Viernes, 10 de Octubre 2025
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Bora Bora

La estancia en este atolón brinda placeres exóticos e inigualables

Por: EL INFORMADOR

BELLEZA. Bora Bora, un deleite para los sentidos.  /

BELLEZA. Bora Bora, un deleite para los sentidos. /

GUADALAJARA, JALISCO (30/DIC/2012).- Al noreste de Tahaa y al sur de Tupai se localiza una pequeña isla, pero maravillosa, llamada Bora Bora. Más que isla es un encantador atolón: “Isla madrepórica de forma más o menos circular, con una laguna interior que comunica con el mar por estrechos canales”. Otra definición nos dice: “Isla de forma anular, formada por arrecifes coralinos que rodea una laguna central”. Su extensión comprende 29 kilómetros cuadrados conformada por un volcán apagado, su cráter fue nombrado Otemanu y alcanza los 727 metros de altura. Desde la isla se pueden mirar las islas Raiatea, Maupiti y Tahaa. La fabulosa laguna de Bora Bora la abrazan las hermosas bahías Faanui, Hitiaa y Pauaie.

Hablando de atolones, un antropólogo noruego, Thor Heyerdahl, cuestionó que el origen de los polinesios fuera asiático y planteó la teoría de un origen americano, y en 1947, para demostrar la teoría, se realizó la expedición Kon-tiki, para ello se construyó una balsa como la hubieran hecho los antiguos quechuas, la cual se bautizó con el nombre de la expedición y zarpó el etnólogo con cinco compañeros del puerto El Callao, Perú, el 29 de abril de 1947, siendo impulsados por las corrientes y vientos de Humboldt. Ciento un días después llegaron al atolón de Raroia, de las Tuamotú, tras navegar seis mil 920 kilómetros. Un año después narró su gesta en El viaje de la Kon-tiki y en 1952, Indios de América en el Pacífico. También se rodó un filme documental.

Los polinesios han sido unos excelentes navegantes y para ello crearon magnificas canoas, capaces de efectuar largos trayectos contra corrientes y vientos. Cousteau diría: “Los polinesios habían sido en realidad los más intrépidos navegantes, no vacilando en atravesar cientos de millas de océano en frágiles piraguas con balancín”.

Se soltaron amarras del puerto Uturoa a las cinco de la tarde y el timonel dirigió el fantástico velero hacia la peculiar isla de Bora Bora, seguimos nuestro navegar por el hermoso triángulo polinesio, el velero blanco se deslizaba sigilosamente por las aguas turquesas, contrastando mágicamente en aquellas aguas. La Estrella del Viento fue el primer velero de la Windstar, que inició en 1986 contando 74 camarotes con vista al mar, con capacidad de 148 pasajeros en ocupación doble. Se le sumó Canción del Viento en 1987 y un año después Espíritu del Viento, creándose una nueva era de los cruceros de lujo, siendo pionera. Varios cautivadores islotes nos indicaron nuestra proximidad a la isla, espléndidos espacios embellecidos por blancas playas y exuberante vegetación, palmeras y casuarinas dominaban el verdor, sitios conocidos como motus. Atrás de los islotes se dejaba ver la encantadora isla con su bello picacho Otemanu.

Anclamos cerca de nuestro destino. A las seis de la tarde se abrió el casino para un black jack antes de la cena. A las 10, la orquesta animó una fiesta de disfraces. Soñamos con hermosas islas e islotes. A las ocho de la mañana del día siguiente, el Windsong entró por el atractivo paso Teavanui a la bella laguna de Bora Bora, de peculiar azul suave, azul pastel. Algunos iniciamos la mañana sobre un arrecife, buceando para admirar a un cardumen bastante estético, atributo que le permite hacer delicados y admirables movimientos, contemplamos todo un ballet acuático, se tiró carnada en las diáfanas aguas y fueron apareciendo súbitamente los bailarines, hermosos tiburones por doquier.

El almuerzo fue un delicioso asado en el hechizante Motu Tapu, antes y después del manjar fue percibir aquel bizarro sitio, lo caminamos, nos bañamos y nos pellizcamos, pues no era un sueño, era Motu Tapu. Por la tarde fuimos a andar por el poblado y contemplar los sensacionales hoteles, rústicos sobre pilotes, los cuartos van danzando con magia sobre la cautivadora laguna, cada hotel con su toque romántico, y cada cuarto con una pintoresca vista a la laguna, a los veleros, a las bahías, a la vegetación y a los montes con su picacho. El buceo libre es otro deleite que brinda la paradisiaca Bora Bora.

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