Suplementos | El inmueble que habitó el poeta es uno de los atractivos de Jerez Casa Museo López Velarde El inmueble que habitó el poeta es uno de los atractivos de Jerez Por: EL INFORMADOR 29 de septiembre de 2013 - 02:12 hs GUADALAJARA, JALISCO (29/SEP/2013).- En Jerez, el de Zacatecas, la calle de la Parroquia escuchó los arrullos de María Trinidad Berumen, su bebé había nacido por la mañana del 15 de junio de 1888, el 21 de aquel mes fue llevado a la pila bautismal de la Parroquia, recibiendo los nombres de José Ramón Modesto López Berumen, pero posteriormente tomó el apelativo de su padre, el licenciado José Guadalupe. Sus hermanos se llamaban: Jesús, el doctor Trinidad, María Guadalupe, Pascual, Guillermo e Inocencio, el religioso. El sensible escritor creció en el sosegado poblado de canteras, salpicado por fragantes huertas, jardines sombríos, un animado arroyo y una alameda con diversos trinos. Entre semana subía contento los peldaños de la Escuela de la Torre. Cuando tenía siete años el licenciado se trasladó con su familia a Aguascalientes con objeto de progresar. Ramón, al concluir su primaria, pasó al Seminario de Aguascalientes, enseguida al Instituto Científico y Literario del Estado. Terminando la preparatoria en 1908, se fue junto con su hermano Jesús a San Luis Potosí, para iniciar la carrera de leyes, luego de un año de estudio, falleció su adorado padre. Los libros le despertaron la pasión por las letras, optando por empujar la pluma, “cantares del amor desgranaría”. Defendió al líder anti releccionista. El Plan de San Luis germinó en el Instituto donde estudiaba, él y Pedro de los Santos le dieron forma literaria. Para 1912, radicaba en la Ciudad de México. De la Parroquia, caminamos por su calle de bonitas moradas, nos detuvimos en la #33, edad en que el poeta percibió su último amanecer. Casa azul pastel con guardapolvo rojo óxido, cuatro vanos similares se asoman a la calle, con marco de cantera gris; los dos primeros, ventanas con forja, le sigue la puerta y después otra ventana. Ventanas que miran a la que fuera el hogar de Fuentesanta, “Ventanas que rondé, en la alborada de mis mocedades, rejas dignas de célebres idilios, rejas de mi noviazgo adolecente, que yo os mire de nuevo. ¡Oh ventanas, abiertas al oriente!”. Entre la segunda ventana y la puerta un letrero reza: “Casa Museo Ramón López Velarde, la Universidad Nacional de México le dedica este homenaje, 1941”. Hay dos bancas de madera y fierro, aledañas a la puerta. Entramos emocionados al bizarro zaguán que liga con un corredor arqueado, y el patio que ostenta un busto del bardo, al costado del evocado pozo de agua. Nico se paró en unas huellas de la sala y su cabeza activó un sensor que comenzó una narración de los moradores de antaño. La sala afrancesada, una mecedora, fotografías de la familia Velarde, un reloj, un tocadiscos de cuerda y un piano, “los pianos que coadyuvan el ensueño de las humildes doncellas que llevan su hoguera de amor en el pecho”; La sala, “ella guarda el eco de los pasos de mi abuela, el fulgor de los cirios que velaron a más de tres cadáveres, tendidos en su centro”. Enseguida admiramos el comedor, “comedor solariego… Sería ingratitud no mencionar, también el clavijero negro y los clavos que servían para sostener, por la noche, las jaulas de los canarios y de las palomas habaneras. ¿Cómo dejar en el tintero la alacena que se hallaba al entrar, a mano izquierda?... Aquella alacena merecía un romance… Quedaba frente a la puerta del comedor el pozo, y en el brocal se iban alineando desde la madrugada jarros y vasos de leche”. La cocina con repisas empotradas, hornillas para carbón, zarzos y utilería añosa. El cuarto consagrado al poeta, con un escritorio de madera, donde posa una máquina Oliver, libros y una fotografía de sus amados padres. En el muro cuelga un reloj octagonal, “caen las horas, en un temblor sonoro que habla de otras vidas”, “Al vaivén del sillón. Noche de noviembre, novelesca y sutil… La claridad del quinqué se adormece en la recámara y mitiga los relieves de las personas y cosas, tornándolas irreales”. Temas Museos Pasaporte Poetas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Guadalajara: la ciudad que respira arte Pasaporte: la vocación de contar el mundo Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones