Suplementos | Por:Pedro Fernández Somellera De viajes y aventuras La Playa Camarones de Puerto Vallarta Por: EL INFORMADOR 8 de noviembre de 2009 - 01:42 hs ¿Qué no tienen ni idea de donde está esa playa?... Creo que hasta gusto me da que sea tan poco conocida. ¿Qué si es de las nuevas playas ¨descubiertas¨ para “resortes” sofisticados de gringos y ricachones?... Nones. ¿Qué si es donde la Linda Martita ha puesto sus afiladas y manicuradas garras?... Tam-pico es el puerto. No, esta es una playita hermosa, para clase digamos clasemediera, en donde todo transcurre en hermosa armonía; donde las marcas de los diseñadores parecen no existir; y donde las barrigas y las pieles morenas se pueden exhibir rotundas y felices con toda tranquilidad y sin complejos. La enorme Bahía de Banderas se abre a uno y otro lado de nuestros ojos como si fueran cuernos de la abundancia; a la derecha y allá muy lejana se divisa, la antes encantadora y ahora ostentosa, Punta Mita; y a la izquierda se alcanza a distinguir entre una tormenta y otra la punta de Cabo Corrientes, en donde aún no llega la garra insensible de los ¨desarrolladores¨. El mar y sus olas revientan estruendosas a escasos metros del balconcito rústico que en un viejo y digno edificito al estilo del Puerto Vallarta de antes, tuvimos la suerte de alquilar por unos días. En la blanca y añosa construcción, calmada y parsimoniosamente se asoman unos rústicos balcones protegidos con tejados de barro, delicia abrigo y solaz para palomas, pelícanos y gaviotas y… de algunas otras aves de paso como nosotros. En Playa Camarones, aún antes del amanecer, corredores y caminadores parecen romper la oscuridad de la playa con sus siluetas casi azules en el trasluz brumoso de la madrugada. Elegantes policías ataviados de uniforme completo, calurosas botas y pistola y radio al cinto, se dibujan firmes y seguros entre las vigorosas sombras deportivas del amanecer playero. Rojos, atléticos y listos, anticipándose a la salida del sol, aparece el pelotón de salvavidas haciendo vigorosamente sus ejercicios del entrenamiento diario y dispuestos a ayudar a quien lo necesite (estése ahogando en el agua o en tierra firme). Una señora, de muy buen ver, con sus tenis y camiseta sudada, a paso firme surca la playa mil veces con toda tranquilidad. Otra pareja, siguiendo las reglas de etiqueta, levanta con su mano envuelta en una bolsa de plástico los desechos de su perro. Un cholo trasnochado, trata de poner en orden sus desvaríos mentales mientras se sacude la arena mojada de su cama ocasional, antes de que llegue la policía a escudriñar sus procederes. Pero nada pasa. Los correlones corren en la arena. Los caminadores caminan mojando sus pies en la espuma de las olas tibias. Los cuerpos sudan en el ejercicio diario y un grupo de chavos afanosamente se debaten en buenísimos (y muy recomendados) partiditos de fúrbol playero. Unas nubes altas ponen algodones en el horizonte, la plata se tiende sobre el mar, y un cielo redondo, mentiroso y finito parece hacer zozobrar los pensamientos que existan sobre el más allá. Enérgicas y animosas se oyen las voces cadenciadas de los atletas al amanecer. El sol aparece tras las montañas y la actividad se enciende en la pequeña playa. Los ánimos crecen y la motivación del espíritu deportivo reinante invita a todo mundo al ejercicio. La amodorrada calle empedrada y pueblerina de atrás del edificio, adornada por los casi olvidados cantos de los gallos, comienza a oler pan desde muy temprano, porque los de la panadería de enfrente ya sacan del horno “el pan de cada día”. El mini súper “Bolita” de la esquina abre sus puertas, como si estirando sus flojeras tratara de alargar una vacación que no le pertenece. En el silencio desacomodado de la callecita pueblerina y arrinconada, las luces de los faroles despiden al día anterior y los camiones de reparto salpican los charcos entre las redondas piedras de la calle. El pueblito que algún día fue Puerto Vallarta, por fortuna sigue existiendo en este breve escondrijo a tan solo una cuadra del tráfago de la ciudad. A una cuadra del Rosita; a dos del malecón; a unos cuantos metros del mar; y… a tantos años luz del reventón como quisieres, o tan cerca como lo pidieres. así es la desconocida (y por fortuna olvidada) Playa Camarones del viejo Puerto Vallarta. deviajesyaventuras@informador.com.mx Temas Pasaporte Lee También Zacatecas y La Antigua: Viaje a dos joyas históricas de México El arte de saborear Nayarit Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones