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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Suplementos | Indican que la malformación aparece durante el primer trimestre del embarazo

Consumo de ácido fólico previene espina bífida en recién nacidos

Indican que la malformación aparece durante el primer trimestre del embarazo

Por: NTX

Recomiendan a las mujeres en edad fértil consumir ácido fólico por lo menos tres meses antes de la gestación. EL INFORMADOR / ARCHIVO

Recomiendan a las mujeres en edad fértil consumir ácido fólico por lo menos tres meses antes de la gestación. EL INFORMADOR / ARCHIVO

CIUDAD DE MÉXICO (04/ENE/2017).- El consumo de ácido fólico previene el desarrollo de espina bífida, un defecto congénito que impide el cierre completo de la columna vertebral del feto.

El encargado del Área de Hospitalización de Adultos del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital General de México (HGM), Alejandro Méndez Viveros, explicó que esta malformación aparece durante el primer trimestre del embarazo.

Aunque sus causas son multifactoriales, indicó, la mayoría de los casos está relacionado con la carencia de ácido fólico en la mujer gestante.

El tubo neural es un canal que al cerrarse permite la formación del sistema nervioso central del futuro bebé, sin embargo, la médula ósea queda totalmente desprotegida cuando éste no se presenta.

El especialista comentó que esa situación produce graves daños en el neonato, pues afecta al sistema nervioso central, el aparato locomotor y el sistema genitourinario.

Por ello, Méndez Viveros recomendó a las mujeres en edad fértil consumir ácido fólico por lo menos tres meses antes de la gestación, a fin de prevenir la malformación congénita en el producto.

Pero, indicó, como la mayoría de las mujeres no planea el embarazo y, cuando se dan cuenta, es demasiado tarde porque ya concluyó la formación del cierre del tubo neural.

Refirió que este defecto al nacimiento presenta diferentes grados de lesión en la médula espinal y se divide en: oculta, meningocele y mielomeningocele.

El médico especialista expuso que al ser oculta suele caracterizarse por un pequeño defecto en la formación de una vértebra y casi nunca compromete a la médula ni nervios espinales, por lo que pasa desapercibida al no producir síntomas ni lesiones.

En la segunda hay un saco que contiene membranas de la capa protectora de la médula espinal (meninges), éste asoma por una apertura de la columna vertebral.

En mielomeningocele, abundó, el saco contiene tejido, líquido cerebroespinal, parte de los nervios y de la médula, lo cual indica que ésta última no se desarrolló de manera adecuada y, en consecuencia, ocasiona parálisis.

Méndez Viveros apuntó que el tratamiento es quirúrgico cuando se trata de meningocele y mielomeningocele, pues el procedimiento permite reconstruir el plano anatómico del defecto, sin embargo, no se corrigen los daños neurológicos.

De manera que estos niños presentan de por vida alteraciones motoras y requieren rehabilitación y cuidados especiales.

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