Suplementos | Una novela de Diego Petersen, por entregas CAPÍTULO VIII Como Mosca en parabrisas PREVIAMENTE. En el ataúd donde se suponía tenía que estar el cadáver de la viuda de Lafitte no había nada. Beto Gómez, reportero de nota roja sigue el caso. Manuel, el director del periódico, no puede aceptar que la señora de la que se habla como un monstruo sea la misma que conoció. Gómez lleva al diario documentos clave Por: EL INFORMADOR 15 de abril de 2012 - 04:20 hs . / VIII GUADALAJARA, JALISCO (15/ABR/2012).- Cuando al fin apareció Beto, Manuel estaba hecho un manojo de nervios. Nunca mostraba enojo, solo sequedad y ansiedad. Beto lo notó de inmediato así que evitó hacer más bromas sobre el cadáver que había dejado en la cajuela de su coche. Puso los papeles sobre la mesa y fue separando uno a uno los seguros de doña Camelia y sus dos maridos. El de Donald, el de Jack y el de la viuda. Manuel tomó el plumón rosa que usaba para subrayar y comenzó a cotejar los tres seguros. Los tres habían sido vendidos por el mismo agente, Ricardo Humberto Sanchez Martín. Los tres eran por la misma cantidad: un millón de dólares. El de Donald había sido contratado 18 meses antes de su muerte; el de Jack 13 meses, y del de la viuda con 14 meses de antelación. Ninguno era pues un seguro viejo. En el caso de Jack era entendible, pues el matrimonio había durado escasos 15 meses. Con Donald en cambio había estado casada más de cinco años y el seguro lo compró solo 18 meses antes. Los beneficiarios del seguro eran Camelia Padilla en los dos primeros casos y Rosario Ortiz de Padilla, la madre de Camelia en el tercero. —¿Quien pone a su madre de 78 años como beneficiaria de un seguro?, preguntó Manuel. —Sólo quien piensa morirse pronto y a tiempo, contestó Beto. Donde la regaron es que, según me dijo Luis Ramírez, el abogado de Seguros Monterrey, es que en los casos de seguros de más de medio millón de dólares que se cobran antes de dos años de su contratación se pagan pero se investigan de oficio. Así cuando la señora cobró el segundo ya estaban el alerta roja. Cuando se muere ella con un seguro contratado hacía apenas 14 meses prendieron la alarma. —Ahora sí que se avorazaron los parientes, como decía el cura Navarrete. —Pero esto no es todo jefe, mira las actas de defunción. Beto extendió sobre la mesa las tres actas y Manuel procedió al mismo ritual de subrayar con rosa. En los tres casos el acta había sido levantada por el mismo médico, el Dr. Alfonso Parra del Rosal. Los tres habían muerto de lo mismo, paro cardio-respiratorio “de lo que se mueren todos los que no saben de que se murieron” comentó Beto. En las tres actas de defunción los testigos eran Rosario Ortiz de Padilla y Luisa Lafitte Padilla, madre e hija de la multiviuda. —Viejas cabras, comentó Manuel sorprendido. —El problema legal les pega a las tres y por supuesto al doctor Parra. La abuela es beneficiaria y testigo falso, al menos en el caso de la muerte entre comillas de la viuda de Lafitte. A la hija la pueden acusar de falsas declaraciones ante la autoridad y complicidad en fraude, y el médico pinta para bote y pérdida de cédula profesional. —¿Qué va a hacer el ministerio público? —Ya pidieron orden de aprensión contra Luisa, Rosario, Camelia y el doctor para empezar, pero podría haber más involucrados: el agente del seguros, el de la funeraria, el del panteón de Chapala. —¿Qué sabes del doctor Parra? —Nada. Se que tiene una clínica cerca de Chula Vista pero nada más. Mañana voy a Chapala a rastrearlo, tengo cuates allá que me pueden decir algo. —A ti los que te interesan son los que matan no los que salvan gente, no te hagas buey. —Por eso tengo tantos amigos médicos. —De cualquier forma pégatele a ese doctor. Ráscale todo. ¿dónde estudió, quiénes eran sus compañeros de generación, de quién es la clínica, dónde vive, cómo vive, si esta casado, es gay, cualquier cosa que nos ayude a conectarlo. —¿ Y Mikael y Wilson? —Contra Mikael no traen nada; él no firmó ningún papel. Wilson aparece como testigo en la funeraria y en el entierro, pero aún no han procedido legalmente, a los de la aseguradora él no les interesa. —Sácale copias a todo para que hagas la nota y déjame un juego para llevárselos a Mikael. Manuel se colgó del techo con la mirada. Abrió el cajón sacó la pachita con Whisky, la botella de Peptobismol y le dio un trago a cada una. Prendió un Camel y se lo fumó sin despegar la vista de la esquina del techo. No tenía claro cuál era el papel de su amigo Mike en todo esto. Esto era un negocio familiar y aparentemente lo habían dejado fuera. ¿Fuera del negocio; fuera de las responsabilidades penales? Odiaba estar en esa posición. Proteger a su amigo lo metía en una bronca consigo mismo como periodista. Darle la espalda en este momento era lo más cobarde que podía hacer. Este no era un dilema ético, lo sabía; los periodistas siempre saben qué hacer. Los dilemas éticos de los periodistas eran siempre postmortem, cuando el daño estaba hecho y entonces generaban una discusión para encontrar argumentos que les ayudara a justificar su actuación. Conocía a los de su especie: cuando la adrenalina le gana al asco; cuando el afán por tener la nota es mayor que las ganas de ver gente; cuando la vida es aquello que se escribe en blanco y negro y nada más, entonces te ha picado la mosca de redacción. Es una enfermedad incurable y progresiva pero que no lleva a la muerte como las que anuncia la secretaría de salud: la mosca de redacción lleva al cinismo, la desesperanza y la soledad. Los periodistas se mueren de incomunicación. No había pues dilema ético alguno. Lo único que Manuel tenía que decidir es si se involucraba en la bronca de su amigo Mike o usaba la ética como excusa para no meterse en problemas, para safarse de dolores de cabeza seguros. La respuesta, como casi siempre en estos casos, entró por la garganta. El último trago de whisky Etiqueta Negra que tenía en su pachita le aclaró la mente. —Martha, gritó, antes de que te vayas échale un grito a Mike. Dile que me espere, que voy a su casa. Continuará... Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones