Suplementos | “Señor, que me conozcas; Señor, que te conozca” Cristo enseña a ser y a vivir como hijos de Dios La vida entera de Cristo queda sin sentido, si se le despoja de su categoría divina Por: EL INFORMADOR 30 de enero de 2012 - 06:50 hs . / En este cuarto domingo ordinario del año, el evangelista San Marcos presenta una escena: el lugar es la sinagoga de Cafarnaúm, el que habla es Jesús de Nazaret y los que escuchan admirados, asombrados, son mucha gente sencilla que acudió, como lo acostumbraba hacer los sábados, a escuchar la Palabra de Dios y a orar. Ahora quien les habla no es uno de sus doctos en la ley y los profetas, ni es un escriba versado, familiarizado en las Escrituras Sagradas. Ahora es un galileo, según dicen, hijo de un artesano. Pero ahora todos lo escuchan llenos de admiración y asombro. “Enseña como quien tiene autoridad y no como los escribas”, afirman. Sus palabras son claras, inequívocas. Nadie había hablado como él. Por eso desde ahora lo seguirán buscando; recorrerán largos caminos para encontrarlo, se olvidarán hasta de comer para aprovechar su presencia, escuchar su voz y ser testigos de sus milagros. Y con inauditos milagros Cristo confirma su mensaje. Realiza muchos milagros, muchos hechos portentosos apoyados en su propio nombre, en su propio poder. La vida entera de Cristo queda sin sentido, si se le despoja de su categoría divina Ignoraban los reunidos en la sinagoga, quién era aquél al que escuchaban absortos. Percibían en él algo distinto, muy alto, muy bello. Pero ignoraban que ya era la plenitud de los tiempos, que ya estaba frente a ellos el Mesías. Han corrido veinte siglos y muchos todavía no han abierto los ojos del alma, para ver en Jesús de Nazaret no al hijo del carpintero José, sino al Hijo de Dios. En este siglo XXI, para muchos Jesús es medio desconocido, o “el desconocido”. Los hombres de estos días, enfermos de prisa, acosados por los ruidos y por un bombardeo continuo de imágenes fugaces, no han tenido ni pensamiento ni calma para buscar, encontrar y conocer a Cristo. “Señor, que me conozcas; Señor, que te conozca” La anterior es una breve súplica hecha por San Agustín, hace quince siglos. Recibió el bautismo a los treinta y tres años, y comprendió que ese era el inicio de su vida en seguimiento de Cristo; mas debía conocerse así mismo, sus valores y sus carencias, y tener una imagen profunda de quien lo atrajo a su amor y a seguirlo. Esa misma plegaria ha de ser la del creyente de estos días, porque sobreabundan las falsas noticias, las medias mentiras y las mentiras enteras sobre la persona de Cristo y su Reino, la Iglesia. Muchos se han dejado arrastrar por un libro, una novela --”El código da Vinci”--; y si es novela, es ficción, es falso. Sin embargo, es propio de los precipitados no razonar, prefieren vivir en un mundo de ficción. Así se explica la enorme difusión del libro en más de sesenta ediciones y haber sido traducido a cuarenta idiomas. Alguien afirmó que algunos al leerlo no perdieron la fe, sino que perdieron la capacidad de juicio crítico --si es que antes la tenían--; y más todavía: perdieron la capacidad de razonar, al aceptar como hechos históricos los sueños fantasiosos del autor, ahora un afortunado en dinero. “Jesús de Nazaret” Hace cuatro años el Papa Benedicto XVI sintió necesidad de entrar en diálogo no sólo con los cristianos, sino con todos los hombres de buena voluntad, por medio de su libro “Jesús de Nazaret”, y comunicarlo. Con mirada serena y con sabiduría sale al paso ante todas esas ideas de los últimos años, que intentan reducir la figura del Jesús histórico a un mero moralista o un profeta nada más. Sostiene su fe y razón a la vez que la verdad, y su significado auténtico es que en verdad es el Hijo de Dios. Es un Papa muy sabio, un cristiano entregado desde su niñez al servicio del Reino, y su fe es el aire que respira. “Dios es razonable y la religión es razonable”. Así dijo en su conferencia de Regensburg. Conocer, amar, servir y dar a conocer a Jesucristo, tal como lo enseña el pastor de la Iglesia Universal, ha de ser el anhelo de todo cristiano. El pueblo de Dios es un pueblo profético En el Antiguo Testamento, los hombres bautizados fueron llamados por Dios “pueblo de Dios, pueblo en marcha”. En estos días han de ser “discípulos y misioneros” para esta Iglesia de América Latina y del Caribe, conforme a las renovadas directrices de “Aparecida 2007”. Ser misioneros es una gracia, un don divino, la vocación de proclamar el evangelio y predicarlo ante todo el mundo, con el testimonio de la conducta personal y familiar en el ambiente propio. Ser profeta es una vivencia y una exigencia. El profeta ha de ser humilde y auténtico, porque siempre ha de tener presente el ejemplo de San Juan Bautista, su condición de siervo y no de Señor; más aún, ser un instrumento, y éste ha de ser eficaz para transmitir una doctrina sublime a la cual ni se ha de agregar ni quitar una coma. El siglo XXI pide profetas laicos. Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), la Iglesia ha pugnado para darle un lugar muy importante a los laicos en la tarea de la evangelización. ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? La multitud presente en la sinagoga de Cafarnaúm no salía de su asombro, pues allí, ante sus ojos, Jesús de Nazaret con el imperio de su voz curó a un hombre poseído por un espíritu inmundo. Éste se puso a gritar y el Señor le ordenó: “¡Cállate y sal de él!”. Todo era nuevo para ellos. Ya serían testigos, en los tres años siguientes, de otros muchos signos, muchos milagros. Y nuevo también era el mensaje. Ya verían a Jesús entre publicanos y pecadores, y estaban conociendo y escuchando la nueva doctrina, el misterio del amor de Dios a los hombres. Ya no la ley del amor, sino la ley del amor a Dios “porque Él nos amó primero” y “al prójimo como a ti mismo”. Al prójimo a quien sí vemos, por amor a Dios a quien no vemos. Bien decían los allí presentes, que Jesús enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones