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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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Suplementos | Por:Pedro Fernández Somellera

De viajes y aventuras

La cueva de la momia

Por: EL INFORMADOR

Allá por los barrancones de Huápoca, en la sierra tarahumara, hogar de los rarámuri, no muy lejos de Ciudad Madera en las hermosas serranías de la Sierra Madre del Estado de Chihuahua, Carlos Lazcano y un grupo de científicos, auxiliados por gente de la región, tuvieron la suerte de encontrar todavía in situ y a la entrada de la cueva, el cuerpo momificado de una persona adulta, posiblemente femenina, en perfecto estado de conservación y con detalles sorprendentes como piel, pelo, uñas, y hasta algunos de sus dientes.

Una tela tejida con rusticidad que ceñía su torso y un par de petates envolviéndola completaban el atuendo mortuorio. Olotes, tallos de maíz, y hasta una mazorca completa dura como una piedra, pedazos de ollas y algunas herramientas pétreas posiblemente formaban parte del equipo necesario para su viaje al mas allá.

Actualmente esta momia descansa -a buen resguardo- en una salita-museo especial que está junto al motel “Real del Bosque” en las afueras de Ciudad Madera. que fue recientemente construida ex profeso por el Capitán Leal que es el dueño del motel.

En 1995, les decía, se hizo una expedición para explorar las cuevas que estaban al pie de un altísimo acantilado sobre la barranca del Arroyo del Venado, un poco antes del lugar en donde se une con el Río Chico; recónditos escondites en donde se decía que había varias momias.

Dos niveles interiores, con vestigios arqueológicos en ambos lados fueron los que se encontraron en una de las cuevas; siendo sin embargo en el nivel superior, en donde se encontró un conjunto de pequeñas casitas hechas de lodo y zacate que habían sido construidas al abrigo de la caverna. A ellas solamente se podía accesar escalando un rudimentario tronco de madera con muescas a los lados a manera de escalones que estaba reclinado sobre una de las paredes.

La cueva, que en algunas partes era de formación natural, y que en otras había sido labrada durante generaciones por sus mismos habitantes, tenía cuando menos unos diez recintos habitacionales aprovechando, a manera de techo, el formidable vacío de la pared; todas ellas se encontraban asomando a una gran ventana con insuperable vista, tanto al enorme precipicio que les servía de protección, como a la bastedad del panorama de la gran barranca, tan bella como profunda y lejana.

Esta momia, hace tiempo ya había sido encontrada por los vándalos buscadores de tesoros, y por fortuna abandonada en el piso de la habitación de una de las orillas, mientras con voracidad escarbaban afanosamente en el extremo opuesto.

Destruyeron todo con lo que se toparon, incluyendo algunas otras momias que se encontraban en el lugar, dejando regados por todo el lugar fragmentos inutilizados. Vasijas hermosamente decoradas con figuras geométricas al Estilo Paquimé fueron destrozadas para encontrar los tesoros supuestamente escondidos en ellas. Arrasaron con los vestigios de fogatas y alimentos desechados que serían testigos fieles de su manera de vivir el día con día.

Por suerte, este ejemplar fue dejado recuperado casi intacto, para luego ser enviado a buen resguardo y así poder efectuar estudios posteriores que nos revelen los usos y costumbres de quienes hace miles de años por la Beringia congelada fueron llegando a nuestras tierras.

Estos valiosos rastros de la cultura Paquimé -que forma parte de la llamada Oasisamérica-, están en grave riesgo dada la cercanía que se tiene con Estados Unidos, donde los compradores de antigüedades están ávidos de éstas piezas; y no puedo dejar de mencionar con tristeza, que el abandono y la injusta predilección centralista de nuestras autoridades es también culpable de lo que sucede.

Paredes perforadas por los saqueadores con el fin de tener más luz para explorar en los interiores. Fogatas hechas para quemar los soportes de madera de los techos para derrumbar los pisos superiores son una constante. Rastreos profundos y agujeros en los pisos en búsqueda de ollas y artefactos ha sido el principal motivo del saqueo, que no sólo ha afectado a casas y cuevas, sino también a otros vestigios igualmente importantes, como son momias, ollas- por sencillas que estas sean- y las pinturas (llámense interesantes relatos o simples graffitis costumbristas) de los muros.

Esperemos que publicaciones como ésta, sirvan para crear conciencia de que los tesoros que aún podemos descubrir en los sitios mismos que han sido debidamente conservados. Cuentitas y ollitas que podrán parecer nimias, posiblemente contengan partes importantes de nuestra historia que está ahí escrita, y que sin embargo los legos como nosotros no podemos descifrar. Dejémoslas intactas y reportémoslas a las autoridades, que ellos sabrán mejor que hacer. No dejemos que nuestra historia tenga que ser leída -e interpretada- en países extraños a nosotros.

deviajesyaventuras@informador.com.mx

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