Suplementos | Camino de Roma Conociendo a san Pablo desde su vida Un día Festo, el gobernador de Cesarea donde Pablo estaba preso, lo mandó llamar para decirle... Por: EL INFORMADOR 10 de octubre de 2009 - 11:54 hs Un día Festo, el gobernador de Cesarea donde Pablo estaba preso, lo mandó llamar para decirle: – Ha llegado por fin el momento en que se cumplirá tu deseo por tanto tiempo esperado… – ¿Qué dices? – Pablo, irás a Roma. – ¿Podrán ir conmigo Lucas y Aristarco? – Si así lo quieres, sea. Sé que Lucas es romano como tú, ¿pero Aristarco? – Es macedonio de Tesalónica. Me ha ayudado mucho y me será de gran ayuda. Festo había dado instrucciones al centurión: –Julio, llevarás a tu cargo a algunos prisioneros que deben llegar a Roma, pero sobre todo quiero recomendarte a Pablo; es una gran persona que bien podría ya estar libre desde hace tiempo, pero él quiere ser juzgado por el César. – A lo mejor lo que quiere es ir a Roma... – Sea lo que sea, te lo encargo mucho, como mi amigo. – Así se hará. Navegando con mal viento Unos días después emprendieron el viaje; el buque navegaba lentamente porque el viento era contrario y no les favorecía; mientras tanto, Pablo y sus compañeros contemplaban el horizonte. – Mira Lucas, allá se ve la isla de Chipre, la patria de Bernabé… – Sí, y mañana llegaremos a Sidón… –Luego atravesaremos mares de Cilicia y Panfilia, para llegar luego a Mira de Licia… – Pablo, el centurión Julio se porta muy amable contigo. – Ciertamente, Dios lo recompense por su bondad. Así con dificultades y sin poder tocar tierra en algunos puertos que hubiesen deseado, fueron a dar hasta un lugar llamado Buenos Puertos, cerca de Lasea. – Con lo que hubiese gustado llegar a Creta, por el puerto de Salmonem, decía Lucas. – Será para la próxima, le respondía Aristarco. Mal pronóstico El recorrido desde Cesarea hasta aquí ha sido demasiado lento, soplaban ya vientos difíciles. Pablo dijo al Centurión: – Este tiempo es demasiado peligroso para proseguir el viaje. Podríamos perder la carga y la nave y hasta la vida. Pero el piloto y el capitán no pensaban lo mismo y decían: – ¡Qué sabe Pablo más que nosotros, que andamos siempre en esto…! – Fíjate, el viento que sopla es ligero todavía, bien podemos llegar hasta Fénica, el puerto de Creta que está al sureste de la isla. Allí podremos pasar el invierno antes de proseguir. – Será mejor, porque aquí está muy feo. – Mejor lo feo que lo peligroso. Y sin hacer caso a las advertencias de Pablo, levaron anclas y se encaminaron hacia Creta. Unos días después, ya por la tarde, empezó a soplar el viento como una fuerte ráfaga y ya por la noche se había vuelto un huracán. Los pilotos no podían controlar la nave, que por momentos era arrastrada sin rumbo hacia altamar. La tormenta El temporal arreciaba y las dificultades aumentaban. Durante muchos días y noches no aparecieron ni el sol ni las estrellas. El temor de chocar contra los escollos era cada vez mayor. Los marineros empezaron a aligerar la nave echando al mar cuanto podían, aunque la esperanza de salvarse iba poco a poco desapareciendo. En medio de aquella confusión, nadie sabía ya qué pensar. Entonces, al amanecer, Pablo se puso de pie en medio de la tripulación, alzó la voz y dijo: – Amigos, más hubiera valido quedarnos en Creta. Pero ahora les recomiendo que tengan buen ánimo; ninguna vida se perderá, solamente la nave. – ¿Te has vuelto loco, Pablo? – Esta noche he visto un ángel de Dios y me ha dicho: “No temas, Pablo; tú tienes que comparecer ante el César; Dios te ha concede la vida de todos los que navegan contigo”. Por tanto, amigos, ¡ánimo! Yo tengo fe en Dios en llegaremos a alguna isla… –Y ¿qué tenemos que hacer? – Entonces Pablo, con voz fuerte pero tranquila, les dijo: – Hace muchos días que ninguno de ustedes ha comido, es conveniente que tomen alimento, ya que todos salvarán la vida. Luego él mismo tomó pan, dio gracias a Dios y, en presencia de todos, se puso a comer. Entonces todos los demás se llenaron de esperanza y también tomaron alimento. Una noche los marineros