Suplementos | por: carlos gonzález martínez Ciudad: Fiebres y modas navideñas Rudolf anda en cuatro ruedas Por: EL INFORMADOR 16 de diciembre de 2008 - 10:12 hs Cuando el semáforo dio en rojo, desde una camioneta gris el grito de una mujer que aparentaba 40 años de edad se escuchó a pesar del bullicio y el tráfico en mera avenida Lázaro Cárdenas: “¡Oiga, oiga señor!…shhhttt… ¿cuánto cuestan los cuernos de “Rodolfo el reno” esos que se ponen en el carro?”. Feliciano, con ocho pares de ellos en los brazos y sujetando una bolsa llena de “narices” rojas corrió hacia el auto, porque a decir de él, “este trabajo hay que hacerlo rápido”. Antes incluso de hablarle del precio, el vendedor ya había introducido por la ventanilla de la señora un par de cuernos. “Cuestan 200 pesos ‘seño’, éstos sí le duran”. Tras la negativa de la mujer, el regateo comenzó concluyendo en una compra-venta de 125 pesos. Al encenderse la luz verde, fluyó un río de coches a moderada velocidad, una mayoría de ellos con cuernos y nariz puestas. Eran autos vestidos de “Rudolf”, el reno consentido de Santa Claus. Es la nueva moda navideña de la ciudad. “Los niños se nos quedan viendo” Los cuernos de reno que Feliciano y otros vendedores ambulantes ofrecen en algunos cruceros de Guadalajara están hechos de tela café, rellenos de esponja o algodón y van tejidos alrededor de una varilla de plástico de 45 centímetros de altura, cuya base tiene una especie de cuña que embona con el vidrio de las puertas de cualquier carro o camioneta. La presión del cristal con la moldura del automóvil mantiene a los cuernos fijos y erguidos; sumando un pompón rojo amarrado con hilo en el centro de la facia le dan al auto esa apariencia del famoso personaje navideño. “Los veo en todos lados, tanto, que ya me dieron ganas de comprarme unos (risas)”, exclama Marta, estudiante de Medicina y quien argumenta “odiar” las modas pero que “no por eso todas son espantosas”. Ella es de las que piensan que la Navidad es más un acto consumista que de reflexión. Pero no lo piensan así Luis y Graciela, recién casados por cierto, y en cuyos rostros no pueden ocultar complicidad. Van rumbo a Plaza Galerías, sobre su “coche-Rudolf” comiendo unas donas de chocolate. Les tocó un alto así que pueden platicar pues saben que el tráfico ahí es lento. “No negamos que la Navidad es sólo ‘comprar y comprar’, pero pues está en cada quien cambiar ese sentimiento o idea desde tu propia familia (…) nosotros compramos los cuernitos por simple diversión, porque estas fechas tienen que ser divertidas” afirma ella; él, un poco más serio, se anima: “Es que la Navidad es eso ¿no? olvidar un rato nuestros problemas y recordar que hay gente que nos quiere…, con los cuernitos no sabes cuántos niños se nos quedan viendo, así, con una sonrisota (…) es como hacerla de pequeños ‘Santas’ pero en vez de dar regalos, provocamos sonrisas”. Entra la competencia Esta reflexión parece tener un sentido abstracto para Feliciano. Para él “los cuernos” significan la posibilidad de comprarles o no juguetes y ropa a sus tres hijos. Por eso, dice, trata de ofrecerlos a un precio que le reditúen una buena ganancia previendo el regateo. Y es que la moda de traer el coche como Rudolf ha tenido para él y otros de sus colegas un doble efecto. Si bien las ventas comenzaron bien desde que circuló el producto, el furor ha motivado a nuevos vendedores ambulantes a tomar otras esquinas. De hecho, la mayoría de quienes comercian éstos u otros artículos en las avenidas transitadas están previamente organizados y repartidos pensando en no perjudicarse entre ellos. Aunado a esto, la moda “rodolfa” sólo ha tenido efecto en el sector conformado por la clase media alta de esta ciudad, según explican sus mismos vendedores. Las mayores ventas, dicen, se registran en colonias como Chapalita, Providencia, La Estancia o Colinas de San Javier, y quienes las hacen son principalmente jóvenes y padres de familia. “Pues son productos ridículos e innecesarios” expresa con burla Miguel Gutiérrez, profesor de Filosofía en preparatoria. “Yo ando todo el día en camión y no me sorprende la cantidad de coches con esos detalles, a la gente le gustan esas cosas, que hay quienes recibiendo un sueldo mínimo en sus trabajos, no les importa gastar un 15% de sus sueldo en una cosa totalmente frívola (…) Pero es uno de esos tantos efectos navideños, comprar cosas aunque sean inútiles con tal sentirse pertenecido, aunque veo que esto ya es una forma de expresión”. En Estados Unidos, donde esta moda impera desde hace tres años, los “cuernos” pueden conseguirse hasta en tres dólares en establecimientos donde se venden toneladas de productos chinos. Mientras que en el Distrito Federal, donde el uso del estos peluches se ha extendido de una manera más homogénea en los distintas delegaciones, como aquí, sus puntos de venta más funcionales han sido los cruceros. Sobre avenida Eulogio Parra una mujer baja de su camioneta con su hijo de seis años. Se dirigen al banco. Los cuernos y nariz de Rudolf que lleva puesto su auto son distintas: son extremadamente grandes con brillantina, flores de noche buena de plástico y escarcha, la nariz es una especie de charola roja gigante de plástico que parece más de payaso. Es inevitable preguntarle dónde la adquirió. “Mi hermana es diseñadora y ella ya había visto esto en Estados Unidos el año pasado, se le ocurrió este año hacer los suyos a su estilo y nos los regaló a toda la familia para nuestros coches (…) Casualmente aquí se pusieron de moda, pero sí estos son muy llamativos, a mis hermanos les da ‘penita’ traerlos”, relata con una sonrisa. Lo cierto es que el alocado estilo marca una diferencia entre tantos iguales. Mientras tanto, Feliciano sigue en la esquina vendiendo las versiones que asegura “son las de mejor calidad”. Pasa de una avenida a otra como desde hace un mes. Piensa que el 24 y 25 de diciembre serán los dos últimos días de venta intensa y que posiblemente el próximo año volverán a estar de moda. Se hace tarde y el tráfico aumenta. Coches van y vienen, algunos de ellos con cuernos y narices rojas de reno. Otros más aprovechan el alto para adquirir las suyas. Se compran en la calle Los precios pueden variar, pero el paquete de cuernos y nariz cuestan aproximadamente 150 pesos. La idea es que el coche parezca Rodolfo el reno. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones