Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | El Suroeste del Cerro Puentecillas, nace el cautivador Arroyo el Candado

Arroyo el Candado

En el Suroeste del Cerro Puentecillas, cerro de la sensacional Sierra Cacoma, nace el cautivador Arroyo el Candado

Por: EL INFORMADOR

Tesoro natural. El arroyo el Candado se encuentra al suroeste del Cerro Puentecillas. EL INFORMADOR / V. García

Tesoro natural. El arroyo el Candado se encuentra al suroeste del Cerro Puentecillas. EL INFORMADOR / V. García

GUADALAJARA, JALISCO (06/SEP/2015).- El Suroeste del Cerro Puentecillas, cerro de la sensacional Sierra Cacoma, nace el cautivador Arroyo el Candado. Luego de un pinar alegra a los moradores de Chilacayote (de “tzilacayutli”, calabaza blanca, planta cucurbitácea, de corteza lisa, que brinda deliciosas calabazas grandes, verdes con manchas blancas, fibrosa y jugosa a la vez, que sirve para hacer diversos dulces, entre ellos, “Cabello de Ángel”). Cuesta abajo se le juntan: La Manguita, Los Corrales y La Joya. Más adelante, desemboca en El Colorín, que bordea con gracia el boscoso Cerro las Tortugas, para luego engruesar el Río Santa Bárbara.

Mariano de la Bárcena escribió: “La hidrografía de un país es otro de los datos más importantes que es preciso conocer. Con razón han dicho biólogos muy respetables, que el bienestar y la riqueza de un país, están en relación con sus aguas. Y no solamente esa relación tiene que referirse a la cantidad y calidad de tan indispensable elemento de vida y de riqueza pública, sino a su distribución y a otras tantas circunstancias, que para cada localidad forman determinada especialidad, al grado de que, lo que en un país es una circunstancia favorable, es adversa o poco importante para otros. Por esto hay necesidad de conocer con toda perfección la hidrografía de una comarca; mas para llegar al grado de perfección que estudios de esta naturaleza requieren, es preciso caminar en orden progresivo, comenzando por el conocimiento de los rasgos hidrográficos generales y descender después a los detalles más minuciosos”.

Luego de admirar el Río Santa Bárbara, seguimos el camino a San Miguel de la Sierra, aledaño a Guapipinque. El sendero fue bordeando el Cerro las Tortugas, regalándonos parajes de coníferas, crestas de árboles,  bajaban con garbo a través de sus pliegues, de variadas formas, unas complejas y otras sencillas, pero ambas en armonía. Giramos en dirección Sur para ascender al Cerro Puentecillas, serpenteamos cerca de su cima, de más de 2 mil 200 metros de altura, al costado oeste canturreaba el Arroyo la Joya. La brecha fue descendiendo entre pinos y robles.

Un panteón nos anunció nuestra proximidad a un poblado, Chilacayote, que se fue asentando sobre un pliegue, un tanto plano, casas diseminadas alrededor de su capilla, fincas con techos a cuatro aguas, de lamina, sí fueran cubiertas por teja, su fisonomía cambiaría y el poblado cobraría atractivo y con ello tendrían más visitantes. Nos detuvimos en un estanquillo, anexo a la capilla, por unas bebidas, de donde miramos los cerros vecinos: Las Tortugas, Puentecillos y Las Cebollas. Enseguida continuamos nuestro grato paseo por la Sierra, rumbo a Las Tomposas. Al bajar el pliegue de Chilacayote, por su lado sur, fuimos sorprendidos por un arroyo que  zigzagueaba entre pinos, hongos y aceitillas, era El Candado, por su forma curva que hace de Las Tomposas a Chilacayote.

Tras animar un pinar, refrescaba unas manzanillas, con sus frutos tornándose amarillos o rojos, al llegar a una piedra formaba un cautivador abanico, que caía en una pequeña fosa, para dar un giro a escuadra y seguir por un lecho rocoso y llenar unas tinajas, delimitadas por piedras con musgo, al acercarnos, unas tortugas que tomaban Sol se tiraron al agua. De las tinajas, el caudal se escondía entre berros y zarzas. Nos sentamos sobre un prado, que gozaba de verdor y de margaritas, a gozar del paisaje del Arroyo y de su murmullo de rodar, de rodar suave por las lomas serranas.

El agua es el pincel de la vida y del color, el pincel de alegres horizontes, de diversas frondas, que dan cobijo a maravillosos animales. Los arroyos son formadores de gargantas, de pliegues y de ríos, que alimentan comarcas. Aguas que regulan la temperatura terráquea, que brindan una vital continuidad. Cuautla presume de su Río Santa Bárbara y de sus arroyos: Membrillo, Los Bueyes, San Bartolo, El Trigo, El Puente, Xocoyolpan, El Capulín, El Cotorro, Fresno Hueco, Los Espinos, Los Amoles y otros más.

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