intentaron escapar en un bote, pero Pablo dijo al Centurión: – Si éstos no se quedan, no podremos hacer nada, sólo con ellos nos podremos salvar... Los soldados impidieron la fuga, cortaron las amarras del bote y lo echaron al mar. Naufragio Al amanecer los marineros divisaron una playa, pero no podían reconocer el lugar; no obstante, resolvieron acercarse lo más posible, pero la nave encalló y quedó allí clavada. Los soldados propusieron al Centurión Julio que debían matar a los prisioneros para que no escaparan, pero él, pensando en Pablo, se opuso. Más bien dio la orden de que los que supieran nadar ganasen la orilla, y que los demás aprovecharan tablones o algún otro despojo de la nave. Así, prendidos a una tabla, flotando sobre el agua… sumergidos a ratos, sin saber si era un sueño, sopor o pesadilla…si era el principio de un pasar a la otra orilla o a la otra vida… de esta forma llegaron a tierra sanos y salvos los doscientos setenta y seis pasajeros. Pescadores a la vista – Los nativos de la isla se dieron cuenta del naufragio y acudieron en su ayuda. – ¿Cómo se llama este lugar? – Es la isla de Malta Como hacía frío y los náufragos estaban todos empapados, los habitantes de la isla encendieron una hoguera para que pudieran calentarse... Pablo se dispuso a ayudar a recoger ramas secas cuando de pronto, de entre las ramas salió una víbora y le mordió la mano… Los nativos se decían: – Mal presagio, aquí acabó… – Ves que trae cadenas, es un prisionero, a lo mejor un criminal… – Morirá en poco rato por el veneno… – Escapó del mar, pero la justicia divina lo castiga. Pero Pablo, tranquilamente, se sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno. Cuando aquellos hombres crédulos y supersticiosos vieron que no le pasaba nada anormal, cambiaron de parecer: – Fíjate que ya pasó buen rato y no ha caído muerto… –Ni siquiera se ha hinchado… – Oye, ¿no será un dios? Enseguida hubo quien fue corriendo a contarle todo esto al jefe principal de la isla, y éste vino inmediatamente a ver lo sucedido. Cuando vio a toda aquella gente, dio órdenes de que los acomodaran en algún lugar de sus propiedades, pero a Pablo y a sus compañeros, junto con el Centurión y el capitán, los llevó a su casa. Pablo le interrogó: – ¿Cómo te llamas? – Publio –respondió secamente-. – ¿Te acontece algo? te veo preocupado… –Tienes razón, mi padre está muy enfermo… – Llévame a verlo… En un primer momento Publio dudaba, pero fue más fuerte la preocupación por su padre… un tenue hilo de esperanza se prendió en aquella palabra que tan espontáneamente se le daba, y en su corazón se reavivó el deseo de verlo sanar. Pablo entró hasta donde estaba el enfermo, lo miró detenidamente, luego hizo oración, le impuso las manos y lo curó. Publio no sabía cómo expresar su agradecimiento y se deshacía en toda suerte de atenciones. Después de este acontecimiento, la noticia se esparció por toda la isla y le llevaban a los otros enfermos que había en ella; todos los que sufrían algún mal acudían a Pablo... y en nombre de Jesús, eran curados. Por este motivo los habitantes de Malta tuvieron para con los náufragos toda clase de atenciones. Hasta las gentes más pobres les llevaban frutas y otros regalos. La despedida de Malta Cuando llegó el momento en que partieron los náufragos, les proveyeron de todo lo necesario. –Ya se van los náufragos… – Llevan tres meses en la isla… – Nos habíamos acostumbrado ya a su presencia… – Vamos al puerto a despedirlos… – Les llevaremos unos panes… – Los vamos a echar de menos… En cambio, los náufragos decían: – ¿Nos iremos en esta nave? – Sí, es un buque de Alejandría que se quedó aquí a pasar el invierno. Los doscientos setenta y seis pasajeros abordaron el barco y partieron rumbo a Siracusa. – Adiós amigos… – Adiós, y gracias por todo… – Vuelvan algún día… Después de una escala de tres días en Siracusa, se dirigieron hacia Pozzuoli. Como hacía buen viento y el mar estaba tranquilo, llegaron en dos días. María Belén Sánchez Bustos fsp Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones