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Lunes, 21 de Octubre 2019
Suplementos | Pedro Fernández Somellera

De viajes y aventuras

En la isla de Bandarjhola en la selva de Nepal

Por: EL INFORMADOR

El Narayani, es uno de los ríos que baja de los Himalayas. Al pasar por Chitwan forma una de las Reservas Ecológicas de Nepal que están casi en la frontera con la India.

El río ahí se divide en dos corrientes diferentes que dejan, por así decirlo aislada, la pequeña y selvática isla de Bandarjhola.

Grandes cisus, ceibas, acacias y monte bajo enmarañado se pelean los espacios asoleados en lucha a brazo partido contra los altísimos y rectos árboles llamados Sal, que sosteniendo grandes lianas entreveradas dejan apenas lugar para que crezca, tanto el zacate elefante que llega a medir hasta 6 mts. de altura, como la vegetación nativa.

La isla, además de ser uno de los principales habitats del tigre de bengala (Bagh), como de los enormes cocodrilos de pantano y los extraños Gharial, que siendo parecidos a los cocodrilos tienen su hocico largo y delicado con el que pese a su gran tamaño se alimentan de pequeños peces y roedores.

Los enormes rinocerontes (Gaida), también  aparecen con frecuencia entre la maleza; al igual que los osos (Bahlú,) y los grandes y agresivos jabalíes (Badel) que llegan a pesar hasta 250 Kg., con sus colmillos a veces hasta de 20cm. de largo, que por sus embestidas repentinas y escalofriantes son temidos hasta por las panteras (Chitwa).

Muy seguido, también suelen aparecer entre los claro-oscuros de la selva, los venados moteados; otros muy raros de cuatro cuernos; y otros más que emiten sonidos parecidos a los ladridos de un perro. Todo esto, sumados a los cantos de los monos aulladores y los gritos de los pavoreales salvajes, completan la confusión que crean las manadas de changos que saltan sin cesar en las copas de los árboles creando un ambiente alocado y montaráz.
Es sobrecogedor el contraste que se hace entre toda esta algarabía, con la parsimonia y el paso calmado de nuestra hermosa Hatti: grandota, trompuda y orejona, que dulcemente va obedeciendo las delicadas órdenes que tras de su oreja y con el pié descalzo el mahout (amo-entrenador) le va indicando. Es de admirar la estrecha relación que existe -prácticamente de por vida- entre el elefante y su mahout.

Un día, salimos mi amigo Dawa y yo a dar un paseo montando a Heera Kali, su elefanta más querida con más de 30 años de edad. Sin meternos en la espesura, caminábamos con toda calma por la orilla del río cuando de pronto vimos -cómo a unos 300mts de nosotros y en la orilla opuesta- a un enorme rinoceronte. A pesar de ello seguimos caminando a la vera de la corriente. De pronto, aquel tanque de guerra reparó en nuestra presencia; se quedó mirándonos con sus ojillos miopes; movió temblorosamente sus orejas y… empezó a avanzar hacia nosotros con un paso cada vez más impetuoso; cosa que tanto Dawa el mahut como Heera la elefanta, comprendieron que era el principio de un ataque impetuoso.

Sin más, aquel binomio de hombre y bestia, conmigo a cuestas, en una pavorosa huida arremetieron contra la selva espesa cual potente caterpillar sin tener en cuenta ramas ni maleza, de la que -no sé cómo- salimos ilesos los tres.

Dawa, en aquella angustiosa carrera, continuamente volteaba hacia atrás para ver si el rinoceronte continuaba la persecución mientras esquivábamos cómo podíamos las ramas que pasaban a gran velocidad por encima de nuestras cabezas.

Unos larguísimos diez minutos tuvieron que pasar en la precipitosa huida antes de convencerse -amo y bestia- de que nuestro atacante había desistido en su propósito.

En un claro del bosque al fin nos detuvimos; pero era tal la adrenalina contenida por ambos, que un pequeño árbol de unos 4mts de alto y unos 6cm de diámetro con el que topó la cabeza de Heera, a una orden del mahut sin piedad lo derribó con su frente, para luego, con su fortísima trompa, cómo si fuera una lechuga, lo sacudió con coraje lanzándolo a varios metros de distancia. Después de eso, los dos respiraron los profundamente, y una vez habiendo aliviado la tensión… continuamos por medio de la selva en busca de nuevas experiencias cómo si tal cosa.

¡Esta fue una experiencia de esas que de a de veras se acelera el corazón; lo prometo.

deviajesyaventuras@informador.com.mx


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