Sábado, 11 de Octubre 2025
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Cortesía reloaded

Las ''buenas maneras'' que ayudan a la convivencia entre las personas evolucionan con la sociedad. Esos códigos tan variados dependen de cada grupo social y cultural

Por: EL INFORMADOR

CULTURA MACHISTA. En algunos círculos sociales abrirle la puerta a la chica puede ser motivo de debut y despedida en la primera cita.  /

CULTURA MACHISTA. En algunos círculos sociales abrirle la puerta a la chica puede ser motivo de debut y despedida en la primera cita. /

GUADALAJARA, JALISCO (20/ENE/2013).- A René Paz le enseñaron que hay que ser educado. Y eso para él significa saludar a los desconocidos durante su paso por la ciudad. Tiene 26 años de edad, es estudiante. Está muy orgulloso de su singularidad.

René está sentado sobre el camellón Chapultepec. A su lado, un trío de jóvenes también “saluda” a las señoritas que por ahí transitan, pero a su modo, sienten que ser hombres les da derecho a opinar sobre el aspecto de ellas, casi siempre con referencias sexuales; una práctica común que padecen las chicas en la ciudad.

Hay de saludos a saludos.


Pero qué es la cortesía. ¿Es la misma ayer que hoy, cómo ha evolucionado? Para muchos aún es fácil recordar esas primeras palabras que los padres enseñan a sus hijos: por favor y gracias. Aún si éstas van dirigidas a completos extraños. ¿Las formas han cambiado? ¿Hay que regresar a la forma de vida de los abuelos? Hay opiniones de todo signo.

René espera con paciencia la llegada de un acompañante. Pero advierte que una falta de respeto -como su madre le enseñó- es ser impuntual. Se considera cortés: le cede el paso a las damas, utiliza correctamente los cubiertos en la mesa, viste dependiendo la ocasión. Creció con la idea de que esas son buenas costumbres.

No es que sea un ñoño. Los códigos de cortesía varían dependiendo diversos factores sociales y culturales. Entre los skatos, los darks o los reggaetoneros o cualquier estrato social que pueda ocurrírsele hay maneras de ser cortés, de buscar ser aceptado, de halagar, de demostrar respeto. Los buenos modales son muchos y los aplica cada quien en su círculo social a conveniencia.

¿Quién dicta lo que es correcto e incorrecto? ¿Cuáles conductas gobiernan a la sociedad? Algunos hablan y defienden sus posturas esgrimiendo argumentos machistas, de manipulación y control por parte de los medios de comunicación.

Hubiera querido mostrarle el dedo medio a aquél conductor que detuvo su auto sobre las líneas que marcan el cruce peatonal. Reclamarle a aquella chica que arrojó la colilla de cigarro en el suelo a pocos pasos de un bote de basura. Decirle algo al mesero que sirvió de mala gana. Quiero juzgar a todos los que a mi consideración  no se comportan adecuadamente. Ahí el primer dilema y la respuesta a este tema.

Carácter moralino, hipócrita

Francisco Salinas Paz, filósofo y académico de la Universidad de Guadalajara señala que la sociedad tapatía, en general, es muy conservadora “con una visión muy unitaria, muy monocromática del mundo”, por lo que las ideas de las reglas sociales, de urbanidad y “buenas costumbres”, aún permanecen arraigadas a un sector social estrecho y discriminatorio.

“Toda regla tiende a excluir grupos, intereses, voluntades. Muchas de esas exclusiones en ocasiones son injustas, y eso hace necesario que cambien las reglas. El punto es que lo que se considera estimable, se objetiva en reglas y el proceso para lograr estimable una conducta humana, en ocasiones, es un proceso de manipulación. Casi siempre es un proceso que va detrás de la realidad, porque la realidad es más compleja que el pensamiento humano”, explica Salinas Paz.

El académico que recién regresó de San Francisco, Estados Unidos, luego de vivir cuatro años allá. Para ejemplificar lo dicho, recuerda lo que indica el famoso Manual de Carreño sobre el modo de proceder para ir a la cama a dormir. “Decía que las manos debían mantenerse fuera de las cobijas. Una regla que contenía un principio muy claro, a propósito de cómo vivir tu sexualidad. Pero no lo refería, lo decía de manera muy oculta (…) excluía la autosatisfacción sexual porque no puedo meter las manos debajo de la cobija, porque entonces manipulo mis genitales. Esto está asociado con una la institución que se llama Iglesia Católica y con una serie de normas que imponen para regular tu sexualidad, vida, conciencia, etcétera”.

El filósofo afirma que “de alguna manera, el Manual de Carreño era excluyente. La historia está llena de estas historias, de cómo las normas sirven para excluir ¿Qué es el respeto? Más que respeto, es el contexto. ¿En qué contexto está Guadalajara?”.

En la calle se ve de todo. Cada quien hace y se relaciona a su modo. No importa el lugar, lo mismo sucede en la colonia Jalisco, que en Puerta de Hierro. Existen símbolos, acciones y situaciones que reflejan el vivir de la ciudad, el país, el mundo.

Hoy nos fijamos más en quien bota la lata de refresco en la jardinera, pero ya no importa tanto que las mujeres caminen del lado de la pared cuando van acompañadas de un hombre; y un hombre que le abre la puerta dela auto a una chica puede ganarse un insulto y celebrar debut y despedida en la primer cita.

Dolores Muñoz Cano, maestra de sociología de la Universidad Autónoma de México (UNAM), especifica que, antiguamente, las buenas costumbres partían desde un carácter “moralino, hipócrita y religioso”, siempre marcadas por una diferencia de comportamiento para mujeres y para hombres.

Carreño pensaba que “la mujer debe educarse en los principios del gobierno doméstico, y ensayarse en sus prácticas desde la más tierna edad”, a la vez que estimaba que la figura femenina debía siempre procurar una voz dulce porque “el acto de gritar la desluce completamente”.

Muñoz Cano dice que los antecedentes de la historia apuntan a que el hombre era quien dictaba ese paquete de buenas costumbres, reglas de urbanidad y etiqueta: “Para cada grupo había diferentes normas de comportamiento. Las mujeres embarazadas no podían mostrarse en público, no podían salir a la calle y que las vieran. Darle de comer (pecho) al niño en público era verdaderamente inaceptable, pecaminoso e inmoral. Las mujeres tenían que permanecer, durante todo el periodo de gestación, a escondidas”.

La socióloga confirma que este tipo de reglas fueron y aún son gobernadas por una cultura machista, asignando condiciones específicas para las mujeres: “Sigue prevaleciendo esta cultura. Los hombres, a pesar de tanto avance en tecnología y derechos, siguen amenazando a las mujeres y prohibiéndole muchas cosas, les revisan el celular para ver quién llamó, quién está registrado en la agenda de contactos”.

No son sinónimo de educación


Sally Rangel se presenta como experta en buenos modales, comportamiento y protocolos. Dice que éstos son necesarios e indiscutibles, que sin ellos, la sociedad estaría perdida en un ambiente hostil y grosero. Hay que vestir bien, no ser vulgar y comportarse como toda una dama y un noble caballero.

Igual piensa Claudia Canales, escritora, también experta en buenos modales y todo lo demás. Considera que es necesario retomar el buen comportamiento hacia el prójimo y la sociedad en general. Hay que educar desde el nacimiento hasta la muerte.

Por las calles de la metrópoli la cortesía y los “buenos modos” se entienden de diversas formas: “Buenos días”, “¿Cómo estás?”, “¿Qué pasó güey?”, “¿Qué onda cabrón?”.

En mis interrogatorios pregunto sobre el machismo subyacente en los buenos modales y el Manual de Carreño. Las expertas afirman que sí lo  hubo, muy poco. Pero ahora las cosas son distintas, la mujer ha propiciado un cambio para bien y ha hecho valer sus derechos y responsabilidades.

“No sabemos a qué le llaman buenas costumbres”, asevera la socióloga Dolores Muñoz Cano, al detallar que los buenos modales son aquellas normas más elementales de educación, entre las que destacan el respeto en cualquier espacio, público o familiar.

Para la especialista, los buenos modales no son un sinónimo de educación. “Puedes ser una persona absolutamente ignorante y ser respetuoso con los demás (…) eso son las buenas costumbres que tenemos que transformar. Habría que hacer otro manual que no sea el de Carreño”

No obstante, Francisco Salinas dice que la idea de ceder el paso o abrir la puerta al acompañante, es una norma que en ciertos contextos culturales puede considerarse como valiosa o no, pensando en un mundo cosmopolita y globalizado.

“Guadalajara no es una ciudad muy cosmopolita, pero piensa en otras ciudades donde coinciden personas de muchas religiones, culturas, idiomas y conviven en espacios públicos. Seguir y exigir normas, así, para todos, es una injusticia”.

Tapatío

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