Suplementos | La verdadera paz nunca dependerá de las voluntades de los líderes, sean éstos auténticos o espurios ¡Córtala! La paz, la auténtica, la imperecedera, es la que tiene su origen en el interior de las personas Por: EL INFORMADOR 7 de marzo de 2010 - 07:47 hs La paz verdadera, en su raíz, no se encuentra en la naturaleza con todas las grandes obras de la creación, ni tampoco en ejercicios de relajación, de meditación de cualquier tipo; ni siquiera de repetir alguna oración. Tampoco es cuestión de grandes tratados entre las naciones, ni de álgidas jornadas diplomáticas, con grandes discursos y mesas de negociaciones. La verdadera paz nunca dependerá de las voluntades de los líderes, sean éstos auténticos o espurios. Mucho menos de grandes campañas de difusión, publicidad y promoción basada en conciertos, en cuyos cantos se evoque tan anhelado bien, y que logren tocar las fibras más sensibles de los sentimientos humanos. No. La paz verdadera no depende en primera instancia de nada que venga del exterior del ser humano, de acciones que éste emprenda para lograrla. La paz, la auténtica, la imperecedera, es la que tiene su origen en el interior de las personas, y la que podrán proyectar a todos los demás ámbitos: familiar, social, político, laboral, religioso, etc. "El hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene adentro, y el que es malo de su fondo malo saca cosas malas, porque su boca habla de lo que abunda en el corazón" (Lc.6, 45). Esta paz a la que podemos llamar "paz interior", es ante todo un don de Dios; Jesús mismo lo afirmó: "La paz os dejo, mi paz os doy". Es por ello que siendo un don, no se puede obtener ni con el esfuerzo personal, ni con sabiduría y prudencia humanas, mucho menos con técnicas. Ciertamente todo ello puede ser útil para coadyuvar a mantenerla, pero nada más, pues siendo un don, obviamente es gratuito. ¿Qué se necesita entonces para recibir ese don? Ante todo pedirlo, y pedirlo con fe, sabiendo que el Señor es fiel a su promesa, y siempre cumple: "todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán"(Mc. 11, 24) En segundo término, tener una actitud humilde: "La humildad es otro buen camino para llegar a la paz interior. Él (Jesús) ha dicho: 'Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón... y encontrarán la paz para sus almas' ", afirma san Josemaría Escrivá en su libro Camino, en el n°. 607. La humildad entendida como el "caminar siempre en la verdad", según lo afirmaba Sta. Teresa de Jesús. Otra condición más para alcanzar esa paz interior, es precisamente vivir en libertad interior, lo que quiere decir vivir sin ataduras de cualquier tipo, sin apegos a nada ni nadie, poniendo nuestro corazón exclusivamente en el Señor y viviendo una total comunión de nuestra voluntad con la voluntad de Dios, lo que a su vez se logra con una profunda vida de oración, de relación íntima con Él. Finalmente, y como afirmaba otro gran santo y sabio teólogo, Sto. Tomás de Aquino: "La paz es obra de la justicia indirectamente, en cuanto remueve los obstáculos que a ella se oponen; pero propia y directamente proviene de la caridad, que es la virtud que realiza por excelencia la unión de todos los corazones". Efectivamente, sin el amor caridad, nada somos, ni tenemos; el amor todo lo puede. Quien ama es justo. Y la paz sin justicia es ficticia. El Evangelio de hoy nos recuerda la parábola de la higuera estéril, con la que el Señor nos dice que nosotros hemos sido plantados en este mundo para dar fruto y fruto abundante, que si no damos ese fruto esperado seremos cortados; así mismo que a aquellos que aún no dan fruto, siempre se les dará una oportunidad más, porque "Él Señor es paciente y comprensivo, lento a la ira y rico en misericordia". Todos estamos llamados a dar fruto y ese fruto ha de ser el que el Espíritu Santo suscite en nosotros. La Palabra de Dios señala claramente cuál es ese fruto, en la Carta a los Gálatas 5, 22: "el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz (...)" Pidamos al Señor su paz, que es la paz verdadera; hagámoslo de corazón; un corazón creyente, humilde, libre, amoroso y justo, para poder comunicársela a los demás, y estaremos construyendo la paz social, la paz entre los individuos, los estados, las naciones, etc., y así no seremos más esa higuera estéril condenada a ser cortada. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? No habrá ley seca durante Romería 2025 Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones