Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Yogyakarta, Indonesia

Camino al nirvana

Del otro lado del mundo se reúnen los animales, los hombres libres de sufrimiento y los dioses: una rica visión del universo

Por: SUN

La espiritualidad y la naturaleza se encuentran. EL UNIVERSAL  /

La espiritualidad y la naturaleza se encuentran. EL UNIVERSAL /

YOGYAKARTA, INDONESIA (11/MAR/2012).- Indonesia es el archipiélago más grande –lo integran más de 17 mil islas– y el cuarto país más habitado del mundo. En Java se concentra 57% del total de la población. En todo el territorio circulan más de 50 millones de motos. En la capital, Yakarta, el tráfico es más abrumador que una estampida de bestias o que un día de quincena en la Ciudad de México (sí, hay peores). La ausencia de semáforos en varias esquinas obliga a torear los vehículos o a esperarse varios minutos para animarse a cruzar.

Indonesia, en el Cinturón de Fuego del Pacífico, también concentra la mayor cantidad de volcanes activos de la tierra, al menos unos 130.

A 30 kilómetros de Yogyakarta, capital cultural de la isla de Java, se alza el Merapi, uno de los volcanes más letales del planeta que ha matado a miles. En 2010, sus nubes piroclásticas alcanzaron una temperatura infernal de 700° C, también provocó un terremoto y un tsunami.

Dos días de vuelos y 25 segundos de turbulencia. Un vasito de vino para los nervios. Una cerveza, un whisky, más tres películas para dormir. Piernas hinchadas. El whisky y las películas no ayudaron.

Ocho de la noche: aterrizaje en Yakarta. Vuelvo a volar mañana a las siete, rumbo a la ciudad de Yogyakarta, “Yogya”, para los locales.

Una latitud nueva. El otro lado del mundo. Doce horas de diferencia: mientras en la delegación Cuauhtémoc hay marchas, en Asia estoy a punto de irme a dormir sin creer que estoy en un pedacito de tierra entre el mar de Java y el océano Índico.

Laberinto hacia la liberación

Por el momento, el Merapi está reposando. La carretera estrecha y curvilínea, escondida entre palmeras y platanares, enseña una postal oriental: los campos de arroz –espejos de agua a los que les crecen matas espigadas de un verde brillante– y al campesino puesto en cuclillas, cubriéndose la cabeza con un caping, el sombrero tradicional en forma de cono (el nón lá vietnamita).

A 40 kilómetros de Yogya, en la llanura sagrada de Kedu, no ruge más el mar de motonetas, responsables de 82% del caos vial urbano. Quinientos cuatro budas en posición de loto me contagian su serenidad. Me despabilan el jet-lag y me emocionan.

He llegado a Borobudur, el templo budista más grande del mundo: casi mil 200 años sobreviviendo a erupciones volcánicas, terremotos, bombas, saqueos y al Islam. Indonesia es el país con más musulmanes, pero son sorprendentemente abiertos.

Visto desde el cielo, Borobudur es un mándala gigante, el Cosmos en medio de una alfombra verde. Me lo cuenta Emanuel que ha leído mucho, un guía sonriente y amable.

En la recepción, los visitantes se sirven “gratis” té de jazmín, antes de emprender la caminata al santuario de peregrinación. El uso del sarong, un tipo de pareo, con fondo amarillo y estampados de batik, es obligatorio para extranjeros y locales. Al portarlo muestran su respeto a la cultura. Los sarongs se prestan en la entrada.

Si existen varios caminos a la liberación espiritual, yo me iría por el de Candi Borobudur, cimentado sobre una loma, entre jungla y volcanes, como el Merapi, a 28 kilómetros de distancia. Candi no significa dulce, sino templo, en bahasa indonesio.

El recorrido se transforma en un ritual que surte mejor efecto al amanecer, pues el calor no sofoca y hay menos turistas, lo que se traduce en mayor intimidad y mejores fotos. Los viajeros se pierden de la esencia de las cosas porque quieren conservarlo todo en una tarjeta de memoria; conviene guardar la cámara un rato y entregarse a la “montaña cósmica”.

Borobudur es un santuario de peregrinación que plasma los tres estados de la mente; también es un camino de conocimiento hacia el Nirvana, el nivel supremo de armonía y paz plena, llegan quienes han logrado la liberación del sufrimiento, del ego y los deseos, y no andan chillando a donde van, las mismas penas de todas sus vidas.

Kamadhatu es la esfera más baja, la del deseo y el karma; la segunda se llama Rupadhatu, la de la realidad y, la más elevada, Arupadhatu, la de la espiritualidad o esfera sin forma.

El camino es ascendente, por un laberinto en espiral de cinco terrazas cuadrangulares y tres circulares.

Casi todo el nivel del deseo está oculto en la base. En éste y en las terrazas cuadrangulares, el peregrino encontrará relieves esculpidos en los muros. Los primeros representan escenas y personajes de la vida cotidiana: las buenas y malas acciones; bailarinas de senos frondosos y nobles.

En las terrazas, los relieves cuentan la vida de Buda, principalmente. Este mismo nivel está habitado por cientos de budas de sonrisa serena, dentro de nichos. Cada una de las 432 estatuas –con su tocado de rizos y ushnisha en la coronilla– muestra un mudra o posición de las manos que alude al razonamiento, la caridad o la ausencia del miedo, por ejemplo. Los relieves suman 2.5 kilómetros de recorrido cósmico.

En el tercer nivel, integrado por tres terrazas circulares, se alzan las 72 famosas estupas acampanadas de Borobudur. A través de sus perforaciones se observan budas meditando. El final del camino remata con una estupa gigante y vacía por dentro, como centro del Universo.

El templo lo mandó edificar un soberano de la dinastía Sailendra del antiguo reino de Mataram, durante el siglo IX. En el año 1100 fue abandonado, tal vez por la llegada del Islam o por erupciones volcánicas. Mil años permaneció atrapado por la vegetación y las cenizas. A la salida intento escapar de una vendedora; 200 metros le bastan para seducirme con hermosas máscaras.

POR NIVELES
Estructura de los templos


En el hinduismo la estructura de los templos se divide en tres secciones: en la más baja conviven el deseo, los animales y los hombres; en el reino medio habitan los hombres desprendidos de sus posesiones, y en la tercera habitan los dioses.

GUÍA  DE VIAJE
Quién te guía

Emanuel Dwi Riyastanto es un guía muy profesional y paciente. Con él puedes negociar tiempos de visita e itinerarios. Además te lleva a las mejores casas de cambio. Contáctalo a través del correo electrónico emanuelyogya@yahoo.com. Más información en www.borobudurpark.co.id para visitar templos conocer costos y horarios.

Dónde dormir


The Cangkringan, un resort boutique. Muy buena relación precio-calidad. Habitación por noche, para dos personas: mil 122 pesos. A 20 minutos de Malioboro, en el centro de Yogya. www.cangkringan.com

Quién te lleva

American Airlines (código compartido con Cathay Pacific) es una de las aerolíneas más económicas para volar a Jakarta, con un par de conexiones incluidas. Desde mil 500 dólares, aproximadamente, el viaje redondo. La desventaja es que necesitas visa estadounidense. Buscador sugerido: www.kayak.com

Se obtiene al llegar


Costo: 25 dólares. Vigencia de 30 días. Puedes tramitarla en el aeropuerto de Yakarta. También en la Embajada de Indonesia en México, pero es más costosa. Tel. (0155) 5280 5748.

MONEDA
La rupia

Un peso equivale a 677 rupias.

Clima

Siempre hace calor
Si quieres evitar las lluvias, la temporada seca es de mayo a octubre.

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