Martes, 14 de Julio 2020
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Cascada El Salto

Una de las maravillas naturales que ofrece México se enmarca en una zona repleta de cuerpos de agua

Por: EL INFORMADOR

La vista que ofrece la cascada quita el aliento. EL INFORMADOR / V. García

La vista que ofrece la cascada quita el aliento. EL INFORMADOR / V. García

GUADALAJARA, JALISCO (04/ENE/2015).- Al Este del Cerro el Chivato y al costado Sur de la Central Hidroeléctrica Camilo Arriaga, el Río el Salto hace una encantadora caída, que fue denominada como, “El Salto”. Poco antes de la cascada, el río llena la presa de la Central, aprovechamiento hidroeléctrico ubicado a 400 metros sobre el nivel del mar, aguas zafiro que mueven dinámicamente turbinas, que trasmiten suficiente energía al generador, a través de gruesos cables.

La Central Hidroeléctrica fue bautizada, “Camilo Arriaga”, hijo de Benigno Arriaga, quien fuera sobrino de Ponciano Arriaga, sobresaliente abogado, Ministro de Justicia en el gobierno de Arista, fue desterrado por Santa Anna. En 1855, cuando se juntó el Congreso Constituyente, presidió la junta preparatoria y la Cámara, se le llamó, padre de la Constitución de 1857, cuando fungía como diputado, aliado de Benito Juárez. Para 1876, apoyó el plan de Tuxtepec, manifestado por Porfirio Díaz, contra la reelección de Sebastián Lerdo de tejada.

Camilo nació en la ciudad de San Luis Potosí, el 10 de noviembre de 1862, en 1880 ingresó a la Escuela Nacional de Ingeniería y para 1884, ya trabajaba en las minas de plata de su familia. En 1888 su padre era senador y Camilo, diputado local, dos años después era Diputado del Congreso Nacional, hasta 1898, año en que Díaz lo cesó, al igual que a otros diputados, por haber realizado una protesta anticlerical en el Congreso.

Al siguiente año, regresó a su terruño y fundó el Club Liberal Ponciano Arriaga, donde se ventilaban documentos socialistas y liberales. En 1901, el Club, emprendió el Primer Congreso Liberal, que tenía como objetivo eje la restructuración del Partido Liberal. Cuando los miembros del Club quisieron llevar a la práctica la filosofía socialista, no estuvo del todo de acuerdo. En 1908 fue encarcelado.

Se unió a Madero y apoyó el complot de Tacubaya (1911) y, fue puesto tras las rejas y liberado con los Tratados de Ciudad Juárez. Cuando Huerta tomó el poder, se refugió en Nueva Orleans. En 1920, fue nombrado Jefe del Departamento Forestal, de Caza y Pesca. En 1945 murió en la capital.

Después de habernos deleitado de la Cascada el Meco, al subir del fantástico mirador, vimos un restaurante aledaño, conformado por un agradable tejaban que se asomaba al espectáculo natural, donde unos comensales admiraban aquel paraje.

Seguimos rumbo Norte, con dirección a Santa Laura, en La Ceiba, nos desviamos a la izquierda por el camino a la Hidroeléctrica y a corta distancia nos encontrábamos frente a su entrada, donde un camino de tierra nos invitó a seguirlo, para acercarnos a la Cascada el Salto. Al bajarnos del coche, un mágico sonido de agua empezamos a escuchar, al avanzar por una vereda la melodía se fue enfatizando y al terminar un recodo la hermosa cascada se dejó ver. Nos quedamos absortos ante su belleza.

Varios chorros plateados caían al vacio con gracia, unos nueve, los primeros acariciaban unas piedras cercanas a la fosa y los últimos, más gruesos, salpicaban en la fosa, se estiman unos 57 metros de altura, la pared casi a plomo, lisa en unas partes, sobre todo la superior y, carcomida el resto, dominando la parte inferior derecha.

De la primera fosa, la maravillosa agua azul turquesa, se deslizaba sigilosamente para llenar seis insólitas pozas circulares, que parecían bocas de cráteres, sus bordos salientes se reflejaban en los espejos azules, expresando sus preciosas formas y texturas. Las aguas azules luego alimentaban dos enormes tinajas, que comprendían el extenso ancho del río. Abundante y variada vegetación cubría las veras, los follajes orilleros se miraban en la fantástica agua azul.

En el estiaje la pared rocosa queda seca y triste, pues no rebosa la presa. Existen postales centenarias de El Salto, con la cascada reflejada en la última fosa grande, reflejos que aún vibran. Abanicos suspendidos en expresivas formas, torrentes que llenan pozas circulares, anillos de zafiro que embellecen el paisaje.

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