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Jueves, 14 de Diciembre 2017

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Suplementos | ¿Puede la ciencia decirnos algo sobre las leyendas del Panteón de Belén?

Ciencia y Día de Muertos

Desde mi muerte, Elías Nandino

A veces despertamos con una muerte a cuestas,Maternal, indolora, acariciante, Que nos obliga a caminar despacio Por miedo a caer Y nos sume en la nieblaDe un tenaz y voraz presentimiento.

Desde mi muerte, Elías Nandino

Los animales apareciendo muertos por la ciudad (“sin una gota de sangre”, se decía) tan pronto la noche había retirado su velo, no significaba sino un macabro antecedente a lo que venía; emergieron luego infantes compartiendo idénticas circunstancias. Se trataba de un vampiro, se decía, y ya fuera que se creyera esa fantástica historia o no, la aterrorizada población de esa antigua Guadalajara prefería permanecer bajo la luz del sol, o bien, quedarse sin atravesar el portal de sus casas pasado el atardecer. El drama siguiente es predecible para cualquiera gustando de las películas de monstruos: la turba enardecida buscando al asesino, el ser maligno finalmente emboscado y aniquilado -¿cómo no?- merced de una estaca. ¿Acaso Buffy lo habría hecho distinto?
Desde luego, cuando se mata a un monstruo sobrenatural, siempre queda la posibilidad de que este reviva de alguna manera. Por ello, se pusieron un conjunto de pesadas lápidas sobre su tumba, la cual –se dice- permanece en el Panteón de Belén. ¿Y cómo es que se sabe esto? Porque de la estaca nació un árbol atravesando las lápidas de la tumba del vampiro, el cual infaliblemente regresará, dice la leyenda, cuando la planta muera. ¡Esperemos no sea pronto!
“Se me hace curioso como, si te fijas, muchos de los monstruos de las películas de terror, por ejemplo Frankenstein, o drácula, la momia, cosas así, la característica que los une es que en realidad son muertos vivientes”, observa el maestro Gerardo Martínez, psicólogo por la Universidad de Guadalajara. “Es decir, una de las cosas más horrorosas que te puedes encontrar en la vida es algo que no muere”.
Había ido a buscar al experto intentando entender la proyección psicológica tras las leyendas del Panteón de Belén. Según lo observa, algunas son más claras para descifrar que otras, como es el caso del “Pirata avaro” (“¿Para qué vivir como pobre para morir rico?” dice él), o el niño abandonando la tumba por su miedo a la oscuridad:
“Quizás si algo te puede doler más de la muerte de alguien es que sea de alguien joven –que es toda una promesa-; supongo que el hecho de que piensan que sale, y sale y sale, es la onda de pensar que ojalá que no se hubiera muerto”.  
Muy probablemente la ciencia en efecto tiene menos qué decirnos de las leyendas del Panteón de Belén que sobre nuestra fascinación por estas historias.
Investigadores de universidades como la de Edinburgo han encontrado indicios de que nuestros sentidos pueden ser sugestionados no sólo por elementos obvios, como la luz u otros aspectos ambientales, sino también por campos magnéticos. Entrevistado por la BBC, el doctor Paul Stevens, de la unidad Koestler de parapsicología en esa Universidad, afirma que  “La correlación entre actividad fantasmal y variación magnética fue relativamente grande en los hallazgos de laboratorio sugiriendo un efecto medible en la fisiología humana”.  Y es que especialistas como el doctor Michael Persinger, de la Universidad Laurentian de Ontario, Canada, han sostenido por años que los campos magnéticos ejercidos en los lóbulos temporales del cerebro pueden producir diferentes tipos de sensaciones y visiones (no por nada se le ha llamado “el módulo divino”).
Parapsicólogos escépticos a los fantasmas, como Susan Blackmore de la Universidad de Bristol, han esperado detectar a estas entidades por décadas, sin conseguir observar el fenómeno.
“He dormido en cuartos embrujados donde nadie lo ha hecho por 50 años -me refirió cuando la entrevisté para EL INFORMADOR-. No soy muy fácil de asustar, porque ahora no creo que estas cosas vayan a venir por mí. He pasado largos ratos en pubs, en salas oscurecidas sin ninguna luz, nomás sentada ahí como diciendo ‘¡Fantasmita ven,  ven por mí!’ (ríe). Y desde luego no lo hicieron”.
“¿Por qué la gente puede pensar que puede haber fantasmas? -especula Gerardo-. Puedo suponer que es una proyección acerca de que si ellos están vivos después de la muerte, pues a lo mejor a mí me puede pasarlo mismo. Todas esas historias en el fondo es una onda de decir ‘ojalá no me muera’”.

Pero los muertos no siempre mueren del todo

“Al principio, cuando comenzamos a cambiar lo de Halloween, como que había cierta mutación, pero ahora cada vez más destacan lo nuestro, pienso que nuestra cultura va en aumento rescatando esa tradición que es más nuestra”, opina María Dolores Paz Gómez, quien es maestra en una escuela en Zapopan. “Sí siento, de parte de los muchachos, mucho interés. El año pasado se pusieron algunos muy interesados. Uno de ellos utilizaba puro material reciclado, y entonces utilizaron latas, botellas, pero estuvo muy vistoso”.
Por mi parte, planeo pasar este fin de octubre al lado de una fogata celebrando los días que mesoamericanos y celtas eligieron para despedir al año en un puñado de días donde la barrera entre lo sobrenatural y lo cotidiano no era en absoluto fija.

por: josé langarica


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