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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

Suplementos

Suplementos | 90 años del Museo Regional y los artistas del Centro Bohemio

Artes plásticas

por: jose luis meza inda

Por: EL INFORMADOR

Durante los años de degollinas, ajustes de cuentas, asonadas, alevosías y demás episodios gloriosos que conformaron la Revolución Mexicana, cuyas repercusiones en la capital de la República involucraron desde luego a los cultivadores de las artes y letras, muchos de los cuales pondrían sus plumas o pinceles, con mayor o menor fortuna, al servicio de las presuntas “causas” sociales y proletarias, así como de las ambiciosas luchas por el poder; los jaliscienses, en términos generales, supieron mantenerse al margen y en paz.

Y siendo así las cosas en este que sería llamado “Gallinero de la República”, la intelectualidad tapatía durante aquellos fragorosos albores del siglo XX, floreció apaciblemente y se dio tiempo para generar abundantes frutos, sobresaliendo entre todos, los producidos por un célebre grupo de pintores, caricaturistas, escultores, fotógrafos, historiadores, músicos, narradores y poetas, que se cobijaron bajo el nombre de Centro Bohemio, y que particularmente, en el campo de cultivo de las artes plásticas, vendrían a ser como un punto de ruptura entre la tradición artística imperante hasta entonces y las nuevas manifestaciones del modernismo que comenzaban a imperar entonces, ya que algunos de estos bohemios habían podido inclusive empaparse de manera directa, durante su estancia en países del extranjero, de algunos novedosos lenguajes artísticos, que luego vinieron a practicar y difundir aquí.

Así pues, con sus renovadas ideas y sorprendentes obras, dichos pintores dijeron adiós a las manifestaciones plásticas del academicismo decimonónico y lanzaron un clarinazo para que comenzaran a multiplicarse a partir de entonces, las “extravagancias” pictóricas que alcanzarían, en generaciones subsecuentes, sus puntos más culminantes a partir sobre todo de la segunda mitad del siglo XX.

Aquel grupo bohemio, que fue encabezado primigeniamente por el maestro José Guadalupe Zuno, Xavier Guerrero y Carlos Sthal, acabaría disolviéndose precisamente el año 1918, cuando se abrieron las puertas del actual Museo Regional del Estado por el famoso “hermano” Juan “Ixca” Farías y Álvarez del Castillo, en cuyos frescos corredores amueblados con autóctonos equipales, habrían de seguir acudiendo antiguos exbohemios, así como también inquietos contertulios de nuevo cuño, que esta vez se integrarían al no menos insigne Club del Ovoide.

Echando cuentas, veremos que esto aconteció precisamente hace 90 años, y por lo tanto, esos son los que en este mes ha querido celebrar nuestro singular Museo por ahora acéfalo, organizando, entre otros actos conmemorativos, una exposición pictórica con obras desempolvadas de su acerbo, para homenajear así a algunos miembros de aquel legendario Centro, obras que fueron seleccionadas por la mano expedita del célebre historiador del arte y especialista en investigaciones estéticas del Colegio de Jalisco, doctor Arturo Camacho, y que se encuentran actualmente puestas a la consideración del público de esa ciudad en la reinaugurada Sala “Ixca Farías”.

Esta exposición incluye una colección de retratos originalmente realizados por Amado de la Cueva, Carlos Orozco Romero, David Alfaro Siqueiros (bohemio per accidens); unos paisajes urbanos del propio “Ixca”, una obra figurativa de Javier Guerrero, un dibujo costumbrista y unas caricaturas del Maestro Zuno y del ya mencionado Orozco Romero; así como varias telas pintadas por José Luis Figueroa, quizás el más innovador e imaginativo de todos, quien supo apropiarse y experimentar con los audaces recursos plásticos en boga en aquellos años, como expresionismo, fauvismo, simbolismo, futurismo y otros ismos; aunque desde luego su solidez estética no fuera como para causar conmoción.

Esta última característica, a mi personal parecer, fue una impronta generalizada entre los miembros del Centro Bohemio, pues con excepción de Orozco Romero, Chucho Reyes y Mora Gálvez, que lograron relevancia y reconocimiento a nivel nacional, el resto, fue muy empeñoso y entusiasta sí, pero produjo solamente obras para consumo doméstico cuyos niveles cualitativos apenas les alcanzarían para lograr un sitial de modesta altura dentro del contexto de la Historia de la Pintura Jalisciense.

Aunque cabría señalar que esta calificación no puede ser achacada únicamente a los miembros de ese grupo, sino que ha sido siempre una constante que en toda época y en todo lugar suele determinar el desarrollo de estos menesteres, ya que obviamente, el don de la calidad creativa es un privilegio que se entrega a cuentagotas a unos cuantos privilegiados, en contraposición a la abundante cantidad de postulantes que sueñan con serlo.

Suele decirse, por ejemplo y con razón, que aquí en Jalisco, si se levanta una piedra se topa uno con un hervidero de “artistas”; nadie lo niega; sobre todo en estos tiempos donde cualquiera es llamado o se autodenomina “artista”, pero de ahí a que estos tales logren realmente trascender estéticamente y alcancen justificadamente relevancia nacional o internacional dista un abismo, pues la inmensa mayoría queda siempre relegada a hacer bulto, a instituirse en “glorias locales” y a no superar estratos que van desde una aurea mediocritas hasta lo verdaderamente esperpéntico.

Hoy que he tenido pues la oportunidad de ver las obras de esta exposición, que a lo largo de mi ya larga vida he podido observar que han sido expuestas a la dale y dale, puedo reafirmar lo antedicho: los mejores exponentes del arte pictórico jalisciense de principios del siglo pasado, los que tuvieron una dosis importante de talento y genialidad, como “Atl”, “Montenegro”, Orozco, no fueron miembros de esta agrupación bohemia, pero sí entraron con toda justicia a ocupar un nicho en la Historia del Arte Mexicano; mas los del Grupo, salvo las excepciones ya señaladas, (por encima de los valores históricos, testimoniales y de antigüedad que posee su obra) en su mayoría, como sin duda acontecerá con la pluralidad de los actuales, no lograron rebasar los estrechos límites de lo puramente parroquial.

Esto, insisto, en nada menoscaba el encanto de la muestra, pues incuestionablemente, para muchísimos visitantes del Museo habrá de resultar novedosa, llamativa y aleccionadora.

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