Martes, 14 de Octubre 2025
Suplementos | ¡“Selam-Elveda”, Guadalajara!

Ciudad, a través de una mirada turca

La primera pregunta que le hicieron en el consulado mexicano de la ciudad de Vancouver fue: “¿Y por qué a México?”

Por: EL INFORMADOR

texto y foto:
carlos gonzález martínez


La primera pregunta que le hicieron en el consulado mexicano de la ciudad de Vancouver fue: “¿Y por qué a México?”. Y aunque resulta una cuestión rutinaria cuando alguien solicita una visa de turista para viajar a un país extranjero, ésta última fue emitida por un interés más curioso. Al cónsul le intrigó el deseo de Deniz, una chica turca estudiante del idioma inglés en Canadá, de conocer una cultura que desde la antigua tierra de Constantinopla y escenario idílico del ex imperio otomano, se ve tan distante y ajena. “Me gusta lo diferente”, afirma Deniz mientras enciende un cigarro. Cuando termina de exhalar el humo, complementa con una sonrisa: “(El oficial) me miraba sonriente, como si le pareciera raro que una chica musulmana estudiante en Canadá, de 25 años, con un nivel medio de inglés y sin hablar español quisiera ir sola a un país tan grande, tan católico, diferente y popular ahora por sus problemas con el narcotráfico y los secuestros, me dio risa, pensé en mi país y sus fronteras con Georgia, Irán, Iraq y Siria ¡todos en guerra! (...) Yo sólo lo miraba y honestamente con sus palabras me imaginé en un principio a un país gris, pero muy al contrario, descubrí uno lleno de color”.

Luego de pagar 36 dólares canadienses por su visa mexicana y explicar que llegaría con un amigo en la ciudad de Guadalajara, Deniz Tarhan se puso en marcha con maleta en mano. Banderas tricolor, música de mariachi y un aeropuerto casi vacío la recibieron justo el día 15 de septiembre. Y como dicen, la primera impresión jamás se olvida: “La gente podría pasar como turca, sus caras son muy similares, es casi el mismo fenotipo aunque hay una gran diferencia en la actitud, los mexicanos sonríen mucho y son extremadamente amables, honestamente los turcos somos mayoritariamente rudos”, relata sin haber tenido un referente anterior sobre México y su cultura. Pero la sorpresa vendría hasta la noche, en el festejo del Grito de Independencia, justo en Tequila. “Fuimos al pueblo donde se hace el tequila (...) en mi país es una bebida costosa, no hay muchas opciones y las que puedes comprar cuestan alrededor de 50 dólares. Sólo un público selecto las bebe porque tiene un sabor fuerte y cualquiera se embriaga de inmediato. Los demás preferimos el ‘raki’, nuestro ‘tequila’ en Turquía, por así decirlo”.

Se trata de una bebida alcohólica transparente, equiparable a un anís o chinchón, que se sirve en vasos medianos cilíndricos y al mezclarse con agua se vuelve de un blanco similar al pulque. Al igual que el tequila, según relata Deniz, el raki se bebe en comidas y fiestas con amigos y familia mientras se disfruta, por ejemplo, de un döner kebab; algo así como carne al pastor colocada en su respectivo trompito para los mexicanos. Fue fácil para ella adaptarse a parte de la comida mexicana y no extrañar la de casa: carne asada de vaca o chivo en vez de kebabs, tortilla por pita, tequila en lugar de raki, café americano por café turco, un “¡salud!” por un “serefé”. Sólo extrañó el “ayran”, una bebida refrescante y ligeramente salada hecha a base de yogurt extremadamente diferente al tepache o tejuino, fortísimo en cuanto a sabor y digestión para Deniz. El cerdo, indispensable en tortas ahogadas y típico pozole, fue otro problema para ella. Aunque Deniz se considera una musulmana no practicante respeta ciertas ideologías de su religión y no consume puerco, algo así como un católico que no siempre asiste a misa los domingos pero que es fiel al ritual de miércoles de ceniza.

Justamente en Tequila, mientras la música de banda tocaba y la gente embriagada en botas y sombrero bailaba a brincos en la calle (todo ello insólito para los ojos de Tarhan), hubo un pasaje que le recordó a la vida cotidiana a su Estambul: una chica con algunas “copas de más” perdió el equilibrio y cayó al suelo rasgándose la falda; tres mujeres de alrededor de 50 años que encontraban a su lado la corrigieron a gritos en nombre de Dios, más tarde una pareja de novios discutía porque un hombre coqueteaba con la chica. “Creo que hay similitudes profundas como el machismo y los valores inspirados por Dios. Para los turcos fervientes yo paso como turista o como una ‘mujer pecadora’ porque no me cubro la cabeza y muestro mis pernas cuando uso shorts (...) Si algún día se me pasan las copas es mejor que nadie me vea y si alguien tiene preferencias sentimentales distintas, que lo haga en privado porque si no son violentados por ello, no tienen garantías de apoyo de parte del gobierno (...)”. Aunque Estambul es una ciudad moderna, industrial y destacada en Europa por su intensa vida nocturna, existe una gruesa comunidad musulmana conservadora que discrepa con la idea de pertenecer a la Unión Europea y sus costumbres. De los más de 10 millones de habitantes que viven en Estambul sólo 78 mil son cristianos.

Justamente, la semana pasada terminó para los turcos musulmanes el Ramadan, un ayuno diario para hombres y mujeres que comienza en el noveno mes lunar y concluye alrededor de 30 días después. “Mi hermana que es muy devota se sorprendió y me llamó la atención cuando vio mis fotos en el Facebook mientras bebía un ‘jarrito’ con tequila o tacos de lengua ¡es Ramadan!, me dijo”, cuenta Deniz ya con su cigarro consumido y con la misma sonrisa dibujada en su rostro. Hace una pausa y reflexiona: “Estambul está tan lejos que pocos turcos saben dónde se sitúa México en el mapa. Tíos, primos y amigos me preguntaban si estaba cerca de Brasil (risas); saben de este país por el tequila, el mariachi y recientemente por un tal Alejandro Fernández ¡ah! y por Speedy González que veía de niña en televisión con Bugs Bunny. Supongo que a muchos mexicanos les ocurre lo mismo y creen que somos árabes”. Sin quedarse con la duda, preguntó sobre Turquía a una chica que pasaba por la avenida Chapultepec, la respuesta de ella fue: “Es donde canta un árabe llamado Tarkan”. Sí, pero Tarkan es turco y canta y habla ese idioma.

Luego de una semana por Guadalajara que le hicieron probar un “bocadito” de la cultura mexicana, Deniz hace evidente el deseo de regresar cuando apenas está por abordar al avión que la llevará de regreso a su país. Quiere volver y conocer el sur de México, otro lugar contrastante e incluso para quienes son de Guadalajara. “Son 17 horas en avión de Guadalajara a Estambul, haciendo escala en México D.F. y Amsterdam, odio los aviones, me dan miedo”. Pero todo está bajo control, Deniz, como millones de turcos no salen a la calle sin su “nazar boncugu” -un amuleto de la suerte y protección-, perfecto contra lo que conocemos como “mal de ojo”.
Entonces dice “elveda”, adiós en turco. Todo está listo y a través de unos ojos azules un relato sobre casualidades, coincidencias y diferencias entre México y Turquía, está por relatarse.

Recuadro:
Amuleto contra la fatalidad
El “nazar boncugu” u “ojos azules” está hechos de tres cristales de colores diferentes que componen un ojo dilatado. Los hay en todos los tamaños y se venden por todo Turquía para ser colgados detrás de las puertas, ventanas, en formas de rosarios para el cristal retrovisor del coche, en llaveros e incluso imágenes para celular. En Guadalajara se pueden adquirir en tiendas esotéricas o de artesanías del mundo.

Tapatío

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