Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | Podríamos escribir libros enteros acerca de los atributos del amor de Jesús

Como Él nos amó

El distintivo primordial del cristianismo es precisamente el amor

Por: EL INFORMADOR

Estamos celebrando en estos días la victoria del amor, del verdadero amor, del amor que fue capaz de llegar al extremo de dar la vida sin esperar nada a cambio; y no solamente porque se hizo presente la muerte física, sino primordialmente porque Jesucristo, quien es el amor de Dios, murió a sí  mismo, para dejarnos el ejemplo, renunciando a todo: a su voluntad; a su fascinante y atrayente personalidad, por la que muchos se sentían impulsados a buscarlo, a querer conocerlo y a seguirlo; a su popularidad; y hasta a su propia divinidad, la cual conllevaba consigo todo el poder, como Dios que era. Bien lo afirma San Pablo en su carta a los Filipenses, 2, 6-7: “Él compartía la naturaleza divina, y no consideraba indebida la igualdad con Dios; sin embargo se redujo a nada, tomando la condición de siervo,”

Pues bien, ese amor que lo llevó a tal --humanamente inexplicable-- extremo de renuncia y muerte, fue el amor que lo resucitó triunfante, y no solamente sobre dicha muerte, sino también, y en nuestro lugar, sobre el pecado y su esclavitud.

El distintivo primordial del cristianismo es precisamente el amor. Jesús así lo afirmó  cuando le preguntó aquel fariseo, que cuál era el mandamiento más importante de la ley, respondiéndole: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas”.(Mt 22, 37-40). Y no quedó  ahí, porque ya cuando estaba en vísperas de ser entregado para vivir su pasión, en el acto más sublime, tierno y maravilloso de amor, “Jesús -dice el Evangelio-, que había amado a los suyos, que estaban en el mundo, llevó su amor hasta el final...”, y realiza ese inconmensurable --y también incomprensible para los que no tienen fe-- acto de amor total, lavándoles los pies a sus discípulos, y acto seguido promulga el nuevo mandamiento; ya no era suficiente amar al prójimo como a sí  mismo, sino que habríamos de amarlo como Él nos amó. Esa es la gran diferencia y es a la vez el fundamento de nuestra fe y la llave que abre todas las puertas, particularmente las del cielo, las de la gloria eterna: Amar como Él nos amó.

Y, ¿cómo nos amó? Podríamos escribir libros enteros acerca de los atributos del amor de Jesús. Hoy centramos nuestra atención solamente en tres: Con amor incondicional, con amor infinito y con amor misericordioso.

Jesús, al aceptar venir a este mundo y encarnarse para ser como cualquier hombre --en todo, menos en el pecado--, no le puso condiciones a su Padre, eso es obvio, pero tampoco puso condiciones a los hombres; es decir, no esperó  de antemano correspondencia  para amarnos hasta el extremo.

Jesús, como Dios que era, no podría amar de otra manera que infinitamente, o sea con un amor que no acaba nunca, a pesar de las traiciones, de los rechazos, de su ignominiosa muerte.

Jesús, finalmente, al experimentar en carne propia la miseria del ser humano, nos ofrece el amor de su corazón, pues éste está muy cerca de dicha miseria, la entiende, la comprende, se compadece de ella y perdona los pecados que ella provoca.

Pues bien, Jesús, aún sin poner condiciones, sí espera, por ese amor del que hemos considerado, una respuesta de amor. Aquel que sepa darla tal y como Él nos enseñó, y no desde una perspectiva egoísta,  entrará en ese círculo maravilloso que es la relación íntima y amorosa con Él, en la que,  dejándose amar por Él, aprenderá a amarlo y lo llevará  finalmente a recibir la herencia por Él ganada por su muerte, su resurrección y su glorificación.

El Evangelio de hoy, el cual nos narra una de las apariciones de Jesús a sus discípulos, después de resucitado, señala que “Jesús les abrió el entendimiento, para que entendieran las Escrituras”. Pidámosle al Señor que abra no sólo nuestro entendimiento para entender lo que es el verdadero amor, sino que también abra nuestro corazón para experimentarlo, dejándonos amar, y vivirlo, insistimos, como Él lo vivió. De cualquier otra forma, sería puro egoísmo.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

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