Suplementos | 'Si ustedes no se arrepienten, perecerán' Dios no es Dios castigador El hombre ha sido creado para ser feliz, y por más que se esfuerce aquí, en el tiempo, nunca tendrá total felicidad... Por: EL INFORMADOR 7 de marzo de 2010 - 08:05 hs La página del Evangelio de este tercer domingo de cuaresma, relata cómo algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús recordó luego otro suceso trágico, cuando dieciocho hombres murieron aplastados por la torre de Siloé. El Señor, sabiduría infinita, iluminalas mentes de los hombres para saber entender los acontecimientos terribles como lo acontecido en Haití, más a través de una interpretación de aceptación, no como un castigo. ¿Cómo puede llamarse castigo, cuando son muchos y la mayoría inocentes? La naturaleza tiene su fisonomía, sus ciclos, sus leyes, y se va manifestando a veces bondadosa, cuando son flores y frutos en la primavera y el verano, y otras veces trae vientos helados, ciclones, tempestades. Es este globo de colores, es este vehículo girando al sol con sus manifestaciones varias, unas previstas y otras con el sello terrible de golpear desprevenidamente a las islas o a los continentes, se han de pasar los días y los años en este planeta, pues ésta es la vida terrenal. De esos dos acontecimientos llegó el Señor al tema importante. “Si ustedes no se arrepienten, perecerán” Jesús no les habla de que Pilato los mandará matar, ni de que serán apachurrados al desplomarse una torre. El verbo perecer está tomado en el sentido profundo de perder la vida eterna. El hombre ha sido creado para ser feliz, y por más que se esfuerce aquí, en el tiempo, nunca tendrá total felicidad. Por eso el verdadero sabio trabaja, lucha, se entrega para alcanzar la felicidad más allá, en la posesión de Dios, donde no hay llanto, ni temores, ni desgracias, ni efermedades, ni muerte. Los mártires cristianos han sabido soportar los tormentos --a veces con ira ciega, descargo de las iras de los verdugos--, porque los ha alentado la certeza moral de que después de un breve padecer les espera el premio por haber sido testigos intrépidos. La palabra mártir significa testigo. Testigo fue aquel brillante abogado Anacleto González Flores, quien con su palabra era el “maistro” --así le llamaban cariñosamente-- y dio testimonio con su vida sin repliegues, de una sola pieza. Le faltaba el postrer testimonio, el de la sangre, y allí en el Cuartel Colorado fue colorada, roja, la sangre allí derramada, corona y palma del testimonio perpetuo de su vida. Perecer es perder el derecho de todo hombre nacido de mujer a la felicidad eterna. En tal sentido habla el Señor. Nadie debe perecer; para eso se ha de proclamar la Buena Nueva, amor, misericordia, perdón. “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Invitación a la conversión La conversión no es un llamado a la penitencia. Cuando le fue echada en cara a David la comisión de su doble pecado --adulterio y homicidio--, el rey se despojó de sus brillantes vestiduras, se echó encima un saco, derramó puñados de ceniza y postrado en tierra exclamó: “Ten misericordia, Señor, porque he pecado; yo soy el culpable. Mejor tomar el sentido profundo “metanoia”, palabra griega que significa “cambio de mentalidad”. La cuaresma pide un cambio más profundo, desde adentro, y no meras obras exteriores. La verdadera conversión es una búsqueda profunda de los motivos por los que el hombre actúa; el porqué hace esto o aquello. Ir a las raíces de las propias acciones, con una oculta intención. Puede ser ilustrativo un ejemplo: alguien ha descubierto que con frecuencia habla mal de propios y extraños, y a veces hasta con añadidos de la propia imaginación. Y si tiene intención recta de mantener esa actitud contra la justicia, y más aún, contra la caridad, se pondrá a examinar su yo profundo: ¿Por qué critico? ¿Será por envidia? ¿Será por odio a tal o cual persona? ¿Será por vanidad y hasta soberbia? Decir: “Señor,te doy gracias porque yo no soy como los demás”, ¿será simplemente por ligereza o por irreflexión? Así, encontrada la raíz, evitar los malos frutos aparecidos en las ramas. La conversión no es un acto aislado; se va realizando en tarea continuada. Es la alegría de la madre cuando percibe que su hijo va cambiando, o la tristeza si el hijo se está echando a perder. Dios quiere que el hombre rasgue su corazón, no sus vestiduras Y ante todo, que la conversión sea poner en esto los buenos propósitos; animarse a practicar la justicia, a darle otra dirección, nueva, limpia, a la vida. “Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus maas acciones. Dejen de obrar el mal, busquen el derecho, levanten al oprimido, defiendan al huérfano, protejan a la vida”. Así habló Dios por boca del profeta Isaías (Is 1 6). Una lacra fundamental del cristianismmo a nivel masa, es la falta de compromiso personal. No se toma en serio en algunos la propia vida cristiana, ni en relación con Dios, ni en relación con las realidades temporales, familiares, política de los que es parte y responsable de su participación. A veces es una extraña separación entre religión y vida. La religión es sólo ir a misa y dejar en el platillo un billete de banco, y ya en el atrio ser otro. Afuera ya puede sentarse satisfecho, si se dice audaz y practica una justicia que no es justicia y está envuelto en estructuras antievangélicas. La relación de Dios con el hombre es personal Dios, espíritu puro, no cae bajo los sentidos, no se deja ver. Se manifiesta en su Hijo Jesucristom hombre en medio de los hombres, y sigue presente en la historia, en los acontecimientos, en la Iglesia, en los sacramentos y en la vida personal de cada creyente. Cuando el cristiano hace oración, establece una relación personal directa con Dios. el cristiano percibe, siente, una cercanía de Dios en su vida personal, siente el auxilio divino cuando está en un gran peligro, en una enfermedad, en un percance. La conversión, tema de este tiempo de cuaresma, es por tanto un asunto meramente personal. Es el hombre el convencido de responderle a Dios. Dios espera esa respuesta. El cristianismo debe tomarse como un compromiso personal. Es tomar en serio la relación de cada uno --así en singular-- con Dios, y con la luz divina tomar las realidades temporales, familia, trabajo, vida social, participación en la política conforme al plan de Dios. Cuando el cristiano pretende dividir entre religión y vida, está en un error. El cristiano dentro del templo, devoto en su misa dominical y ya en el atrio con un ateísmo práctico, no va por el camino bueno. No son las prácticas religiosas, sino vivir la justicia, el amor al prójimo, el servicio, los actos concretos, pequeños quizá a los ojos de los hombres, los méritos para llegar con las manos cargadas de buenas obras al final de la jornada llamada vida. No es la higuera estéril, bien cuidada y abonada, con hojas muy verdes, brillantes, ostentosas, pero sin frutos entre esas hojas, sólo vanidad. Breve es el paso del hombre en el tiempo, y este tiempo de cuaresma es una voz constante para dejar la indiferencia, la pobreza, y responderle a Dios de una manera personal, obedeciendo su llamado a renovarse, a ser actores prodctivos. No vivir con la idea del castigo, sino con la esperaza del premio de Dios rico en misericordia. Pbro. José R. Ramírez Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones