Jueves, 09 de Octubre 2025
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Conociendo a san Pablo desde su vida

Los exorcistas

Por: EL INFORMADOR

6 de septiembre  
Los exorcistas

     Sucedió que algunos exorcistas judíos intentaron también hacer curaciones, invocando el nombre del Señor Jesús sobre aquellos que tenían espíritus malos, y decían:
     -- Os conjuro en nombre de Jesús, a quien predica Pablo, que salgas de este hombre y lo dejes en paz.
     Pero el espíritu malo les respondió:
     -- A Pablo le conozco y sé quién es Jesús, pero a ustedes no. ¿Quiénes son ustedes?
     Como ellos no supieron qué contestar, el mal espíritu se arrojó sobre ellos, de forma que, heridos y avergonzados, tuvieron que huír de aquella casa…
     Cuando los habitantes de Éfeso se enteraron de esto, alababan a Dios glorificando el nombre del Señor Jesús.
     Muchos judíos y griegos que habían creído, venían a confesar y declarar públicamente sus prácticas mágicas. Luego reunieron los libros y los quemaron delante de todos. De tal forma que la Palabra del Señor se difundía en todo el pueblo.

La carta a los Gálatas

     Más doloroso fue para el Apóstol recibir noticias de sus amados hijos de Galacia.
     -- Se van detrás de todas las novedades…
     -- No es posible, si aquellos me escuchaban como a un ángel…
     -- Tristemente es así, Pablo.
     -- Bueno, tráeme los pergaminos y lo necesario para escribir. Yo les explicaré las Escrituras desde Abraham hasta el día de hoy…
     “Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo y todos los hermanos que me acompañan, a las iglesias de Galacia: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor que se entregó a sí mismo por nuestros pecados; a Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
     “Me maravilla y me apena que tan pronto ustedes hayan abandonado a Cristo, que los llamó por su gracia. Sé que hay algunos que los están turbando y quieren deformar el Evangelio…”.
     Esto en realidad indigna a Pablo y sigue escribiendo como si los tuviera presentes:
     “¡Gálatas insensatos! ¿Quién los fascina a ustedes, si ante sus ojos les hemos presentado a Jesucristo crucificado?
“Quiero saber de vosotros una sola cosa: ¿Recibieron el Espíritu por las obras de la ley o por la fe? ¿Son tan insensatos que  habiendo comenzado por el Espíritu, terminan ahora en carne?”.
     -- “Ven, Trófimo, ayúdame un poco, escribe lo que yo te dicto:
Antes de la fe, estábamos bajo la ley, en espera de la fe; mas, una vez que llegó la fe, ya no estamos bajo la Ley… Ahora todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
     “Bautizados en Cristo se han revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús, y herederos según la promesa.
Y, como son hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo…”.
     -- Pablo, eso es hermoso y consolador…
     “Ustedes, hermanos, han sido llamados a la libertad; pero no como pretexto para la carne; antes bien, sírvanse mutuamente por amor. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
     “Ayúdense a llevar las cargas y cumplan así la ley de Cristo, porque si alguno se imagina ser algo, se engaña a sí mismo…”.
     Y con lágrimas en los ojos,  continúa escribiendo.
     “Además les digo: aunque un ángel del cielo les anunciara un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡sea maldito!
A los que en otro tiempo ustedes servían, en realidad no son dioses... Ahora que han conocido a Dios, ¿cómo pueden retornar a esos ídolos y  servirles de nuevo?”.

El tumulto de los orfebres

     Por aquel entonces se suscitó un gran conflicto, que afectó a Pablo y a los cristianos de Éfeso.
     Con motivo de las fiestas de Artemisa, se vendían infinidad de estatuas de la diosa hechas de plata y oro. Este era un gran negocio para los artesanos…
     En ese año, Demetrio y sus compañeros que labraban la plata se dieron cuenta de que su negocio estaba en franca decadencia.
     Con fundada razón lo atribuyeron a la predicación de Pablo,  pues la multitud que día a día se iba convirtiendo al cristianismo ya no veneraba a la diosa.
     Por eso Demetrio reunió a sus compañeros y les dijo:
     -- Ustedes saben bien que esta industria es nuestro negocio,  pero como ven, no solamente en Éfeso, sino en casi toda el Asia, ese Pablo ha persuadido a mucha gente a cambiar de idea, diciendo que no son dioses los que se fabrican con las manos…
     --Y ya no nos compran…
     -- Esto trae como consecuencia que nuestro negocio decaiga, y que el mismo templo de la diosa Artemisa sea  despojado de su grandeza.
     Al oír esto, llenos de furor se pusieron a gritar:
     -- “¡Grande es la Artemisa de los efesios!”.  
     La ciudad entera se llenó de confusión. Unos azuzados por los orfebres, otros por curiosidad, pero todos a una se precipitaron hacia el teatro arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, unos macedonios, compañeros de Pablo.
     Cuando Pablo se enteró de todo esto, intentó ir de inmediato a presentarse al pueblo, pero los hermanos se lo impidieron.
     -- No es posible que sufran ellos por causa mía.
     -- Pablo, no te expongas, mira que es a ti a quien quieren atracar…
     --Yo sé defenderme, en nombre del Señor Jesús.
     -- No seas imprudente, escúchanos y confía, mejor vamos haciendo oración…
     Pablo no cedía, pero incluso algunos de sus amigos le rogaron que no saliera de casa y mucho menos se arriesgara a ir al teatro.
     Allá había gran confusión en la asamblea y la mayoría no sabía para qué se habían reunido, unos gritaban una cosa y otros, otra.
Algunos de entre la gente animaron a Alejandro, para que hablara. Alzando la voz y las manos, pidió silencio para expresarse ante el pueblo.
     --Escúchenme habitantes de Éfeso…
     Pero en cuanto se dieron cuenta de que era judío, empezaron a gritar:
--¡Grande es la Artemisa de los efesios!  
     En eso llegó el magistrado y con palabras muy persuasivas logró calmar a la gente:
     -- Efesios, nadie en el mundo duda que la gran Artemisa es la protectora y gloria de los efesios, y que su estatua cayó del cielo para proteger esta ciudad. Por tanto, conviene que se calmen y que no hagan nada imprudente de lo que luego tengan que arrepentirse...
     --Pero estos hombres…
-- Estos no son sacrílegos ni blasfeman en contra de nuestra diosa. Pero si Demetrio, o algún otro, tienen algo en contra, que presenten sus quejas y reclamaciones ante los tribunales para que se haga justicia en forma legal.
     La multitud comenzó a tranquilizarse y antes de que surgieran nuevas protestas el magistrado exclamó:
     --Y si no tienen ningún otro asunto, les sugiero que se disuelva esta reunión. Porque, además, existe para ustedes el peligro de ser acusados por lo de hoy, ya que no existe motivo que justifique semejante tumulto.
     Dicho esto se disgregó la asamblea y cada quien se fue a su casa.


Pablo abandona Éfeso

     Cuando cesaron todos los disturbios Pablo, mandó llamar a los hermanos; después de hacer oración y deliberar largamente, llegaron a la conclusión de que los ataques continuarían.
     Por lo tanto, tomaron la determinación de que, por lo menos Pablo y los principales dirigentes de la Iglesia, se alejaran de Éfeso, hasta que el peligro hubiera pasado.
     Pablo estuvo de acuerdo, conversó largamente con ellos, animándolos a permanecer fieles a la fe… Más tarde se despidió de ellos y salió camino de Macedonia.
     Éfeso, la ciudad hermosa y acogedora donde tantas alegrías había recogido, era la misma que ahora tenía que dejar casi huyendo.
Pablo no se desanimó: recorrió aquellas regiones ya conocidas, visitando muchas ciudades, exhortando y animando a los fieles con largos discursos; después marchó a Grecia, donde permaneció allí tres meses.
     Los hermanos tuvieron noticia de que los judíos habían tramado una conspiración contra él. Pensando que de allí se embarcaría directamente para Siria, estaban alertas, turnándose día y noche para poder atraparlo y matarlo.
     Entonces se tomó la determinación de volver por Macedonia.
     -- Tíquico y Trófimo, ustedes se adelantarán y esperarán en Tróade.
     -- Timoteo, tú ve con ellos…
     -- Sópatros, Aristarco y Segundo, que son de Tesalónica, irán por otro camino…
     Gayo y Lucas a una voz dijeron:
     --Pablo, nosotros te acompañaremos…
     Al cabo de unos días prosiguieron el camino para encontrarse en Tróade, donde pasaron varios días compartiendo con los hermanos.

Los Planes de Pablo

     -- Y tú, ¿qué piensas hacer, Pablo?
     -- Iré a Macedonia, para ver cómo están en Filipos. Estaré poco tiempo allí, luego visitaré las ciudades de Acaya y después iré a Jerusalén.
     -- ¿A Jerusalén?
     -- Sí, tengo que ir allá antes de continuar con nuevos proyectos. Quiero yo mismo llevar el fruto de la colecta. Después tengo planes de visitar también Roma.
     -- Eso sí que es grande, Pablo… ya me preguntaba por qué Roma no entraba en tus planes.
     Mirando al futuro, con sabia estrategia Pablo empezó a delegar responsabilidades.
     Como primeras medidas fue designando presbíteros para las Iglesias de las distintas ciudades… Primeramente envió a Timoteo y Erasto a Macedonia, a Tito ya lo había enviado a Corinto… Por lo pronto, él pensaba quedarse todavía algún tiempo en Asia…
(Continuará)

María Belén Santos Bustos fsp

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