Suplementos | El hombre sabe que es caminante porque va en el tiempo Cuaresma, tiempo de gracia El hombre no sólo es un ser que existe, sino un ser que piensa, ama, crea, construye y actúa libremente Por: EL INFORMADOR 20 de febrero de 2010 - 12:47 hs El hombre no sólo es un ser que existe, sino un ser que piensa, ama, crea, construye y actúa libremente. El hombre piensa lo que es, quién es. El hombre es un ser que tiene la capacidad de conocerse, de reconocerse; que tiene el don aprobar o no aprobar el sentido que lleva su vida; que puede ratificar su manera de ser, o rectificar si reconoce. El hombre sabe que es caminante porque va en el tiempo. Un día empezó y sabe que lo que viene en el tiempo termina. Por eso es capaz de decidir la dirección de su propia vida. Por eso en la Cuaresma hay un signo, la ceniza: “acuérdate, hombre, de que polvo eres y en polvo te convertirás”. ¿Dónde estaba el hombre, éste de hoy, hace cien años? ¿Dónde estará dentro de cien años el hombre de hoy? Cuaresma, tiempo de reflexión Si el hombre reflexiona, no es solamente para crear todos esos prodigios con que ha deslumbrado, singularmente en el siglo XX y en esta década del XXI. Cada día surgen nuevos inventos, nuevas máquinas, nuevos portentos de la inteligencia humana, pero el negocio más importante del hombre es contestarse a sí mismo: “¿Yo para donde voy? ¿Cuál es el sentido que debe tener la vida en orden hacia el más allá?”. Por eso la Cuaresma invita a hacer un alto. Es como el caminante en el desierto: días y días sobrellevando el calor en el día y los vientos helados en la noche. Pero qué alegría llegar al oasis donde las aguas son frescas, donde los árboles dan acogedora sombra, donde puede sentarse a pensar “¿de dónde vengo y a dónde voy?; y enderezar el camino, si lo ha torcido, o ratificar la dirección a donde lo dirigen sus pasos. Así es la Cuaresma. Puede entenderse como el oasis para ese hombre del siglo XXI, siempre tan de prisa, siempre con las manos puestas al volante del automóvil, siempre con el radio puesto a volumen alto para no perderse la última noticia, siempre distraído por las cosas cercanas y ausente de las cosas trascendentes e importantes. Así es la Cuaresma. ¿No valdrá la pena buscar en esta Cuaresma el tiempo oportuno de reflexión? ¿No será oportuno que además de las preocupaciones cotidianas: el sustento, las relaciones, la vida social, la vida política y la familiar -- todas esas cosas que ocupan el tiempo de cada día--, se piense en que “yo, que ahora estoy, un día dejaré de estar, yo, que un día me tendré que encontrar con mi final? ¿Cuál es la dirección? ¿Cuál es el sentido? ¿Qué debo hacer?”. Tener presente que la Cuaresma es un tiempo para reflexionar... El Señor Jesús inició este santo tiempo de Cuaresma Antes de su vida pública Jesús, voluntariamente, guiado por el Espíritu Santo, se retiró al desierto cuarenta días y cuarenta noches de silencio, de oración y de penitencia. Él, como Hijo de Dios, no necesitaba de penitencia, sino que la hizo por los demás hombres. Él da ejemplo de comunicación con Dios y enseña que en el silencio se escucha mejor la voz de Dios. El mundo de ahora está lleno de ruidos externos: las máquinas, los automóviles, los aparatos de sonido, tan útiles, pero que, a veces por estruendosos, alteran el ritmo de la vida. Pero hay otros ruidos, los que llevamos dentro: los ruidos de las pasiones, la codicia --¡qué ruido interior!--, el afán de poder, el afán de placeres. Es tiempo de aplacar esos ruidos internos, para que en el silencio se deje escuchar la voz de Dios. Cuaresma, tiempo de oración ¿Qué es orar? Tal vez algunos han perdido el sentido de la oración. Orar hace al hombre grande; hace al hombre humilde. Grande, porque hace entrar al hombre, la creatura, en comunión con su Creador. Humilde, porque siente su pequeñez y siente que por sí solo nada puede hacer. La Cuaresma es tiempo de orar. Hacer oración con fe. La oración sin fe sería una pura ideología filosófica. Hacer oración con caridad. La oración sin caridad es imposible, porque al orar la creatura se encuentra ante su Creador que la ha creado por amor. Cuaresma, tiempo de renovación “Quien se tiene a sí mismo como maestro, es discípulo de un loco”, decía San Bernardo; y, humildemente, añadía: “Yo lo he experimentado”. La Cuaresma es tiempo de renovación, de dejarse envolver por la luz de quien hace nuevas todas las cosas. Es tiempo de modificar el camino, si se ha desviado. Renovarse es buscar construir la vida con los criterios de Dios y dejar de lado los criterios humanos. Es renovar la forma de vivir, de hablar y de relacionarse, de entregarse y hasta de pensar (metanoia). Es ver la vida desde otra perspectiva. Es descubrirlo todo con los ojos de Dios y amarlo todo como Dios lo hace. La renovación implica esfuerzo, decisión, entrega y generosidad. Cuaresma, tiempo de buscar el plan de Dios La Cuaresma dispone el oído a Dios, que habla, que llama a encontrar su Palabra que tiene un plan para el hombre. La Palabra viene al encuentro del hombre a cada momento. Es necesario saber escuchar. El salmista, en este tiempo de un modo especial, invita a “escuchar hoy la voz de Dios, no endurecer el corazón”. Escuchar será una gracia; endurecer el corazón, una desgracia. Hoy es necesario encontrar el camino que lleva al Padre, el camino de retorno. Y tener presente siempre: Cuaresma, tiempo de Gracia. Pbro. José R. Ramírez Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? 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