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Jueves, 15 de Noviembre 2018

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Suplementos | Curiosidades de los Juegos Olímpicos

Cultura deportiva

El espíritu olímpico aún se mantiene, pero en la misma Olimpia, empezó a desvirtuarse el sentido amateur

Por: EL INFORMADOR

¿Cómo se premiaba?

El premio consistía en una simple corona de hojas y ramas del olivo sagrado, que crecía en los bosques de los montes que rodeaban a Olimpia.
Estas hojas y ramas, tenían un proceso muy especial, se tenían que cortar con un cuchillo de oro, y esa tarea no la podía hacer cualquiera, era cumplida por las manos inocentes de un “niño feliz”, ¿por qué era considerado feliz? porque tenía vivos a su padre y a su madre y además sanos.
Desde esos años se creía más en los niños y se les consideraba felices y más conservando su alegría, por tener completa a su familia.

La “corona de olivo” de los triunfadores

Poseía sin embargo un alto valor simbólico, significaba el desinterés, sin esperar recompensa alguna, por el simple deseo de ser útil a la humanidad, ¿realmente esto es cierto?
La gloria y el honor eran extraordinarios: se grababan con letras de oro sus nombres en los registros de la Limpia; se le erigían estatuas; se les eximía de los impuestos hasta su muerte; se podía abastecer gratuitamente en los almacenes de la ciudad y lo más importante, se le daba un cargo público por el resto de su vida.
Actualmente aún en nuestro país se dan algunos casos muy... similares: Felipe “El Tibio” Muñoz, del Comité Olímpico Mexicano, es un ejemplo.

Los profesionales

Por ejemplo, las ofrendas al vencedor del Primer Maratón de los Juegos Olímpicos efectuados en Atenas en 1896 al griego Spiridon Louis, rebasaron el valor exclusivamente de lo simbólico: un barbero le ofreció afeitarlo sin costo mientras viviera, ¿que mala idea... no?, paso sin ver.
Un sastre le vestiría para siempre; el dueño de un restaurante, darle de comer cuando él quisiera; el limpiabotas, asearle diariamente su calzado sin cobrarle jamás.
Con estos antecedentes casi bíblicos, pretendió el pionero de los Juegos Olímpicos, el francés Avery Brundage, luchar contra la realidad profesional que invade al deporte actual.
Los profesionales siempre existieron aunque el espíritu olímpico se mantenía, pero muchos fueron descalificados, ahora sólo son descalificados los que no resisten triunfar por sus propios medios o cualidades y optan por fortalecer de cualquier manera sus posibilidades con substancias prohibidas, tomando ilegal ventaja sobre el resto de los atletas sanos, ejemplos de medallas de oro importantes sobre todo en la Unión Americana son frecuentes por parte de grandes ídolos con pies... de barro.

Jim Thorpe

Un atleta “Piel Roja” de Oklahoma, Estados Unidos, es un ejemplo de una de las más grandes injusticias de la historia. Fue un genio atlético, campeón olímpico en Estocolmo 1912, campeón olímpico medalla de oro en 15 pruebas, sí eligió pentatlón y decatlón, ganando 200 y mil 500 metros, lanzamiento de disco, bala  y jabalina, salto con garrocha, sí, 15 pruebas para un sólo hombre.
El único hombre que ha vencido en ambas competencias, pero como jugó béisbol, recibiendo apoyo sólo para viáticos y comida, se le desconocieron sus méritos, fue despojado de sus medallas y si buscamos en los récords, no existe ni existió, fue borrado totalmente.
“Genio del medio siglo, quien sufrió la intolerancia de los mediocres frente al brillo de los iluminados por la gloria”.
Actuamente los Juegos Olímpicos siguen, pero... todos van no sólo por la gloria, ya no son tan tontitos, la gloria y el bienestar económico van de la mano, lo uno va con lo otro, no existe ese hueco o intolerancia extrema que sacrificó a muchos hombres y mujeres notables.

por: alfonso arzápalo

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