Jueves, 09 de Octubre 2025
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Arroyo el Rincón

Por la Sierra Manantlán, en una de sus encantadoras gargantas, nace un hermoso arroyo

Por: EL INFORMADOR

Distintivo. El arroyo comulga con la vegetación y ofrece un lugar para disfrutar. ESPECIAL /

Distintivo. El arroyo comulga con la vegetación y ofrece un lugar para disfrutar. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (23/JUN/2013).- Por la Sierra Manantlán, en una de sus encantadoras gargantas, nace un hermoso arroyo, que tomó parte del nombre de un poblado próximo a su lecho, Rincón de  la Nance, por su lado Norte corre el Arroyo el Nance, entre bonitos y aromáticos nances. Luego de haber admirado el casco de La Concepción, tomamos nuevamente la carretera a Autlán y a un corto tramo viramos a la derecha, rumbo a Cuautitlán. Enseguida de unos potreros con caña, entramos a Las Lagunillas de Macoaca para continuar por el camino a Tequesquitlán, camino real a Cihuatlán. Tequesquitlán significa, “lugar de tequezquite”, cosa empedernida o que se torna como costra, costra salitrosa, sales sódicas. Varias casas de antaño nos dieron la bienvenida al sosegado poblado, nos fuimos deteniendo a mirar algunas fincas: una morada blanca con vigas salientes del tapanco, con una ventana y una puerta arqueadas, ambas de cuatro hojas de madera, sobre una sencilla cornisa se asomaba el tejado; otra casa nos enseñó una bizarra ventana, arqueada, con cuatro hojas y de base azul pastel, también con vigas salientes y con una preciosa cornisa aparente, de ladrillo adobón, arriba, el tejado bien alineado; la fachada de una finca, consistía en tres puertas arqueadas, que por cierto estaban cerradas, la primera puerta de mayores dimensiones y de cuatro hojas, que abren al zaguán de la morada y las otras dos puertas con dos hojas, abren al espacio comercial, fincas de doble propósito. A unos pasos nos encontramos ante una edificación un tanto similar, pero más grande y catrina, lo mejor es que estaba abierta. Su fachada la conforman cuatro puertas y dos ventanas, todas, ligeramente arqueadas y con marcos en relieve y amarillos, al igual que la vistosa y saliente cornisa. Las tres primeras puertas tienen dos hojas cada una y abren al comercio, la cuarta puerta abre al hogar, dulce hogar, las dos ventanas con forja y cuatro hojas regulan la iluminación y ventilación de la sala, que por cierto las hojas superiores estaban abiertas de par en par. En una esquina ochavada, apreciamos un comercio, con tres puertas, una en cada calle y la central en la mera esquina, los muros beige y el guardapolvo y los marcos cafés, la bizarra cornisa, de ladrillo aparente y el tejado a dos aguas. Tuvimos curiosidad por conocer la hacienda que dio origen y nombre al poblado, pero no se dejó ninguna tapia de recuerdo, en los inicios del siglo pasado perteneció a Alberto G. Wilbur, siendo el administrador, el japonés, Yosokichi Kosonoy. Para 1936, ya se había conformado el poblado y su delegado era Ponciano Hernández y el comandante, Felipe Palacio, y pertenecía al Municipio de Cihuatlán.

Del poblado de añejas fincas nos dirigimos a Cuautitlán, después de Casas Blancas nos encontramos con el cautivador Arroyo el Rincón, para pronto nos bajamos del coche a contemplarlo, caminamos despacio por una vera, miramos la bella fosa que formaba, su espejo casi inmóvil, apenas ondulaba, unos sauces reflejaban su precioso follaje. Carrizos, estrellas, jarillas y salvias de brujo también mostraban su follaje en las orillas del encantador vaso. El arroyo continuaba su cantar entre un tupido sauzal, percibimos la fresca agua con los pies, mientras nos deleitábamos del pintoresco entorno, de aquel hechizante rincón, embellecido por sus sauces. Enseguida lo seguimos arroyo arriba, por el sendero a Charco Azul, donde nos regocijó con unas fantásticas fosas, delimitadas por sauces, fresnos, epazotes y berros, después lo acompañamos por el camino viejo a Cuzalapa, donde zigzagueaba alegremente entre pinos, que silbaban a su correr, acompañados por unos jilgueros. Luna B. Leopold y Kenneth S. Davis nos comentan: “El agua es la sangre vital de la industria, su materia prima más importante, un automóvil que sale de la línea de montaje representa el gasto de más de cien mil litros de agua… Cada cuatro litros de gasolina representa 266 de agua consumidos en su refinación”.      

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