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Sábado, 17 de Noviembre 2018

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Suplementos | Cielo tapatío en noviembre

Ciencia

Tras meses de nubarrones, los cielos se abren permitiéndonos deleitarnos con un espectáculo celeste

Por: EL INFORMADOR

Pobre Andrómeda, ¿qué culpa tenía ella de la vanidad de su madre Casiopea? La mujer tuvo la osadía de nombrarse públicamente más bella que las hijas de un dios menor cercano a Poseidón, llamado Nereo-; sus bellas hijas, dicho sea de paso, eran conocidas como “nereidas”, y una luna del planeta Neptuno es conocida con ese nombre. Asistido por el dios de los mares, Nereo envió a las costas de África –aquello que los griegos llamaban “Etiopia”- a un terrible monstruo marino. Desesperado, el rey buscó el auxilio del oráculo de Ammón con la esperanza de encontrar feliz remedio a la amenaza. No se la pusieron fácil. Para librarse del monstruo no habría más remedio que encadenar a su hija a la costa de Jaffa: ¡Qué suerte que el heroico Perseo justo regresara por esos días, tras decapitar a la gorgona, para salvar el día! Con el tiempo Perseo se convertiría en esposo de Andrómeda: ¡Vaya primera cita!

Este drama y otros tantos se desempeñan sobre nuestras cabezas durante este mes de noviembre, con las constelaciones de Perseo, Andrómeda y Casiopea visibles paseándose por el cielo, reviviendo la mítica epopeya noche tras noche. Casiopea es particularmente fácil de reconocer por su forma de “M” invertida.

No cualquier mes del año

“Podría decirse que es la parte media de la estación de otoño, y esto genera una serie de ángulos de la radiación solar hacia la zona, y al mismo tiempo ocurre que en octubre y noviembre se consideran los meses más brillantes en la época de observación astronómica, básicamente porque ocurrió el lavado de la atmósfera provocado por las lluvias, lo cual libera mucha contaminación y por lo tanto existe menos dispersión de la luz por impacto de partículas en suspensión”, comenta nuestro buen amigo –y una referencia frecuente en estas páginas- el ingeniero Rubén Bautista del Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara.

Constelaciones

Y es que hay más que dramas griegos en los cielos. En uno de los brazos de la constelación de Andrómeda persiste el objeto más lejano del universo que podemos identificar a simple vista. El astrónomo francés Charles Messier de hecho lo encontraba irritante, y lo incluyó en un catálogo de objetos celestes con el objeto de advertir a sus colegas sobre tales estorbos. A la fecha es conocido como M31 (el objeto número 31 del catálogo Messier), una nebulosa representando a la galaxia más cercana a la nuestra, apostada a dos millones de años luz de nosotros. Brillando en una noche clara –casi de seguro visible fuera de la ciudad- su pálido y vaporoso color amarillo representa el fulgor de cientos de miles de millones de estrellas juntas.

Otra constelación visible en esta época del año es la de Pegaso. En la mitología griega, representa al caballo alado en el cual Perseo asistía a sus heroicas hazañas. Una de las galaxias satélite de nuestra Vía Láctea, llamada M15 (ya sabemos por qué), puede ser reconocida hacia esa dirección. Estos objetos, también conocidos como “cúmulos globulares”, suelen ser descritos como “enjambres” de estrellas de tan sólo unos cuantos de miles de soles brillando en un conjunto compacto.

Planetas

Hacia la media noche podrá reconocer al planeta Saturno, cerca de Leo, cuyos aros hicieron a pensar a Galileo –mientras aprendía cómo usar esa maldita cosa llamada “telescopio”- que se trataban de orejas; hoy sabemos que se trata de millones de témpanos de hielo flotando alrededor del mundo de gas. Es de hecho muy sencillo reconocer los anillos de ese mundo con unos simples binoculares. Hacia el Sur podrá verse el rojizo planeta Marte. Fue justo ese tono rojo lo que hizo pensar a los griegos en el color de la guerra, el color de la sangre, y en condiciones adecuadas pueden reconocerse cambios de color sobre su atmósfera debido a las frecuentes tormentas de polvo surcando la superficie de un lado a otro. El astrónomo estadounidense Percival Lowel atribuyó a tales cambios diferentes “estaciones” del año. En abosoluto desprovisto de imaginación, trazó extensos planos de “canales” cavados por apócrifos marcianos, tan sólo para ser definitivamente desmentido por la sonda Mariner 9 que visitara el planeta en 1971.

Las leónidas

Sin duda “las leónidas” es uno de los espectáculos más esperados del mes de noviembre, las cuales son conocidas así por hacerse visibles muy cerca de la constelación de Leo.
“Las leónidas se repiten dos veces al año”, explica el ingeniero Bautista. Se trata de un aluvión de estrellas fugaces, las cuales no son sino motas de polvo encandeciendo al entrar en la atmósfera, en la medida que la tierra barre los restos de un cometa llamado Temple-Turtle: “Es una especie de dona de basura. Sin embargo en noviembre resulta que el choque es más del lado central de esa dona, por lo tanto, son más espectaculares que las que ocurren seis meses después”, cuando también -recordemos-, la atmósfera de Guadalajara está enrarecida por el polvo del mes de mayo, los incendios de primavera, y la contaminación no lavada merced de las lluvias. Nuestra cercanía al equinoccio de primavera, finalmente, también resta visibilidad a las leónidas primaverales.
Aquellas de otoño harán su aparición entre el 14 y el 21 de noviembre, siendo el día 17 el pico. Los reconocerá como ráfagas luminosas pasando por el cielo en un pestañeo, con alrededor de 10 ó 12 meteoros de estos por hora. Si tiene la oportunidad de pasar esos días en un lugar como Tapalpa o Mazamitla, llevar su telescopio.


Fuentes de interés:
Foto astronómica del día
http://fadd.corank.com/
Space Calendar, con información pormenorizada de toda clase de eventos astronómicos
http://www2.jpl.nasa.gov/calendar/#0811
Space Weather: especializada en lluvias de estrellas y eventos solares
http://www.spaceweather.com/

por: josé langarica

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