Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Por Adrián Castañeda

Carreras que aportan algo

'Cómo me agradaría que esas personas condujeran autos a los cuales las carreras automovilísticas no les hubieran aportado nada'

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO (27/AGO/2010).- Muchas veces me he topado con personas que creen que el automovilismo deportivo es, además de un deporte de niños ricos, algo aburrido en que se ve pasar con sobrada monotonía a un grupo de automóviles ruidosos.

Cómo me agradaría que esas personas condujeran autos a los cuales las carreras automovilísticas no les hubieran aportado nada. Por curiosidad: ¿Conoce el lector cuántas de las bondades que tiene su auto fueron creadas, probadas y desarrolladas en los autos de carreras, para luego integrarse a los autos de calle?. Haremos un breve recuento en el que no estarán todos los que son, pero sí serán todos los que están.

Si a nuestros bisabuelos los hubieran subido a un automóvil actual tras de bajarlos de la carreta, seguramente hubieran muerto de la impresión. Comprendamos que los primeros vehículos tenían la adaptación de la tecnología del auto de caballos (tracción a sangre, se le decía) integrándole la novedad del motor. Tanto así, que un tal Urías Smith diseñó un auto en aquellos primeros días (el Horsey Horseless de 1899) que tenía al frente una cabeza de caballo falsa, supuestamente para no espantar a los caballos que rebasaba. No se sabe mucho de este auto, existe la constancia de su patente, no se sabe si se construyó, si se vendió y, además, se desconoce la opinión de los caballos que pudieron haber sido engañados por este artefacto si es que se construyó, por supuesto.

Las primeras aportaciones que hizo el deporte motor a los autos de calle fue, por citar el más obvio, el espejo retrovisor. Este invento se atribuye a alguien llamado Ray Harroun en 1911. Ray fue el ganador de las 500 millas de Indianápolis 500 en un auto Marmon Wasp. El mismo Harroun luego diría que tomó la idea de algún otro inventor, pero lo importante es que lo aplicó a un auto y gracias a esto su manejo pudo ser más preciso. Hoy sería inconcebible conducir un auto que no tuviera retrovisores, aunque también es inconcebible constatar que hay gente que no los emplea, pero eso es por falta de cultura en el manejo más que nada.

La tracción delantera. ¿Sabe el lector que en el año de 1905 en la copa Vanderbilt un automóvil de tracción delantera acaparó la atención por su rendimiento? más todavía. ese auto llegó a imponer un récord de cuarto de milla en 8.57 segundos (107.53 millas/ hora o su equivalente de 173 kilómetros / hora). Esto, para una época en que mucha gente sostenía que el cuerpo humano se desintegraba al viajar a una velocidad mayor a los 30 kilómetros / hora es un logro significativo.

Desafortunadamente el inventor y constructor de este automóvil, el ingeniero John Walter Christie no tuvo un gran éxito de mercado, pero viendo lo que hacía, hubiera sido extraño que lo lograra; para empezar, su fórmula de tracción delantera no contempló semiejes que llevaran la potencia a las ruedas delanteras desde una caja de velocidades empleando uniones que permitieran la acción de la dirección y suspensión tal como lo hacen los autos de hoy en día. Para lograr un auto de tracción delantera y desoyendo los consejos de otros constructores, el terco Christie montó el motor sobre un eje rígido y el volante de dirección tenía que mover ruedas, motor, caja de velocidades y todo el peso que esto conllevaba cada vez que se tenía que girar hacia cualquier parte. Si hoy, con motores más ligeros y sistemas hidráulicos esto resultaría poco práctico, en aquellos días de motores gigantes, acero y hierro en cantidades aptas para los desconfiados, manejar este auto debió ser un ejercicio agotador.

Los frenos en las ruedas delanteras también es un invento probado en las pistas antes que en la calle. La marca inglesa Jaguar es pionera en este campo. Hoy, cuando se ha comprobado que el mayor porcentaje de frenado se traslada a las ruedas delanteras este invento salido de las pistas ha contribuido a salvar a miles de conductores en las calles, carreteras y caminos de todo el mundo.

Las ruedas anchas también se desarrollaron en las pistas. En los primeros años del automovilismo las ruedas eran angostas, bajo el principio de que las ruedas de carreta angostas eran más ligeras para mover que las ruedas anchas. También existía la creencia de que tendría mejor tracción una rueda que tuviera más peso que la aplastara contra el piso, de ahí que mientras que la rueda fuera angosta, se consideraba más segura. Para el automóvil, donde la rueda transmite la potencia del motor al suelo, la llanta ancha es más adecuada (hasta cierto límite). Tendría que demostrarse en las pistas de carreras este principio antes de llegar a los autos de calle. Hoy sería inconcebible alcanzar velocidades superiores a los 40 kilómetros / hora en autos equipados con ruedas tan angostas como las emplean hoy en día las bicicletas de montaña.

Las carreras de automóviles han entregado cada vez más novedades a los autos de calle: Si bien los frenos de disco y el dispositivo antibloqueo provienen de la aviación, su prueba en los autos correspondió a el campo deportivo primeramente. Aquí varias marcas se pelean la paternidad; más que echar leña al fuego, es preferible marcar lo realmente trascendente: los frenos de disco ganaron su lugar en el auto actual en base a una buena cantidad de bondades entre las que destacan: Su poder de frenado a pesar de la humedad, su menor peso, su mayor eficiencia a pesar de la temperatura, su simplicidad mecánica que facilita el mantenimiento entre otros. A cambio, los frenos de tambor permiten instalar el mecanismo de freno de mano con menores complicaciones mecánicas.

Los controles de tracción, la inyección de combustible (primero mecánica, luego electrónica), el encendido electrónico sin platinos, control electrónico de estabilidad, motores y transmisiones computarizados... muchos elementos más podrían mencionarse.

El automóvil, actual es más cómodo, seguro, confiable y durable que los autos del pasado, sin embargo, para quien desea que el auto sea atractivo, queda la frase del gran Enzo Ferrari. “Si una máquina funciona bien, es bella”. Con autos que en sus carrocería tienen también una gran herencia de el desarrollo aerodinámico logrado en las carreras, esta frase hoy es más cierta que nunca.

Pero una palabra de prudencia: no por traer un auto descendiente de pura sangre, el conductor tendrá  mejor juicio, mejores reflejos o más capacidades. Uno de los más memorables campeones de F1 es Alain Prost, y este señor siempre demostró que ser prudente en la pista genera magníficos dividendos. En la calle este principio tiene mayor aplicación.

Adrián Castañeda

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