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Suplementos | Por: Pedro Fernández Somellera

De viajes y aventuras

“Cuarenta peligros y un personaje de leyenda”

Por: EL INFORMADOR

El turista puede disfrutar de una aventura extrema sin temor a sufrir algún peligro en Los Altos de Jalisco.P.FERNÁNDEZ  /

El turista puede disfrutar de una aventura extrema sin temor a sufrir algún peligro en Los Altos de Jalisco.P.FERNÁNDEZ /

GUADALAJARA, JALISCO (12/DIC/2010).-  Allá en el Norte de Los Altos de Jalisco, un poco delante de Lagos de Moreno, ya en la salida rumbo a San Luís Potosí, precisamente en el kilómetro 40, tuve el gusto de encontrarme con un interesante personaje llamado Andrés Rodríguez.

Unos 50 y cacho de años tiene en su haber el hombre. Macizo y correoso como pocos. Calmado y parsimonioso como los que tienen un montón de historias por contar. Los kilómetros que ha recorrido por el mundo se le notan en las expresiones de su rostro y en lo claro de su hablar. Sus chispeantes ojos platican radiantes del entusiasmo que tiene por vivir… y  por compartir. Un ligero tartamudeo en su voz habla de los proyectos que parecen atropellarse por salir cada uno delante de los otros. Ocho veces ha recorrido en bicicleta el estado de Baja California, y más veces son las que ha bajado a rappel en cuanto sótano existe en México. No hay barranca y cueva en donde no haya estado. El Amazonas entero ha sido su camino más de un par de veces. Aquello que dice la canción: “no hay cerro que se le empine, ni cuaco que se le atore”, parece que le viene como anillo al dedo; en suma, un ejemplar de la fauna alteña digno de conocer… tanto por sus experiencias, como por los proyectos ecológicos y de aventura que está emprendiendo en la Presa del Cuarenta, a tan solo 20 minutos de Lagos, o a un par de horas calmaditas desde Guadalajara.

Un buen día dijo Andrés: “Ah…quieren peligro y aventura… pero con seguridad, ¡Pos ay les va…!” Dejó el negocio de las chanclas (era zapatero; no de los remendones, sino de los que los fabrican a toda ley) y siguiendo la llamada de la selva y apoyado por su familia recién formada, compró un cerro rocoso cerca de la presa y se puso -literalmente en cuerpo y alma- a construir un parque de esos que les dicen “extremos” ahí en el cañón que forma el Río San Luís al desembocar en la presa del Cuarenta.

No ha escatimado ni peso, ni esfuerzo, ni tecnología alguna para hacer un parque de deportes extremos, de lo mejor de lo mejor. Tiene no una, sino dos tirolesas por las que volando sobre el agua se cruza el cañón de lado a lado. Puentes movedizos que hay que cruzar, a veces sobre troncones y a veces sobre cuerdas suspendidas, ejercitando destreza y equilibrio. Senderos estrechos que bordean barrancas y cañadas espeluznantes. Rutas de escalada por las rocas altas. Bouldering en las piedras bajas como entrenamiento. Sol y más Sol. Agua y más agua para remar en kayak o hacer canotaje. Frío y calor hasta que digas basta. Y luego, un buen cobijo en las confortables cabañas con cocineta y humeantes chimeneas que -a precios más que razonables- han sido preparadas para la ocasión. Atardeceres y amaneceres que son gratis, y de primera para los que no hay que hacer reservación. Las caminatas a pie y a caballo con guías montaraces de la región son una delicia, tanto por los paisajes agrestes por donde transcurren como por las leyendas salpicadas de mentiras que se van cocinando durante la travesía.

Cuarenta peligros (sin peligro) son los que esperan al viajero avezado, que en busca de aventuras se atreven a cruzar Los Altos de Jalisco, para pasar un fin de semana diferente, rodeados de confort y buena plática, en un lugar auténtico e impoluto, que no se parece a ningún otro de nuestro Estado.
 No sería mala idea hacer una reservación previa en el correo electrónico: ecoturismo_el_roble@hotmail.com, o al teléfono (01 474) 741-1728. Pregunten por Andrés y por favor díganle que reciba un saludo de mi parte. No, no recibo ninguna comisión por esto; el solo hecho de visitar el lugar y escuchar de viva voz las mil y una aventuras que ha vivido este personaje -y contar además con su amistad- es ya una recompensa más que satisfactoria. La van a gozar, estoy seguro.

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