Suplementos | Las Cartas a los Colosenses Conociendo a san Pablo a partir de su vida Continuamente los hermanos llegaban hasta la casa donde Pablo se encontraba prisionero... Por: EL INFORMADOR 24 de octubre de 2009 - 12:18 hs 25 de octubre Continuamente los hermanos llegaban hasta la casa donde Pablo se encontraba prisionero. Pero la sorpresa más grande fue el día en que vio llegar a hermanos provenientes de la comunidad de Colosas. -- Esta comunidad pequeña y sencilla, pero fervorosa, fue fundada por Arquipo, Filemón y los de su casa… ¿los recuerdas, Pablo? -- Cómo no voy a recordarlos, si fueron mi apoyo y mi ayuda muy valiosa en la evangelización. -- La comunidad te considera su padre, porque fue fundada por los que son tus amados hijos y discípulos. -- Entonces serán mis nietos… Ven pues, prepara los papiros, que vamos a escribir una carta a los santos de Colosas, hermanos fieles en Cristo… Empieza: “Gracia y paz a ustedes de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, nuestro Señor, que fructifica y crece entre ustedes lo mismo que en todo el mundo… nosotros rogamos a Dios que ustedes lleguen al pleno conocimiento de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que procedan de una manera digna, agradando en todo al Señor y dando frutos de obras buenas”. -- Diles que sigan creciendo en el conocimiento de Dios, fortalecidos por el poder de su gloria; que sean constantes y pacientes, dando gracias al Padre con alegría, ya que Él los hace participar en la herencia de los santos en la luz... Grandeza del cristiano -- Escucha bien lo que ahora voy a dictarte: “A ustedes, que en otro tiempo eran extraños y enemigos, por sus pensamientos y malas obras, Dios les ha reconciliado por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentarlos santos, inmaculados e irreprensibles delante de Él; Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en ustedes, la esperanza de la gloria, al cual nosotros anunciamos, instruyendo a todos con sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en Cristo”. -- Déjame que escriba un poco yo, eso de escribir a mano sobre esos papiros tan duros es muy cansado… -- Como tú quieras, Pablo. -- Sí, pienso que debo decirles también algo de mí, porque sin duda quieren saber cómo me encuentro aquí prisionero y encadenado por causa del Evangelio. “Yo me alegro por los padecimientos que soporto, ya que completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo en favor de su cuerpo, que es la Iglesia; pero sí quiero que sepan cuán dura lucha estoy sosteniendo por ustedes y por los de Laodicea, y por todos los que no me han visto personalmente, para que sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen la plena inteligencia y el perfecto conocimiento del misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia”. Pablo medita un poco y sigue escribiendo. “Yo les digo esto para que nadie los seduzca con argumentos capciosos, que nadie los esclavice mediante tradiciones humanas y criterios del mundo. Vivan, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como le han recibido: arraigados y edificados en Él; apoyados en la fe…”. -- Son tantas cosas las que quisiera decirles, que no me alcanza el tiempo ni mil rollos de papiros… -- Dime, Pablo, qué más quieres que escriba… -- Diles que Cristo es la única y verdadera cabeza de hombres y de ángeles, porque en Él reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y… “todos alcanzamos la plenitud en Él porque nos perdonó todos nuestros pecados, nos los quitó clavándolos en la cruz. Por tanto, nadie puede criticarnos por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o de sábados. Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el Cuerpo de Cristo”. Resucitados con Cristo Y la carta continúa, porque Pablo siente que es como el testamento que tiene que hacer llegar a los confines más lejanos en todas las comunidades, incluso para los siglos venideros. “Así pues, ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque ya han muerto al mundo y su vida está escondida con Cristo en Dios. Despójense del hombre viejo y de sus obras; ustedes se han revestido de un hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar lo perfecto, a imagen de su Creador…”. -- Es un programa de excelencia… “Por tanto, aparten de ustedes todo lo que es fornicación, impureza, pasiones, los malos deseos y la codicia, pues todo esto atrae la ira de Dios. Desechen también toda cólera, ira, maldad; sean lejos de vuestra boca palabras ásperas, obscenas o mentirosas. Que su conversación sea siempre amena, sazonada con sal, sabiendo responder a cada cual como conviene”. -- ¿Falta mucho, Pablo? -- Ya nada más quiero darles algunos consejos sobre cómo comportarse en familia, y decirles que sean perseverantes en la oración, con acción de gracias. -- Déjame que yo termine… “Tíquico les informará, lo envío para que sepan todo lo que aquí sucede. Con él irá también Onésimo, el hermano fiel y querido, que es uno de ustedes. Oren también por nosotros para que podamos anunciar sin dificultad el misterio de Cristo, por cuya causa estoy yo encarcelado... “Una vez que hayan leído esta carta, procuren que sea leída también en Laodicea. Y ustedes lean la de Laodicea. Díganle a Arquipo que el ministerio que recibió del Señor es para que lo cumpla fielmente en bien de todos. Vean que este saludo es de mi mano. Acuérdense de que yo, Pablo, estoy prisionero y en cadenas. La gracia de Dios sea con ustedes…”. Onésimo -- Pablo, yo quiero quedarme contigo. -- ¿Quién eres? -- Tu esclavo. -- No digas eso. Entre nosotros ya no existe griego, ni judío, ni hombre, ni mujer, ni libre, ni esclavo… -- Hablas tan hermoso, Pablo… --Todos somos hijos del mismo Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. -- Pero yo… -- Tú… no sé de dónde eres, ni de dónde vienes, cuál es tu origen, ni cómo llegaste a ser cristiano. -- Te lo diré todo, Pablo… Hay en Colosas un hombre al que tú conoces muy bien, lo digo porque yo infinidad de veces le oí hablar de ti. -- ¿Quién es él? -- Se llama Filemón. -- Ah sí, lo recuerdo… Filemón, a quien quiero como a un hijo… -- Yo fui su esclavo, pero un día escapé y vine a buscarte, porque tantas cosas había oído, que no resistí; si lo que tú hablabas era capaz de cambiar así los corazones… quería oír yo mismo esas palabras… y te busqué hasta que te encontré… y aquí estoy, Pablo, a tu servicio para siempre. -- Pero… -- Nada, pídeme lo que quieras. Yo haré todo lo que tú me digas… -- Quiero que vuelvas a Colosas con tu amo. Aprovecha tu situación para dar testimonio de tu fe desde donde estás. ¿Te llamó Dios siendo esclavo? No te importe, puedes mostrar, como esclavo, tu libertad en Cristo… pero si puedes obtener la libertad, aprovecha la oportunidad. La Carta a Filemón Y enseguida, Pablo toma unos papiros y se pone a escribir la carta más breve de su vida, pero acaso también la más elocuente y sentida: “Yo, Pablo, prisionero por Cristo Jesús, a mi querido amigo Filemón y a los fieles que se reúnen en tu casa, gracia y paz a todos de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor. “Doy gracias sin cesar a mi Dios, recordándote en mis oraciones, pues tengo noticia de tu caridad y de tu fe. Tuve gran alegría y consuelo a causa de tu caridad, por el alivio que hemos recibido de ti”. Tras unos momentos de pausa, Pablo suspira recordando y luego continúa escribiendo: “Hoy te ruego en favor de mi hijo Onésimo, a quien engendré entre cadenas… en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy útil para ti y para mí. Se alejó de ti por algún tiempo, pero ahora lo recuperas para siempre, y no como esclavo, sino como algo mejor: como un hermano querido, que, si lo es para mí, ¡cuánto más lo será para ti en el Señor!”. -- Pablo… -- No me interrumpas, por favor. “Por tanto, si me tienes como amigo, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te perjudicó o algo te debe, ponlo a mi cuenta. Yo mismo, Pablo, lo firmo con mi puño; yo te lo pagaré... Por no recordar que mismo te me debes. Sí, hermano, hazme este favor en el Señor. ¡Alivia mi corazón en Cristo! Te escribo confiado en tu docilidad, seguro de que harás más de lo que te pido”. -- ¿Quieres que te ayude a escribir? -- No, esto es muy importante para mí y quiero hacerlo yo mismo. “Por lo cual, aunque tengo en Cristo bastante libertad para mandarte lo que conviene, prefiero más bien rogarte en nombre de la caridad, yo, este Pablo ya anciano, y además ahora preso de Cristo Jesús. “Te lo devuelvo, a éste, mi propio corazón. Yo quisiera retenerle conmigo, para que me sirviera en tu lugar, en estas cadenas por el Evangelio; mas, no he querido hacer nada sin consultarte, para que esta buena acción tuya no fuera forzada, sino voluntaria. Y al mismo tiempo, prepárame hospedaje. pues espero que por tus oraciones Dios me concederá la gracia de la libertad”. Y Pablo concluye de pronto. “Te saludan Epafras, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. La gracia del Señor Jesucristo esté con tu espíritu”. -- Ven Onésimo, hijo querido, hijo de mis cadenas, ya está la carta que llevarás a Filemón… -- Lo que tú digas se hará. -- No temas, Tíquico irá contigo, él llevará otra carta para la comunidad. (Continuará) María Belén Sánchez Bustos fsp Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones