Suplementos | Una novela por entregas de Diego Petersen. CAPÍTULO XV Como Mosca en parabrisas Previamente. El cadáver de la viuda de Lafitte no estaba en el ataúd. Manuel, el director del periódico contó a su amigo Mike que las autoridades investigan a su madre, suponen fingió su muerte y creen ayudó a bien morir a sus ex maridos. Beto, reportero de nota roja estuvo en Chapala investigando más sobre el caso de la Viuda Negra Por: EL INFORMADOR 3 de junio de 2012 - 04:22 hs / GUADALAJARA, JALISCO (03/JUN/2012).- Manuel llegó temprano. Le gustaba esa hora en que la redacción era un oasis de tranquilidad. Mientras en el resto del periódico a las diez de la mañana todo era ajetreo, ruido, timbres de teléfono, en la redacción sólo se escuchaba a lo lejos la escoba de la Güera barriendo los despojos de noticias del día anterior “¿A dónde irán las noticias no publicadas?; ¿habrá acaso una especie de Limbo noticioso donde habitan todos aquellos personajes cuyas historias no salieron en las páginas de los periódicos, el lugar de lo condenados al olvido eterno?”, preguntó una noche de borrachera su amigo Eduardo. Manolo observaba desde su escritorio a la Güera y la imaginó como una arcángel armado con su espada de palo y popote de plástico llevando al Limbo los despojos de la historia. La imagen le arrancó una sonrisa a pesar de la cruda y el pésimo humor con el que se había levantado. Hizo un expreso, prendió un cigarro y le dio un largo trago al peptobismol. Antes de abrir los periódicos del día levantó el teléfono para marcarle a Beto. —Buenos días jefe, ¿cómo amaneció? —Bien, dijo Manuel con una voz que dejaba adivinar que significaba todo lo contrario. Me urge verte, ¿a qué hora llegas a la redacción? —Voy en camino, en cinco minutos estoy ahí. Traigo información nueva del caso de la viuda. —De eso quiero hablarte, te espero. La sonrisa de Adalberto contrastaba con el semblante seco y mal humorado de Manuel. Cuando Manuel se enojaba no arrancaba a gritos contra nadie, pero se volvía mucho más intolerante y perdía todo sentido del humor. Beto lo leyó y evitó hacer bromas sobre la cruda de su jefe. Traía la botella de whisky literalmente a flor de piel, pues la transpiración olía a ese humor acre de exceso de alcohol que no se quita con jabón ni loción, y unas ojeras negras rodeando los ojos de un rojo vivo que pedían a gritos dormir. “Mapache al whisky”, pensó Beto, pero se lo guardó para mejor ocasión. —Buen día Beto. —Buen día jefe, mejor no te pregunto como dormiste, no vaya a ser que me contestes bien gracias y entonces sí te voy a perder toda credibilidad. Manolo hizo un ruido extraño, algo parecido a un gruñido, seguido por una mueca horrorosa que, con algo de imaginación, podía interpretarse como una risa cruda. No estaba de humor pero apreciaba la ironía periodística de Beto. Nada cuesta tanto trabajo como sonreír en medio de la cruda; los músculos de la cara no responden y los ojos son incapaces de expresar algo, de manera que uno no sabe si lo que está viendo en el interlocutor es una sonrisa cruda o una agrura. Como Manolo no recurrió a la botellita de Peptobismol que estaba sobre el escritorio Beto supo que efectivamente había sonreído. —Anoche estuve pensando en le caso de la Viuda Negra, dijo Manuel con voz de jefe. Creo que no lo estamos enfocando bien Beto. Hay cosas que no encajan, nos hemos centrado sólo en los asuntos de la policía y los forenses, le compramos entera la versión a las aseguradoras y no hemos hecho las preguntas correctas. —Como, por ejemplo, ¿dónde está el dinero? —Exacto... ¿quién te lo dijo? —Nadie, pero una de las cosas que descubrí ayer en Chapala es que hay más de uno que se hizo rico después del cobro de los seguros, y no necesariamente de la familia. —Mike no, eso me queda clarísimo, pero cuéntame qué encontraste. —Camelia Padilla era íntima del doctor Parra del Rosal, iba muy seguido a la clínica de Chula Vista y no en calidad de paciente. El doctor Parra ha cambiado radicalmente de vida, ahora se comporta como rico nuevo y coincide sospechosamente con la época en que murieron los dos maridos de la multiviuda. Hay un posible tercer cómplice, un comandante Sahagún, policía judicial de Zamora, Michoacán, según pude investigar, amigo de la hija de la viuda, que asistía también con regularidad a las reuniones en la clínica. Pero eso no es todo. Ambos personajes cambiaron de coche recientemente, el doctor trae un Ferrari, que en Chapala es tan notorio como andar en bikini en el Vaticano y el judicial una Pick Up nueva. Últimamente el doctor usa unos zapatos italiano carísimos y el judicial unas naquísimas pero costosísimas botas de piel de algún animal exótico de quién sabe donde. —¿Cómo sabes todo esto?¿quién es tu fuente? —Un bolero. —¡No me jodas Beto!, dijo Manolo irritado al tiempo que pegaba un brinco para levantarse de la silla: ¡Esto es serio!, ¿me entiendes? —Claro que te entiendo jefe, y lo que te digo es serio. Nadie sabe más lo que pasa en esa clínica que el bolero, que no tiene nada más que hacer que observar quién entra y quién sale. Nadie sabe más sobre quién se está haciendo rico que el bolero que ve de cerca los zapatos, los calcetines y los trajes. Si ustedes los reporteros de “notas serias” reportearan más a los choferes y menos a los secretarios de Estado se enterarían de más cosas. La información es seria y es confiable. Ya sabemos donde está el dinero que andas buscando. Lo que falta saber es saber cómo llegó ahí. —Eres un perro... qué más encontraste. —Platiqué con la enfermera que es ayudante y algo más del doctor Parra. A ella la contrataron para cuidar a Donald después de un extraño asalto en el que se metieron a su casa en Chapala, lo golpearon en la cabeza y no le robaron nada. Curiosamente en ese momento Camelia estaba en Guadalajara. Lo atendió el doctor Parra y luego María la enfermera lo cuidó en su casa. El robo no fue reportado a la policía. Donald salió de esa, pero tres meses después murió de un infarto. —Y tú piensas que el judicial estuvo involucrado en eso. ¿Quién es el comandante Sahagún? —Una fichita. Sigue adscrito como policía en Michoacán, pero lleva años que no se para por allá. Tiene aquí en Guadalajara un extraño negocio de celulares usados, maravilloso eufemismo para decir robados, y es medio novio de la hija de Camelia. ¿Tú lo conoces? —Ahora que lo dices, sí, claro que lo conozco, es Pancho, el medio novio de Luisa. El tipo es una bestia y sí, vende celulares robados y siempre anda armado. Así que es judicial. —Bueno ya sabemos más o menos por donde buscar el dinero. Pero eso no es todo. Lo más divertido del caso es que... Beto sacó un folder amarillo usado, viejo y todo manchado de comida y lo puso en la mesa. Se podía decir que aquella era una carpeta de mil batallas y Manolo sabía que ahí dentro siempre había documentos demoledores. La abrió con cuidado y comenzó a leer. Beto iba haciendo comentarios conforme calculaba que su jefe se iba enterando. —Tenemos otro cadáver; otro muerto sospechoso y otro seguro cobrado. Es la hermana de Camelia, Margarita Padilla que, curiosamente, muere justo entre Jack, el último marido y la propia viuda. —Esto está rarísimo. ¿De qué murió? —Ahí dice: muerte por paro cardio-respiratorio. Firma, Doctor Alfonso Parra del Rosal. —¿Monto el seguro? —Medio millón de dólares —¿Beneficiarios? —Camelia y su madre, doña Rosario Ortiz. —Déjamelo e investiga a Pancho Sahagún. Yo voy a pasar otra noche en casa de Mike. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones