Suplementos | El haragán culturoso Darío y Nicola Con la alegre compañía de la lega de Paulina Barletta esta al sur de Italia, en el taconcito de la bota Por: EL INFORMADOR 12 de septiembre de 2009 - 02:20 hs “Una mattina mi son svegliato O bella ciao, bella ciao bella ciao ciao ciao Una matina mi son svegliato. E ho trovato l’invasor” “Una mañana me he levantado levantado O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao Una mañana me he levantado Y me he topado al invasor” Barletta esta al sur de Italia, en el taconcito de la bota, al lado de Trani, cerca de Nápoles y Bari. Está cerca del mar, es un pueblo de pocos habitantes, con el aire estancado que le dan sus anacrónicas y bárbaras costumbres, es el pueblo en el que nacieron Darío y Nicola para hacerse amigos en un barrio de arrabal. La gente de Barletta tiene duro el cráneo, cuentan, y no acepta las cosas nuevas y toma el café de acuerdo con los seis mil 400 mandamientos de la ley de la ridiculez. A Darío le gusta el hip hop y es un Bboy, lo que quiere decir que baila una cosa que es como la nieta del break dance, es un baile acrobático y complejo que tiene un grupo de seguidores por el mundo, como lo tiene el vampirismo, el piercing de todo el cuerpo y la ropa 65 tallas más grande de lo normal. Darío conoce la América, gran parte de Europa y ha bailado en Oceanía. Cuando viaja trabaja de garrotero y baila en su tiempo libre, o bailaba porque ahora se ha lastimado una rodilla. Quiere ir a América, para juntar dinero para su operación. Nico viajará por primera vez fuera de Barletta en compañía de Darío, quiere conocer el mundo. Darío, además, tiene un amigo en América que les ha ofrecido el sofá cama de su casa por el tiempo que fuese necesario para instalarse (les tomará todo el tiempo instalarse porque de los italianos del sur se dice que tienen los brazos tan cortos que les es practicamente imposible alcanzarse la cartera). Su amigo es un mexicano llamado Rosendo, alegrísimo cocinero poblano y orgulloso arrendatario de un departamento de un solo cuarto y una mini cocina en un barrio Jamaiquino al centro de Brooklyn. A este apartamento llegan los italianos. Darío y Nico consiguen trabajo inmediatamente, pero la primera noche Nico se extravió porque los trenes cambiaron su ruta y porque en un esfuerzo por parecer letrado en materia de viajes y paises, decidio no anotar el domicilio del mexicano y en lugar de esto someterlo a su desmemoria. “No, no, stai tranquilo, io lo mi lo ricordo”, afirmo, ligero, seguro de sí, el timorato, dando manotazos. Esa misma noche en la estacion, nico lloraba a un policia cuyo tatarabuelo era siciliano lo que en la cabeza del azul, que habia visto demasiadas películas de gangsters, era una suerte de honor, por lo que decidió ayudar al italiano que apenas podía balbucir en inglés. chu… chu… chu… rch aveniu” atinaba a vociferar nico en medio de su llanto y moquera el tal Nico. Sorprendiéndonos con sus capacidades, en un acto digno del doctor Watson, el policia encontró el número telefónico de casa del mexicano. Nico, por alguna razon, lo había apuntado y siendo el único dato tangible entre los papeles, el sacacorcho y las servilletas arrugadas que guardaba en sus bolsillos, el policia considerolo una pista digna de investigación. La conversación duró poco y Nico volvió pronto a casa. No hubo, en los siguientes días nada digno de mención salvo el hecho de que un mal hado parecía seguir a Nico quién perdió su ropa interior en la lavandería. Al paso del tiempo, las cosas se fueron organizando. Darío se levantaba temprano y exigía silencio por las noches en sus días de trabajo, cuando descansaba se acostaba tarde y parlaba con la videocámara con sus amigos sin conmoverse al ver los tristes intentos de Rosendo y Nicola por dormir en este mar de ruidos en dialecto barlettano. Nico se organiza, compra café y huevo, leche y arroz. Darío lo come y ambos pasan su tiempo libre en ropa interior tirados en el cuarto de Rosendo, dedicados a un ocio pestilente. Rosendo cuenta la historia en su trabajo y un mesero de Nueva Orleans compone un tema musical que le canta todo el día. La canción se intitula: “Pasándola de poca, en mis calzones, todo el santo día, en tu cuarto”. Rosendo no sabe como mandar a la tiznada al desgraciado de Nueva Orleans y a los dos desgraciados de Barletta. Nico se levanta, hace pesas, come, plancha su ropa, toma dos litros de café, habla con sus amigos, se viste, va al trabajo por 11 horas y repite la rutina. Se lleva a la buchaca 50 dólares al día. Darío se levanta a las seis, va al trabajo, hace trampa en la registradora, llega diariamente con tres o 400 dólares de robos en contante. Y pasan sus días de descanso en casa, sin salir nunca, sin gastar un duro en nada, viendo caricaturas, siempre en calzones, comiendo en la cama, volviendo loco a un tímido; Rosendo que no encuentra el modo de correrlos. Ya sé, ya sé ¿y Paulina? vamos a eso: Paulina nació en un pueblo minúsculo en alguna parte del centro de México, que por motivos literarios llamaremos Tenamaxcaltenango del Oriundo. Ha intercambiado correspondencia con Rosendo que la recuerda de cuando era adolescente y tenía un talle de diosa. Hoy por hoy Paulina es una vaca torpe. Las cartas, gracias a los dulces aromas del recuerdo, tenían ciertos tonos de sugestión y erotismo. Paulina, que ha cortado con su novio, piensa viajar al norte en busca de flores y esperanza. Rosendo opina que puede conseguirle trabajo y piensa que será un perfecto motivo para mandar a los italianos, de una vez y para siempre, a freír espárragos. Paulina llega un día sin avisar, gorda, bigotona, sudada, flácida y terrible. Rosendo la mira, horrorizado. No puede con el cuadro, la deja plantada a media sala, le dice que debe salir, corre con la vecina, le consigue un cuarto de renta que paga inmediatamente, regresa a su sala, toma la maleta de Paulina y se inventa un cuento puritano para instalarla con la vecina. La torpe, torpe Paulina, lo mira con sus bobinos ojotes y asciente. Paulina, como era de esperarse, duerme con la vecina pero se la vive en casa de Rosendo donde ya no cabe un alfiler entre los italianos en calzones y la niña de Tenamaxcaltenango, que por cierto es buena con ganas para eso de preguntar zandeces: Qué si es de madera el Puente de Brooklyn, qué si sería posible que los carros usaran algodón en vez de gasolina, que para qué sirve una máquina de humo, que por qué se llaman galletas de mantequilla si son de masa... Y déle que déle con su cajón dando grasa... Rosendo, por joder nomás, está pensando seriamente en ahorcarse en el baño con su corbata roja. Por: Jorge Zul de la Cueva Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones