Suplementos | Pablo ante el rey Agripa Conociendo a san Pablo desde su vida Apenas instalado en Cesarea, Festo recibió la visita del rey Agripa; iba acompañado de Berenice, su esposa... Por: EL INFORMADOR 3 de octubre de 2009 - 09:50 hs Octubre 4 Pablo ante el rey Agripa Apenas instalado en Cesarea, Festo recibió la visita del rey Agripa; iba acompañado de Berenice, su esposa. Aprovechando la ocasión, Festo expuso al rey el caso de Pablo: -- Hay aquí un hombre que Félix dejó prisionero. Los judíos, piden contra él sentencia de muerte. -- ¿Y tú qué hiciste? -- Yo les respondí que antes hay que darle la posibilidad de defenderse. -- Pero ellos no aceptaron tu propuesta… -- Sí, ellos vinieron aquí, pero no presentaron ninguna acusación, solamente tenían contra él unas discusiones sobre su religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive. -- Sin duda se trata de Jesús el Nazareno que murió hace algunos años, aunque hay todavía muchos que siguen su camino. -- Yo estaba perplejo, no sabía qué hacer, pero Pablo apeló al César. Agripa se quedó unos momentos pensativo y dijo a Festo: -- ¿Sabes, Festo? Yo quisiera oír a ese hombre. -- No se diga más, mañana le oirás. Al día siguiente se reunieron Festo,Agripa y Berenice en la sala de audiencias, junto con los tribunos y los personajes de más categoría de la ciudad. Festo ordenó que trajeran a Pablo. Éste entró serenamente, sin prisas, y se puso de pie en medio de la asamblea. Las cadenas que ataban sus manos eran sencillas, pero caían hasta el suelo. Entonces Festo se puso de pie y dijo: -- Rey Agripa y todos los aquí presentes: Este es el hombre a quien acusan los judíos y contra quien toda la multitud grita que debe morir. Yo comprendí que no era digno de muerte; pero él ha apelado al César y yo he decidido enviarle a Roma. Agripa, muy conmovido, se dirigió a Pablo y le dijo: -- Puedes hablar en tu favor… Entonces Pablo alzó la vista y, muy seguro de sí mismo, empezó su defensa: -- Rey Agripa, me considero feliz al defenderme hoy ante ti de las acusaciones que se me hacen, principalmente porque tú conoces bien todas las costumbres y cuestiones de los judíos. Por eso te pido que me escuches con paciencia. -- Habla, Pablo, te escucho… -- Todos están enterados de mi vida desde mi juventud, desde cuando estuve en Jerusalén. Todos me conocen desde hace mucho tiempo y son testigos de que he vivido rectamente como fariseo, en la secta más estricta de nuestra religión. -- Eso nadie lo duda… -- Ahora estoy aquí, procesado por la esperanza en la promesa hecha por Dios a nuestros padres, cuyo cumplimiento esperan las doce tribus de nuestro pueblo. Noche y día rinden culto a Dios pidiendo que se cumpla su Palabra. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos. ¿Por qué entonces dudan que Dios resucite a los muertos? -- ¿A qué te refieres Pablo? Dilo claramente. -- A Jesús, el Nazareno. -- ¿El que fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato? -- El mismo. Tú sabes cómo su mensaje se regó por todas partes… Hubo un tiempo en que yo me sentí obligado a combatir con todos los medios hasta su nombre.. Pensaba que era mi deber y así lo hice, primero en Jerusalén, donde los sumos sacerdotes me dieron poderes para arrestar a muchos y meterlos en las cárceles; y cuando les condenaban, yo daba mi aprobación. -- Eras el gran comandante… -- Así me sentía… por mi cuenta recorría las sinagogas, y a fuerza de castigos obligaba a los seguidores de Jesús a renegar de su fe, y en mi furor contra ellos los perseguía hasta en el extranjero. El gran encuentro --Y ¿cómo fue que cambiaste de idea y te transformaste en uno de los cristianos más fervorosos? -- Es que cuando iba de camino hacia Damasco, con poder y autorización, al medio día vi, oh rey, una luz en el cielo, más resplandeciente que el sol, que me envolvió a mí y a mis compañeros en su resplandor. Caímos todos por tierra y yo oí una voz que me decía en hebreo: -- Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón. Yo, asustado respondí inmediatamente: -- ¿Quién eres tú, Señor?' Y me dijo el Señor: --Yo soy Jesús, a quien tú persigues. -- Señor, ¿qué quieres que haga? -- Levántate, ponte en pie, pues quiero elegirte mi servidor y testigo de que me has visto y de todo lo que voy a manifestarte. -- ¿Y cómo le viste, Pablo? -- Glorioso y resplandeciente… -- ¿Y qué más te dijo? -- Nada temas, yo estaré contigo para protegerte y librarte de todas las acechanzas, ya sea que vengan de tu pueblo o de los gentiles, a los cuales yo te envío, para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y al poder de Dios; y para que reciban el perdón de los pecados y para que tengan parte en la herencia de los santos, mediante la fe. -- ¿Nada más eso? -- También habló de que tendría que sufrir y padecer mucho a causa de la misión que me encomendaba… -- ¿Y tú…? -- Ya ves, rey Agripa, tuve que obedecer a la visión celestial, y prediqué, primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén y luego por todo el país de Judea… y también en otras naciones he anunciado el Evangelio a los gentiles, para que se conviertan y que se vuelvan a Dios haciendo obras dignas de bendición. -- No entiendo cuál sea el delito… -- Por esto los judíos me prendieron en el Templo, y hasta intentaban darme muerte. Con el auxilio de Dios, hasta el presente me he mantenido firme dando testimonio de la resurrección de Jesús, afirmando todo lo que los profetas y el mismo Moisés predijeron que había de suceder: que el Cristo había de padecer y que, después de resucitar de entre los muertos, anunciaría la luz al pueblo y a los gentiles. Las reacciones en el auditorio. Mientras Pablo decía esto, Festo le interrumpió: -- Estás loco, Pablo; tanta sabiduría y tanto estudio te han hecho perder el juicio.. Pablo, sin inmutarse, contestó: -- No estoy loco, excelentísimo Festo. Mis palabras son verdaderas y sensatas. Pregúntale al rey, él está bien enterado de estas cosas, él sabe que no miento, y mira que le hablo con valentía; no le oculto nada, pues todo sucedió públicamente… Y luego, después de un silencio que parecía nadie quería romper, Pablo habló: --¿Rey Agripa, tú crees en los profetas? Y sin esperar respuesta agregó: -- Yo sé que sí crees. Agripa contestó a Pablo: -- Por poco me convences de hacerme cristiano. Y Pablo expresó su satisfacción diciendo complacido: -- Quiera Dios que tú y todos los que me escuchan, llegaran a como yo, excepto por estas cadenas. El rey, el procurador, Berenice y los que estaban con ellos sentados se levantaron, y mientras se retiraban iban diciendo: -- Este hombre no merece la muerte, y ni siquiera la prisión. Agripa dijo a Festo: -- Este hombre podría quedar en libertad, si no hubiera apelado al César. (Continuará) María Belén Sánchez Bustos fsp Temas Religión Fe. Lee También La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? No habrá ley seca durante Romería 2025 Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones