Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Sábado, 21 de Abril 2018

Suplementos

Suplementos | Casas rústicas con huertas y corrales conforman El Cora

Cascada el Cora

El municipio de San Blas ostenta de una hermosa cascada, llamada “El Cora”.

Por: EL INFORMADOR

Nuestro regreso lo hicimos por Jalcocotán, por el gusto de recorrer otro camino y por la emoción de encontrarnos ante la cascada El Cora. Nos despedimos de la ensenada Los Cocos y nos dirigimos rumbo sur, a través de parcelas de palmeras, mangos, limones, plátanos y papayos. Poco antes de El Llano viramos a la izquierda, por el sendero a Jalcocotán. A un corto tramo nos desviamos a la derecha con dirección a Tecuitata, luego del referido poblado nos detuvimos a mirar el espectacular arroyo Piedras Negras, que viene del rumbo de La Libertad (bonita palabra), pasa cerca de El Cuarenteño y desemboca en el océano

Pacífico, a un costado de la punta El Caballo.

De el arroyo, el camino fue subiendo entre huertas, hasta llegar al poblado El Cora, nombre que evoca a los naturales de estas maravillosas tierras. Salvador

Gutiérrez Contreras citó: “Desde el año 1500 era Nayarit el rey de los coras, habitantes de la sierra y su caudillo que sostuvo enconadas guerras en las primeras décadas del siglo XVI, con Océlotl, el valiente tlatoani de los totorames que habitaban el señorío de Centicpac, con los guainamotecos a quienes los coras siempre consideraron como sus naturales enemigos y con otros vecinos, entre éstos las tribus de Chametla. Por estas luchas el Nayarit logró extender sus dominios por una parte hasta el mar y por otra hasta el Mazapil”.

Casas rústicas con huertas y corrales conforman El Cora, preguntamos por la cascada y un chamaco nos indicó una brecha, vimos el camposanto con tumbas sombreadas por retorcidos árboles. La brecha se termino a corta distancia y seguimos una vereda que nos condujo a un mirador, en donde apreciamos fabulosas cadenas de montañas, tapizadas por abundante y variada vegetación. Los pliegues serpenteaban con gracia y se perdían en fantásticas gargantas, una de ellas canturreaba agua, la vereda nos fue acercando a la garganta que manifestaba cánticos de agua, y entre unas peñas y unos árboles nos sorprendió la bella catarata. El arroyo enverdecía el fondo del cañón, contrastando con los follajes ocres, curveaba los pliegues de los cerros aledaños, que se entreveraban caprichosamente, luego hacía su preciosa  caída a una enorme fosa, un solo chorro ligaba a la fosa superior con la inferior, era un atractivo cordón plateado que bailaba en el agreste peñasco.

Bajamos al lecho del arroyo, y a pocos pasos admiramos con gozo la cascada, nos bañamos en su fosa y nos impregnamos de su sensacional vida. Radiábamos un rebosante animo al percibir la vibrante cascada.     

Temas

Lee También

Comentarios