Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Vivimos, como ya se ha dicho mucho una acelerada invasión de las cosas mundanas en la vida personal y familiar

Decidir cambiar de vida

En días pasados, en su viaje pastoral a África, el Papa Benedicto XVI afirmaba que los preservativos o condones no son la solución al SIDA..

Por: EL INFORMADOR

     En días pasados, en su viaje pastoral a África, el Papa Benedicto XVI afirmaba que los preservativos o condones no son la solución al SIDA, sino, como lo afirma y predica la Iglesia, que la verdadera solución son la castidad, la continencia, la fidelidad dentro del matrimonio, por lo que todo creyente debe practicar todo esto.
      Y ¿qué hemos de hacer los auténticos católicos? Sencillo: Obedecerle como sucesor de Pedro y representante de Cristo en la tierra, tanto en este asunto como en todo lo de fe y costumbres, --aun cuando no hable “ex cátedra”, es decir como dogma de fe--. Por lo tanto, al hacerlo, obedecemos al Señor, estando ciertos de que cuando el Santo Padre hace declaraciones de tal trascendencia, además de que cuenta con la plena unción del Espíritu Santo, es que ya se ha informado ampliamente con los que conocen del asunto, sus asesores y sus comisionados en la investigación respectiva.
      Por otro lado, los que dicen ser cristianos-católicos, pero en la realidad no lo son, y forman parte de los que el mismo Papa ha dicho, “el nuevo paganismo”, ¿qué suelen hacer? Ignorarlo, como lo ignoran en tantas cuestiones de fe y costumbres, para  finalmente abandonar la Iglesia Católica, y hasta dedicarse a atacar al Sumo Pontífice y a la Iglesia en la cual fueron bautizados y a la que pertenecieron, pero no supieron ser fieles.
     Vivimos, como ya se ha dicho mucho, una acelerada secularización, es decir, una invasión de las cosas mundanas en la vida personal y familiar,  así como el grado de avance al que han llegado el materialismo y el individualismo; y ello ha provocado que  la figura de Cristo como Dios y Hombre verdadero, se desvanezca entre el grueso de la población cristiana, y junto con Él, la Iglesia que Él fundó, así como la autoridad que delegó a Pedro, a los apóstoles y sus sucesores.
     La jerarquía de valores de ésta se trastoca más y más, relegando todo ello a penúltimo lugar, cuando no a último, si es que, lamentablemente, como en muchos casos, ya no figuran en la lista.
     Es fácil que el ser humano --dada su naturaleza débil, frágil, inclinada al desorden, al desamor, al pecado-- se vea fascinado y se deje envolver por todo aquello que, sí, puede darle una satisfacción o un placer momentáneos, o un bien pasajero --intrascendente, pero que va en contra del plan de Dios--, y termina siendo esclavo del Enemigo, de sus pasiones, de su pecado.
     Es por ello que todo aquel que desee ser auténtico cristiano, debe tomar una decisión firme y definitiva para renunciar a todo ello, aceptar a  Cristo en su corazón, convertirse a Él y proclamarlo y hacerlo el único Señor de su vida, lo que implica obedecerlo, depender de Él, que sea Él quien dirija su vida en todas las áreas de ésta.
     Para ello, es indispensable conocerlo verdadera y profundamente, y ello se logra solamente siendo humilde ante Él. Ese conocimiento implica tener un encuentro personal con Él, amar su Palabra, meditando la Biblia todos los días, dialogando con Él en la oración, recurrir a las fuentes de gracia que son los sacramentos  y, sobre todo vivir como él vivió, amando sin fronteras.
     Ante todas estas realidades, la Iglesia destina estos tiempos de gracia como  son la Cuaresma y la Semana Santa, para insistir en su llamado a todos, especialmente a los bautizados, a reflexionar y darse cuenta de que Jesús no quiere seguidores y discípulos mediocres, tibios: o se es o no se es cristiano; que Él quiere todo, o mejor nada;  “no eres frío ni caliente; ojalá fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio...”. Y dándose cuenta, reaccionar y decidir cambiar de vida, cambiar de jerarquía de valores.
     Hoy que iniciamos la Semana Santa, el Señor, a través de su Iglesia, nos da una oportunidad --un tiempo de gracia podríamos decir único en el año--, para cambiar nuestra vida teniendo un encuentro personal con Él, al seguir de cerca y vivir con Él su Pasión, Muerte y Resurrección.

Francisco Javier Cruz Luna




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