que la creación puede evolucionar por sí misma, pero con una finalidad, lo cual implica que el tema de Dios no puede apartarse de la reflexión pura y plenamente racional y que el ámbito científico contribuye necesariamente a la reflexión filosófica; esto es, la ciencia, a la que pertenece la teoría de la evolución tiene que ver con Dios. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.     

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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